Entrevista

Habla “el mentalista” que atendía a Zulma Guzmán y dueño de la oficina desde donde se habrían enviado las frambuesas envenenadas: “Nunca vi en ella a una psicópata”

Laura Anzola, directora de La lupa, habló en exclusiva con el coach Jeisson Rosas López, quien ha sido llamado el “mentalista” en el proceso por la muerte de las niñas envenenadas a causa de las frambuesas con talio. De su oficina habrían salido las frutas.

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31 de enero de 2026, 3:02 a. m.
Jeisson Rosas López le dice a Laura Anzola que Zulma Guzmán llegó a su consultorio más o menos en el año 2022.
Jeisson Rosas López le dice a Laura Anzola que Zulma Guzmán llegó a su consultorio más o menos en el año 2022. Foto: LA LUPA

Laura Anzola: En el caso de Zulma Guzmán, los medios lo han nombrado como el “brujo mentalista”, dueño de la oficina de donde habrían salido las frambuesas envenenadas con talio. Empecemos por ahí. ¿A qué se dedica realmente usted? Jeisson Rosas López: Yo soy coach de vida y en la forma como yo lo practico enmarco un concepto muy espiritual. Abordo técnicas de sanación, como sanación reconectiva, liberación energética, desbloqueo energético.

L.A.: ¿Cómo conoció a Zulma Guzmán? ¿En qué año? ¿Cómo llegó a su consultorio?

J.R.: Ella llegó más o menos en el año 2022. Tengo muchísima información confusa en cuanto a eso, porque no estaba preparado para esto. Yo no guardo información de mis consultantes, digamos como bases de datos o cosas así, porque mi consulta es un momento que se vive y que la persona se lleva una información y ya. Luego de eso, empieza una transformación. Pero yo no veo la necesidad de guardar un orden de fechas. Hay otra consulta con ella en 2022, luego en 2023, luego en 2024, y no recuerdo más, honestamente. En el año 2025, cuando la Fiscalía nos allanó y nos preguntó si la conocíamos y si la habíamos tratado, yo recordaba, creía recordar que la había tratado, pero no tenía fechas, no tenía nada.

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L.A.: ¿Antes del allanamiento había oído del caso?

J.R.: No, no, no, no, para nada. No soy de noticias. Aun con toda esta situación, me ha costado. Realmente, ha sido muy difícil para mí tener que dedicar tiempo a eso, a investigar, analizar, escuchar lo que están diciendo, porque no soy realmente de medios, de noticias, de ese tipo de cosas. Entonces, no lo sabía, realmente no lo entendía. Pensé muchas cosas (el día del allanamiento). Dije: esto puede ser hasta un secuestro, porque llega un montón de gente sorpresivamente.

Jeisson Rosas López dice que dentro del proceso que seguía Zulma Guzmán en su consultorio, siempre hubo una situación sentimental presente.
Jeisson Rosas López dice que dentro del proceso que seguía Zulma Guzmán en su consultorio, siempre hubo una situación sentimental presente. Foto: FOTOS: LA LUPA

L.A.: ¿Zulma nunca le insinuó hacer algún trabajo de brujería?

J.R.: Existen muchas personas que ofrecen brujería, amarres, prácticas, pero ella sabía que yo eso no lo hacía. Jamás me lo insinuó o me lo propuso.

L.A.: ¿Nunca notó algo atípico, extraño, fuera de lo común en el comportamiento de Zulma?

J.R.: Bueno, yo sí recuerdo, digamos, la última imagen que tuve de Zulma. Ella llegó a una consulta con un sombrero grande negro. Es algo que me llamó la atención, que, como te digo, no vi más allá porque no esperaba lo que iba a pasar. No sabía que tenía que prepararme para eso y guardar información. Pero es una cosa que llama mucho la atención, un sombrero grande como de negro; algunos detalles de la consulta que compartí con la Fiscalía. Realmente, traté de no decir mucho porque mi ética profesional no me lo permite.

L.A.: ¿Usted notó que sus relaciones amorosas y la situación con Juan de Bedout eran temas no superados en su vida?

J.R.: Sí, sí. Dentro de su proceso sí había una situación muy presente, muy recurrente, que era su situación sentimental. Era un tema que siempre venía en la conversación. Sin embargo, no era lo único. Ella tenía otros aspectos de su vida, su crecimiento profesional, como su viaje a Argentina. Ella siempre me hablaba de su vida, de su profesión, de sus cosas, pero en la consulta, por alguna razón, todo giraba muy en torno a su tema de pareja; siempre volvía a la situación. Era un tema complicado para ella, pero, si me preguntas a mí, yo nunca vi en Zulma a una persona psicópata que hubiese podido tener planeado hacerle un daño a alguien.

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L.A.: ¿Cómo fue, según usted recuerda, la línea de tiempo de ese 3 de abril, cuando se entregaron las frambuesas?

