La muerte de la princesa Bajrakitiyabha, conocida como princesa Bha, marca el final de una figura que durante años fue considerada una de las mayores esperanzas de renovación para la monarquía tailandesa.

La hija mayor del rey Vajiralongkorn falleció a los 47 años después de permanecer en coma durante más de tres años a causa de un problema cardíaco, según informó la Casa Real de Tailandia.
Bajrakitiyabha se distinguió dentro de la familia real por una trayectoria poco habitual para una princesa. Formada en Tailandia, Reino Unido y Estados Unidos, obtuvo una licenciatura en Derecho en la Universidad de Cornell y desarrolló una carrera vinculada al servicio público.
Fue fiscal, diplomática y embajadora de Tailandia en Austria, además de desempeñar diversas funciones en organismos de las Naciones Unidas.

Su perfil combinaba la representación institucional propia de la realeza con una imagen de profesional preparada y cercana a los asuntos sociales. Entre las causas que impulsó se encontraba la defensa de los derechos de las mujeres y la mejora de las condiciones de las personas privadas de la libertad.
En una intervención ante estudiantes de Cornell en 2012, definió su identidad profesional como la de un “híbrido”, al considerar que reunía simultáneamente las facetas de fiscal, jurista y diplomática.

La princesa también mantenía una estrecha relación con su padre, el rey Vajiralongkorn. Un año antes de sufrir el problema de salud que la dejó en coma, fue nombrada para un cargo de alto rango dentro del comando de guardias personales del monarca.
Su hospitalización provocó una ola de muestras de apoyo en todo el país, donde miles de ciudadanos dejaron mensajes de buenos deseos para su recuperación.

Más allá de la pérdida personal para la familia real, su fallecimiento vuelve a poner el foco sobre la sucesión en Tailandia. Durante años, Bajrakitiyabha fue vista por parte de la sociedad como una posible heredera capaz de fortalecer la imagen de la Corona en un periodo de creciente desgaste de la institución.
Sin embargo, el rey Vajiralongkorn, de 73 años, no ha designado públicamente a un sucesor. Las normas sucesorias del reino favorecen a los hombres, por lo que la atención se dirige ahora principalmente hacia el príncipe Dipangkorn, de 21 años, considerado el principal candidato dentro de la línea dinástica.

La princesa Sirivannavari, de 39 años, también figura entre los miembros de la familia con relevancia sucesoria, aunque las reglas tradicionales reducen sus posibilidades. Otros cuatro hijos del rey quedaron fuera de cualquier consideración tras haber sido repudiados oficialmente por el monarca cuando eran adolescentes.
La desaparición de la princesa Bha deja así un vacío dentro de la familia real y añade nuevas interrogantes sobre el futuro de una monarquía que atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas.
