El Parlamento venezolano avanza hacia la aprobación de una reforma petrolera con implicaciones profundas en la industria energética del país, marcando un quiebre claro respecto a las políticas estatistas que se instalaron en el régimen del fallecido Hugo Chávez.
El proyecto impulsado por la administración interina de Delcy Rodríguez busca abrir el sector a inversiones privadas y estímulos para capital extranjero, en una señal de cambio estratégico frente a la crisis económica que atraviesa la nación sudamericana y la urgente necesidad de revitalizar la producción energética.

Aunque todavía resta el paso final en la legislación, los detalles del borrador revelan que las modificaciones apuntan a eliminar restricciones que, durante décadas, limitaron la participación de capitales privados en el sector petrolero más lucrativo de América Latina.
El objetivo declarado por los impulsores de la reforma es claro: atraer a empresas privadas y extranjeras a invertir en exploración, producción y distribución, algo prácticamente inexistente bajo el modelo vigente.

La reforma representa un punto de inflexión histórico, porque desmonta el esquema de control casi absoluto que el Estado venezolano impuso sobre Petróleos de Venezuela (PDVSA) desde los gobiernos de Hugo Chávez y su sucesor, el dictador Nicolás Maduro, actualmente detenido en Nueva York.
Por otro lado, se “formaliza” el esquema Chevron, por lo que ya no solo el Estado tiene el control de toda la operatividad petrolera. La empresa estadounidense actualmente funciona bajo la Licencia 41 de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, esto implica la ejecución de actividades operativas, de producción, comercialización y exportación, aspectos que antes eran irregulares.

William Rodríguez, exdiputado, expresidente de la Subcomisión de Hidrocarburos de la Asamblea Nacional y chavista confeso, afirmó que “lo que hoy se presenta como una apertura necesaria no es más que el desmantelamiento del legado del comandante Hugo Chávez y el retorno a un modelo que creíamos superado”.
“No es una reforma soberana, es un desmontaje de la soberanía petrolera que conquistamos con Hugo Chávez”, enfatiza Rodríguez en un texto que compartió con El Tiempo.

Una de las sorpresas fue que la bancada de Libertad, a la que pertenece el antiguo líder opositor, Henrique Capriles, se abstuvo de votar en primera instancia por, supuestamente “no conocer el texto a profundidad”, sin embargo, el propio Capriles afirmó que la aprobación de la reforma sería un golpe “para la soberanía”.