J.R.: Devolviéndonos a la línea del tiempo, la persona que pidió el domicilio desde esa oficina llegó a ese consultorio, que tiene varias salas de espera, con muchos pacientes. Subió, porque mi sección es arriba, se sentó en la sala de espera, pidió el domicilio y no me encontró en el consultorio. Ahí le escribió a ese domiciliario que al llegar a la portería preguntara por Jason. Es ahí donde llegó la persona; la celadora subió, bajó supuestamente una mujer Zenaida, que es quien entregó el domicilio.

L.A.: Es decir, ¿no cree que Zenaida Pava realmente haya estado en ese sitio?

J.R.: Yo te diría que no creo que haya habido más personas ahí. Yo, en lo personal, si me preguntas y metiéndome un poquito más allá, dudaría de que haya una Zenaida; creo que eso fue una suplantación. No sé quién sea, no la conozco o no la recuerdo. Pero yo diría que lo que pasó es que, si fue Zulma, actuó sola, buscó un sitio desde donde hacerlo. Llegó a donde su terapeuta porque era un buen lugar para hacerlo, porque le quedaba cerca y porque la sala de espera se prestaba. Pero también te soy sincero. Yo dudo de todo. Y si algo me gustaría invitar a través de este programa es a que las personas duden de todo, que no se compren nada. Yo creo que, lastimosamente, la forma como se ha entregado la información, que ha sido muy sesgada, que ha sido muy por partes, que ha sido muy revuelta y yo diría irresponsable en un principio, ha hecho que la gente esté muy confundida y que no logren entender realmente esa línea como de tiempo y quién tiene que ver con qué y demás.

“La última imagen que tuve de Zulma es que ella llegó a una consulta con un sombrero grande negro”.
“La última imagen que tuve de Zulma es que ella llegó a una consulta con un sombrero grande negro”. Foto: FOTOS: LA LUPA

L.A.: ¿Dónde estaba el 3 de abril de ese año?

J.R.: Yo no estaba en el país. Tengo las pruebas y las puedo mostrar y presentar a quien quiera: los tiquetes de avión, mis fotos en París, testigos en París con las personas que estuve, migración.

L.A.: ¿Estaba de vacaciones?

J.R.: Sí, habíamos ido a visitar a una amiga, habíamos ido con mi esposa. Tenemos una gran amiga allá y ha sido muy generosa con nosotros. Nos ha invitado algunas veces y en eso estábamos.

L.A.: ¿Por qué Zulma querría poner su nombre? Había muchas otras alternativas, muchos otros espacios, muchas otras posibilidades de haber hecho esa entrega o ese pedido domiciliario. ¿Por qué fue allá?

J.R.: Una persona que actúa de esa forma realmente actúa por impulso, ¿sabes? Podría actuar por una desconexión entre su cerebro, su ser y su espíritu y, por lo tanto, pierdes como el control y el sentido de muchas cosas. Entonces, planear algo tan fríamente como de pronto algunas personas pensarían, yo en lo personal creo que no. Creo que no hay crimen perfecto y creo que, cuando alguien actúa de esa manera, está actuando sin pensar y sin saber muchas cosas que pueden pasar. En ese sentido, ella tuvo que haber pensado muchas posibilidades. ¿Sabes? Ella pudo haber pensado: ¿lo hago desde mi casa? No. ¿Lo hago desde un centro comercial? No, es raro. ¿Cámaras de seguridad? ¿Lo hago desde dónde? ¿Qué me queda cerca? Y posiblemente le quedaba cerca mi consultorio. No sé si, por ejemplo, ella hubiese querido hablar conmigo ese día.

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L.A.: Pero el hecho de haber conseguido ese veneno sugiere que no hubo impulsividad, sino un crimen muy calculado.

J.R.: Yo considero que este crimen habría sido muy difícil de evitar, porque estoy de acuerdo, yo creo que eso no se dio de la noche a la mañana. Eso no fue algo que te levantaste un día y se te ocurrió hacer. Eso fue un tema que se venía dando, pero se va dando precisamente en una parte del ser, de una carencia, de un dolor, de un desconecte, que de alguna forma fue llevando a procesar y a procesar información y a buscar. Creo que como cuando alguien planea asesinar, piensa, a veces dice: ¿será que sí? ¿será que no? O sea, no creo que haya sido tan perfecto, tan planeado perfectamente, pero sí, obviamente, era un tema que se venía construyendo en su mente desde hace tiempo y buscando los recursos, las maneras, pensando. Y de pronto, finalmente, tomas la decisión y dices: sí, lo voy a hacer de esta forma.

L.A.: Cuando usted tiene espacios en soledad y se acuerda de esas veces que la atendió, ¿siente que habría podido hacer algo distinto o impedir que esto sucediera?

