Donovan Balanta, de 32 años, es recordado por sus amigos y relacionados como un hombre tranquilo, risueño, aunque de un temperamento fuerte. El 20 de septiembre murió en un confuso hecho luego de una detención realizada por la Policía de Soacha en medio de un supuesto caso de riña. Los reportes oficiales y las declaraciones que dan familiares y amigos no concuerdan, porque aunque unos lo ponen como participante de la riña, otros aseguran que simplemente era un espectador y que fue utilizado por la Policía como un chivo expiatorio.


En varios videos se evidencia una fuerte golpiza de por lo menos cinco uniformados contra el hombre, indefenso en el piso, esposado y sin poder reaccionar. Fue inmovilizado con varias descargas eléctricas con un arma tipo taser, las cuales envían pulsos eléctricos de alto voltaje y bajo amperaje que interfieren el sistema nervioso, generando una contracción muscular e inmovilización temporal por unos segundos. Fueron varias las descargas que recibió.
De acuerdo con el reporte policial inicial, emitido por la Policía de Soacha, agentes adscritos a la Zona de Atención Alfa Cazucá atendieron una riña registrada en el sector de Caracolí, que se encuentra entre los límites de Soacha y Bogotá.

“En el desarrollo del procedimiento policial fue utilizado un dispositivo de inmovilización electrónica taser, en el marco de la intervención realizada por los uniformados. Posteriormente, los ciudadanos José Luis Guerrero Moreno y Donovan Balanta Paz fueron trasladados a las instalaciones de la Estación de Policía Cazucá para adelantar las actuaciones correspondientes”, reporta la Policía.
Indicaron que después del operativo, Balanta presentó una “afectación repentina” en su estado de salud tras ingresar a las instalaciones policiales sin conocimiento. Los uniformados lo trasladaron al hospital Luis Carlos Galán de Soacha, donde, tras varios esfuerzos, falleció hacia las 7:30 de la noche.

En un segundo comunicado, la institución aseguró que, una vez terminadas las pruebas preliminares, siete uniformados fueron separados del cargo. SEMANA solicitó una entrevista con las autoridades para precisar los detalles de la investigación, pero dada la etapa en la que se encuentra la indagación, fue imposible obtenerla al cierre de esta edición. Pese a ello, la información que aporta la institución no concuerda con la que relatan sus familiares y allegados.
SEMANA habló con John Deiby Gómez Murillo, el mejor amigo de Donovan desde hace más de 20 años y padrino de su hijo menor, quien fue encargado por la familia para realizar la vocería en su caso. Gómez Murillo estaba presente el día que sucedieron los hechos y relató qué fue lo que sucedió y por qué Balanta terminó muerto tras el operativo.
La familia argumenta que todo inició después de un cruce de palabras entre la hermana de Balanta y una vecina. Aseguró que la Policía se encontraba cerca y, al escuchar la discusión, llegó a mediarla. Pero el cuñado de Donovan se alteró, dado que lo empezaron a tratar mal, según indica, con insultos racistas y amenazas. La familia llamó a Balanta, que se encontraba cerca del lugar, en el sector de Tres Esquinas, para que arribara al lugar y mediara en la situación.

Cuando Balanta llegó, evidenció un gran número de uniformados y decidió tirar una botella de vidrio al piso, para tratar de disuadir la pelea. Gómez Murillo asegura que Balanta no arrojó la botella contra ningún uniformado ni civil, sino que lo hizo contra el piso.
“Eso desencadenó la furia de la policía y en el momento lo que hicieron ellos fue agarrar a correr donde estaba él a cogerlo y él, por no dejarse coger, por no dejarse esposar, salió corriendo. Cuadra y media de ahí del sitio lo alcanzaron y empezaron los golpes de siete policías” (sic).

En el relato, el mejor amigo del hombre indica que, tras varios golpes en el estómago, la cabeza, el pecho y varias descargas con el arma tipo taser, los policías lo subieron a la patrulla y no permitieron que ningún familiar lo acompañara. Fue detenido con otro hombre en el lugar. Este le indicó a Murillo que, al llegar a la estación, Balanta le pedía ayuda porque le dolía mucho el pecho y no podía respirar. Pidió agua, pero los policías lo ignoraron y, asegura, una patrullera “le botó” agua por la cara. Luego Balanta se desgonzó y los uniformados lo trasladaron al centro asistencial.
“En el transcurso de hora y media más o menos fue cuando ya llamaron del hospital, que él estaba muy grave. Cuando llegó al cardiovascular, el equipo médico que lo recibió dijo que llegó sin signos vitales; ya llevaba casi media hora muerto. Lo trataron de reanimar, pero fue imposible y no aguantó”, denunció.

Son varias las incógnitas que deja el caso para la familia. La primera es sobre por qué al lugar llegó la Policía de Soacha cuando debería haber llegado la de Bogotá, pues, pese a que el sitio se encuentra en límites con ese municipio, lo cierto es que allí debería operar el cuerpo policial de la capital. Lo segundo que se preguntan es qué pasó durante el trayecto entre la casa y la estación, pues aunque fue golpeado, Balanta entró con vida y consciente a la patrulla. Pero en la estación ya llegó deteriorado de salud.
“Yo digo que sé que lo golpearon más porque allá fue donde ya él llegó y donde perdió el conocimiento; cuando él estaba pidiendo ayuda, nadie le ayudó y perdió el conocimiento. Tampoco lo llevaron rápido al médico”, precisó.

Aún no se conoce el informe de Medicina Legal que determinará la razón de la muerte; tampoco se sabe ninguna versión de los policías implicados en el hecho, quienes guardan silencio tras la indagación.

Vecinos de Balanta lo describen como alguien que no participaba de riñas ni peleas. También confirman la versión de la familia, en la que aseguran que el sujeto llegó, que no se encontraba en la riña y que los agentes lo persiguieron sin alguna causa aparente.
Además, denunciaron que no es nuevo el abuso policial, y que es el “pan de cada día”.
La representante a la Cámara Astrid Sánchez Montes de Oca, de la Comisión Legal Afrodescendiente, pidió un minuto de silencio por la muerte de Donovan y elevó su voz para que se esclarezcan los hechos. El alcalde Carlos Fernando Galán aseguró que los casos de abuso deben ser sancionados si existen y que la administración no los tolerará. SEMANA también consultó al alcalde de Soacha, Julián Perico, pero no recibió respuesta alguna.

Aunque los patrulleros fueron separados de sus cargos, las investigaciones están en curso y las autoridades le han dado acompañamiento a la familia. Balanta deja dos hijos huérfanos y a una familia que hoy clama justicia.
