Un mes de paro y un país bajo una de las peores crisis sociales, económicas y de seguridad de los últimos años llevaron al presidente Iván Duque a realizar algunas movidas en su gabinete para garantizar gobernabilidad en el tramo final de su mandato. El mandatario es consciente de que necesita sumar respaldos políticos para enfrentar la compleja situación de emergencia.
Duque ha tenido una coalición frágil en el Senado y la Cámara. Por eso se aseguró ahora un respaldo más decidido de Cambio Radical, La U y el Partido Conservador, que le pueden garantizar una paz política en el Congreso en medio de la tormenta que se vive en las calles. Con esas movidas, más el apoyo del Centro Democrático y algunos liberales, Duque ya logró evitar, por ejemplo, la moción de censura contra el ministro de Defensa, Diego Molano.

El próximo objetivo será garantizar el respaldo a una nueva reforma tributaria, de menor alcance frente al proyecto anterior, y que será tramitada de manera consensuada por el ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo. Todo el mundo sabe que esa iniciativa es urgente para apoyar a la población más vulnerable y estabilizar las finanzas públicas. En términos generales, las movidas ministeriales de Duque fortalecieron a Cambio Radical en el gabinete. La llegada de Ximena Lombana como nueva ministra de Comercio, Industria y Turismo se interpreta como un gesto con Germán Vargas Lleras, líder natural de ese partido.

Aunque Lombana es cercana al exprocurador Fernando Carrillo y hermana de Jaime Lombana, abogado del expresidente Álvaro Uribe, llega al Ministerio bajo el apoyo del exvicepresidente. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo será clave para la urgente reactivación de la economía del país tras los estragos causados por una pandemia que ha dejado a más 3.500.000 colombianos desempleados y a 21 millones de personas en condición de pobreza.

A la hora de ajustar el gabinete, Duque tomó decisiones que hasta hace poco eran impensables, como mover al ministro de Cultura, Felipe Buitrago, considerado su amigo personal desde que se conocieron en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington y escribieron juntos el libro Economía naranja, una oportunidad infinita.
Buitrago, quien venía desempeñándose con una buena valoración en el Ministerio, solo duró cinco meses en el cargo. En su reemplazo llegó Angélica Mayolo, cercana del Partido de la U, de las entrañas de Dilian Francisca Toro, amiga de la clase política y dirigente del Valle, donde Gustavo Petro conquistó más votos que Duque en 2018. Con su arribo, el presidente manda dos mensajes: nombra a una mujer y busca el cumplimiento del gabinete paritario, también le da juego político a una de las regiones más afectadas por el paro. Su nombramiento –le dijo una fuente a SEMANA– es una manera de reivindicarse con una zona del país que el Estado ha abandonado a su suerte por años. Ángel Custodio Cabrera, ministro de Trabajo, también es militante de La U, así como Juan Pablo Díaz-Granados, recién nombrado viceministro del Interior.
A pesar de que al ministro del Deporte, Ernesto Lucena, no le han pedido su carta de renuncia desde la Casa de Nariño, su salida es casi inminente. Y no precisamente por resultados, sino por política dadas las circunstancias. Lucena es egresado de la Universidad Sergio Arboleda y amigo del presidente Duque. Sin embargo, lo más posible es que en los próximos días presente su renuncia y sea reemplazado seguramente por Guillermo Herrera, exsecretario de Hábitat de la Alcaldía de Enrique Peñalosa, y cercano a Vargas Lleras, con quien trabajó en el Ministerio de Vivienda. Herrera, ante todo, es un técnico y un ejecutor, en la capital del país se destacó por sus programas de transformación urbana de sectores humildes.

El Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), en cabeza de Karen Abundinen, también goza del apoyo de Cambio Radical, concretamente de la casa Char.
El Partido Conservador no escapa a las recientes movidas. El ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, pertenece a la tolda azul y goza de la aceptación de la colectividad. Lo mismo que el ministro de Justicia, Wilson Ruiz, y el ministro de Agricultura, Rodolfo Zea Navarro; en tanto que el jefe de la cartera de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos Correa, es cercano al senador David Barguil y a la jefe de gabinete, María Paula Correa. Juan Esteban Gil, director de Invías, también es afín a dicho partido.

Aunque hay sectores que le atribuyen al conservatismo la vicepresidencia de Marta Lucía Ramírez, eso no es tan real. La excandidata presidencial se mueve sola como pez en el agua en el Gobierno. Lo suficiente para ubicar a Ángela María Orozco en el Ministerio de Transporte, una funcionaria que goza hoy del respaldo del presidente Duque. Ramírez, además, concentra ahora el poder en la Cancillería, una unificación de funciones con las que el Gobierno pretende enviar un mensaje de austeridad en tiempos de crisis. En la baraja no podían faltar los perfiles cercanos del expresidente Álvaro Uribe, entre ellos el ministro de Defensa, Diego Molano, y el del Interior, Daniel Palacios, dos de los principales escuderos de Duque.

El uribismo perdió dos fichas importantes en el Gobierno: el exministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, y la canciller Claudia Blum. Una de las salidas más polémicas fue la del alto comisionado de Paz Miguel Ceballos, que llegó al Gobierno por su cercanía con Duque, pero terminó lanzándose al agua con candidatura incluida y dándole un portazo al Centro Democrático.
En el partido no cayó bien el anuncio, menos cuando Ceballos criticó al expresidente Álvaro Uribe por supuestos acercamientos para posibilitar el camino a una eventual negociación con el ELN. “No corresponden a la realidad. Los supuestos dos contactos de Uribe fueron visitas que recibió para plantear temas del ELN. En ambos casos dijo que no debería haber diálogo, sino hasta que dejaran de realizar actividades criminales. Él le informó al presidente Duque de inmediato”, le dijo a SEMANA el exviceministro Rafael Nieto.
El ministro de Minas y Energía, Diego Mesa, llegó al poder como un hombre técnico, pero terminó convertido en un funcionario más afín al uribismo. Incluso, ya tiene credencial de Centro Democrático, como ocurrió con el ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, hoy militante de dicho partido, quien arribó al cargo por su juventud y experiencia.

En los últimos meses, el presidente Duque se ha caracterizado por hacer enroques en el propio gabinete. “En medio de semejante crisis, cualquier Gobierno habría aprovechado para hacer una oxigenación real de su gabinete y Duque lo que termina es pasando la segunda línea a la titular”, asegura el analista Carlos Suárez CEO, de la firma Estrategia & Poder.
Con estos ajustes, Duque busca músculo político para capotear las dificultades. Además de encontrar la gobernabilidad, que se vio afectada con la fallida reforma tributaria, buscará lograr consensos con partidos que son fundamentales para sacar esta y otras reformas que se deberán tramitar en los próximos meses y contrarrestar a una oposición que se fortalece para 2022 aprovechando la furia que se vive en las calles.