J.R.: Sí, por supuesto. Pero sé que lo intenté, sé que lo intenté, pero, obviamente, si uno pudiese devolver el tiempo, siempre piensa: yo pude haber hecho algo más, claro que sí. Claro que me lo he cuestionado, claro que lo he tomado para mí mismo como un aprendizaje. Esto me ha llevado a afrontar las consultas también de una forma distinta, porque ahora pienso en cada sesión. No sé a quién tengo al frente y qué profundidad o qué dimensión pueda tener lo que yo esté haciendo en este momento con esta persona. Yo te soy sincero, a mí me llegan muchísimas personas con ese tipo de apegos, con ese tipo de juicios, con ese tipo de búsquedas como de quién es el culpable de mi sufrimiento. Y yo lo que intento en mis sesiones y en mis consultas es llevarlos a otro pensamiento. Es poner muchos puntos de vista y que busquen más el trabajo personal, la autoconciencia, el amor propio, el compartir con uno mismo. Pero yo no quiero ser la persona que juzga a Zulma y que le tira piedras igual que todo el mundo. Lo que tengo que pensar es que estamos carentes como sociedad de entender a nivel más serio y más general la necesidad de sanar, repito, como sociedad y como familia, las cicatrices de la infancia.

ZULMA GUZMAN
Zulma Guzmán. Foto: Alejandro Acosta

L.A.: Decía que no ha estado de acuerdo con la manera como la Fiscalía ha abordado el caso. ¿Por qué?

J.R.: Yo considero que la Fiscalía ha utilizado aquí dos mecanismos: lo primero que pasó es que la Fiscalía, cuando tuvo el testimonio del domiciliario, armó un caso en su cabeza de lo que podría ser una novela. Claro, aquí tuvo que haber más gente involucrada y hay una persona que trabaja unas cosas medio raras. Por eso digo que tal vez en la incapacidad de esta persona de entender esta parte de la sociedad de los terapeutas, de la energía, de la luz, de lo espiritual, que no cabe tanto en el contexto práctico de lo que es la parte jurídica, pues simplemente lanza una versión y dice que aquí hay un mentalista, aquí hay un brujo. Y lo segundo fue que, al no tener pruebas técnicas, hay que hacer una especie de juicio social. Si nosotros sacamos esto a la luz, obviamente, los medios de comunicación y toda la sociedad se van a volcar hacia esa idea y van a enjuiciar a estas personas, porque es una táctica jurídica usada realmente. Uno aprende, lastimosamente, de esta forma muchas cosas, y a mí en esto me ha tocado aprender hasta de leyes, y sé que es una táctica que se utiliza. En ese sentido, yo creo que la Fiscalía fue irresponsable porque consideró que esa era la verdad sin tener las pruebas técnicas. La Fiscalía se hizo una película ahí bastante complicada, pero, al mismo tiempo, diría que comercial, y entonces utilizó dos cosas. Lo primero, pensó que tenía un caso resuelto. Ya con esto, el caso está muy resuelto.

L.A.: Si tuviera a Zulma en frente hoy, si pudiera hablar con ella, ¿qué le diría?

J.R.: No sé. Yo creo que lo primero que le diría es que lamento muchísimo lo que está pasando. Yo creo que le diría que le doy mi apoyo espiritual, que le doy mi energía y le transmito luz para que encuentre un camino en medio de esta situación. Si pudiese devolver el tiempo, hubiera podido haber hecho algo muy diferente con Zulma, claro que sí, pero el formato de mis consultas no me lo permitía.

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L.A.: ¿En algún momento se ha cuestionado que Zulma habría podido hacerles daño a usted o a sus familiares?

J.R.: Sí, lo llegué a pensar. Y sí me parece mucho recordar que algo nos regaló, pero es un recuerdo muy vago. Ante la duda, yo creo que el ambiente también empieza a sugestionarse un poco y por ahí empezamos a decir: yo recuerdo como unas bolitas, como unas cositas de chocolatito, pero como unas almendras. Y mi esposa me dijo: “Sí, tú llegaste con algo así, no sé qué”. Entonces, se nos pasó por la cabeza. Realmente, pues, eso alcanzó tal dimensión que mi esposa se hizo el examen del talio y, afortunadamente, salió negativo.

L.A.: Siempre en la vida hay un para qué. ¿Para qué esta entrevista?

J.R.: Creo que la invitación general es a que todos hagamos un trabajo personal, un análisis personal y que le enviemos luz a esa familia, porque siento que eso se ha perdido de vista. El proceso que están pasando allá y la necesidad de una cobertura, de poder vivir su duelo y de poder entender esto, que muchas veces los trabajadores de la luz hacemos ese trabajo, acompañamos ese proceso de ayudar a entender. Desde esa perspectiva, siento mucha compasión por la familia, por el papá, por todos los que están alrededor de eso y, por qué no decirlo, también por Zulma. Me parece triste que haya terminado así, independientemente de lo que haya pasado.

*Espere este miércoles 4 de febrero, en el podcast la Lupa la entrevista completa con Jeisson Rosas.