SEMANA revela la forma en que la organización dedicada al contrabando, comandada por Diego Marín Buitrago, más conocido con el alias de Papá Pitufo, se movió en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian), logrando puestos clave en los principales puertos del país.

La declaración de dos agentes encubiertos, según la Fiscalía, permitió establecer la forma como Marín Buitrago tenía acceso a información de la Dian, llegando a manejar nombramientos de personas de su confianza para que omitieran los controles aduaneros.
“La finalidad de la organización criminal era cometer delitos contra la administración pública y el orden económico y social, cooptando funcionarios para facilitar actividades de contrabando y con ello lograr la introducción de mercancías de manera irregular a Colombia”, señala un informe que armó un investigador que convivió con Papá Pitufo por varios días.
Moviendo sus fichas de manera estratégica, los cargamentos de textiles, cigarrillos, calzado, cacharrería y licores de la organización de Papá Pitufo pasaban de manera libre por los puertos de Buenaventura, Cartagena y Barranquilla.
De acuerdo con documentos en poder de la Fiscalía, la infiltración en la Dian se dio mediante la cooptación de funcionarios públicos, recomendaciones para cargos clave y el uso de comunicaciones encriptadas para coordinar las actividades ilícitas.
El modus operandi consistía en abordar a los nuevos funcionarios destinados a zonas portuarias estratégicas; les entregaban altas sumas de dinero, regalos de alta gama (iPhones), vehículos de lujo y pago de hospedajes.

“(El rol de Marín Buitrago era) financiar para que fueran cooptados los nuevos funcionarios ofreciendo y dando regalos, así como beneficios como celulares, carros, gastos de hospedaje y pagos en efectivo, a cambio de omitir las funciones propias de sus cargos para que miraran a otro lado”, enfatizó la Fiscalía.
A cambio de estos beneficios económicos, los funcionarios de la Dian debían omitir los controles aduaneros, facilitar el ingreso irregular de mercancías y “mirar hacia otro lado”.

Una vez infiltrada la entidad, los miembros de la organización criminal coordinaban con los funcionarios para burlar la seguridad.
En este punto, advierte la Fiscalía, se aplicó la modalidad de “tapa”, dirigida a controlar el ingreso irregular de mercancías mediante la ocultación en contenedores con doble fondo. Esta maniobra, según las pruebas, requería la complicidad de funcionarios tanto en la zona primaria de la Dian como en su centro de trazabilidad y monitoreo.
Igualmente, según quedó reseñado por la Fiscalía, se utilizaron las “pupilas”, funcionarias dentro de la entidad, encargadas de organizar y facilitar la salida de los contenedores con contrabando. Esta es una de las líneas de investigación que, según fuentes consultadas, explotará en los próximos días.
En el expediente existe un capítulo especial que menciona la forma como se adulteraba el “tránsito aduanero” por parte de la organización de Papá Pitufo.
Para esto se utilizaban Declaraciones de Tránsito Interno (DTI) con documentos falsos y se implementaban Declaraciones de Tránsito Aduanero (DTA) para mover la mercancía evadiendo la fiscalización en los puertos.

Una fuente que pidió reserva le dijo a SEMANA que la organización actuaba como un “reloj suizo gracias a la información reservada que recibían frente al engranaje de la Dian y los múltiples controles que existían en los puertos”.
Era tal el poder de Papá Pitufo en la entidad que llegó a dar instrucciones para que se fortalecieran los puntos de control para detener a las otras embarcaciones de rivales contrabandistas que querían ingresar mercancía.
“Se solicitó (al agente encubierto) hacer controles fuertes en la salida del puerto y en la zona franca (de Cartagena) para que los demás contrabandistas salieran del negocio”, señala el ente investigador.
Misteriosas hojas de vida
La red criminal no solo cooptaba a funcionarios activos, sino que buscaba influir en la estructura de personal de la Dian para ubicar a personas en los puestos de control aduanero.
Prueba de esto fueron las hojas de vida que se encontraron en la mansión de Marín Buitrago, ubicada en el exclusivo sector de Guaymaral, al norte de Bogotá, en un operativo adelantado por el CTI de la Fiscalía el 13 de febrero de 2025.
Se destacan dos nombres: Yerlin Arley Campo y Javier Zuluaga Montero, quienes, coincidiendo con intereses de la organización, fueron nombrados en cargos clave en la Dian de Buenaventura.
Yerlin Arley Campo fue designado como director Seccional 3 en el puerto de Buenaventura, mientras que Javier Zuluaga Montero fue nombrado en la División de Fiscalización y Liquidación Aduanera y cambiaria, todo luego de la “oportuna” salida del exdirector de la Dian, Luis Carlos Reyes, quien se habría convertido en una suerte de talanquera para el apetito burocrático de los políticos que él mismo ha señalado, como Roy Barreras.

SEMANA se comunicó con el exdirector Reyes, cuya declaración fue solicitada por la Fiscalía en el juicio, y reveló que “el señor Campo es uno de los recomendados por Roy Barreras (...) quería que lo nombrara como director de Aduanas de Buenaventura. Yo no lo hice”.
Reyes salió de la Dian y unos días después, en mayo de 2024, su sucesor nombró a Yerlin Arley Campo en ese cargo clave. “Más sorprendente aún es que, siendo conocido todo esto, el siguiente director de la Dian lo nombró como director de Aduanas en Buenaventura”, reveló el exdirector de la entidad.
“Nuestra hipótesis es que las personas conectadas con el contrabando entraban a través de las recomendaciones de congresistas (...) Lo que me sorprende es que hayan pasado más de dos años desde que yo entregué la lista de nombres y de funcionarios a la Fiscalía y no hay procesos o investigaciones”, indicó Reyes.
La versión de Reyes confirma la hipótesis de la Fiscalía sobre la recomendación de políticos en cargos en la Dian: “Se encontró en el allanamiento del aquí acusado (...) la documentación que corrobora que Yerlin Arley Campo, en efecto, es funcionario de carrera de la Dian y su vinculación como director Seccional 3 en Buenaventura coincide tempo-espacialmente con los hechos de cooptación de funcionarios de la Dian”.
Pese a que el pasado 23 de septiembre la Sala de Instrucción de la Corte Suprema se abstuvo de abrir investigación contra 32 congresistas por “las recomendaciones en la Dian”, la indagación contra los excongresistas Roy Barreras y Jairo Alberto Castellanos sigue en curso.
Un monstruo de mil cabezas
En uno de los puntos clave del expediente, la Fiscalía se refirió a las comunicaciones encriptadas entre Diego Marín Buitrago y sus “pupilos” en la Dian.
Para evitar dejar rastro, los líderes de la red, intermediarios y funcionarios coptados se comunicaban a través de aplicaciones de mensajería encriptada como Celcrypt y Signal. Se coordinaban las reuniones, enviaban datos de contenedores, matrículas de vehículos y definían los pagos a las nóminas ilegales.
De acuerdo con el texto proporcionado, en las comunicaciones se utilizaban frases clave como “Bodega Caleño, Cartagena, Cartagena 2, Coro Coro, Bogotá Pacho, peruana, Richard, secretario, señor Vino, Costa Rica”, para hacer referencia a lugares clave y personas encargadas de mover los cargamentos.
En las conversaciones con funcionarios quedó confirmado el ofrecimiento de dádivas y hospedajes en apartamentos pagados por la organización en el edificio Murado Élite, en el exclusivo sector de Bocagrande, en Cartagena. En ese lugar, según pudo registrar el agente encubierto, se recibía información detallada de la Dian. A cambio de esto, se entregaban millonarias sumas de dinero.
