A Colombia se la está devorando la fiebre del oro promovida por grupos armados ilegales, como disidencias de las Farc, ELN y Clan del Golfo. La radiografía es preocupante: ríos que ya parecen desiertos y montañas perforadas sin conceptos técnicos para sacar el preciado metal, que hoy vale 80 veces más que la cocaína.
Para citar un ejemplo, el kilo de oro se comercializa en unos 400 millones de pesos, mientras que la misma cantidad de coca cuesta apenas 5 millones. La extracción ilegal de oro está financiando el terrorismo en Colombia con millonarias utilidades. Los motores trabajan las 24 horas, no hay descanso.
Solo hay una sed de riqueza y plata fácil que pesa mucho más que el interés por el agua. El mapa de la minería ilegal en Colombia es amplio y sigue creciendo: Cauca, Nariño, Chocó, Bajo Cauca antioqueño, Tolima, Amazonía, sur de Bolívar y hasta las faldas de ciudades principales como Cali, con una conocida y preocupante explotación en el parque natural Farallones.
Desde hace más de diez años, un integrante del Ejército Nacional de Colombia les sigue el rastro a estos grupos armados, pero también al funcionamiento de empresas comercializadoras de oro ligadas a los ilegales. “El oro se convirtió en su mejor aliado para la guerra”, dijo. Precisamente, el presidente Gustavo Petro reconoció que la extracción ilegal de oro se salió de control.

“El Clan del Golfo usa el vacío de Estado para apropiarse ilegalmente del oro, y eso pasa en prácticamente todas las regiones del oro en Colombia. Y hay fusiles. ¿De dónde los grupos armados se financian? Básicamente, del oro, que se volvió mejor negocio que la cocaína”, dijo el mandatario de los colombianos. Para el presidente, este no es un tema menor. De hecho, en menos de una semana se pronunció dos veces sobre la extracción ilegal de oro y dejó al descubierto presuntas alianzas de grupos criminales con la fuerza pública.
“Pasar una draga o un dragón, como dicen ahora, que es una maquinaria enorme, visible, que no se puede llevar en un bolsillo y va por trochas, porque las zonas mineras no es que queden muy eficazmente comunicadas con la red vial del país. No se pueden llevar en avión, en barco es difícil y, además, los ríos están destruidos, pues pasan bajo los ojos del policía y del soldado, como está pasando en Barbacoas y Samaniego. Están entrando caravanas de maquinarias, pasan por retenes militares, y no los detienen. ¿Y por qué? Porque pagan una tajada allá en esa zona”, dijo el mandatario.

Y agregó: “Entre oro y cocaína tenemos la financiación de lo que está matando a los colombianos cada vez más. (…) La mafia se tomó el oro de Colombia”.
Para los expertos en el tema, el oro no deja rastros, no tiene la trazabilidad que sí existe en el narcotráfico. Cuando este sale de la tierra, lo funden, lo transforman y nadie sabe de dónde salió, pero el daño medioambiental es gigantesco.
“Después de que el oro sale de la tierra, ¿cómo pruebas su origen? En cambio, con la coca sí hay trazabilidad: un kilo de coca permite capturar, judicializar y hacer todo el proceso ante las autoridades competentes”, relató el uniformado.
Insistió en que el gran reto lo tienen los legisladores de Colombia, quienes deben determinar cómo, mediante las leyes, pueden controlar esta comercialización ilegal que alimenta una guerra que sigue cobrando vidas inocentes. Para darle aparente legalidad al oro, solo se necesita una llamada, un contacto o un documento.

“El problema es que el oro se puede blanquear. Usted captura a alguien con oro, pero esa persona hace una llamada a una comercializadora y empiezan a justificar ese oro con papelería falsa. Lo presentan ante las autoridades y tienen que liberarlo”, recordó el investigador del Ejército.
Llama la atención que, en Colombia, el oro es uno de los más puros del mundo y lo extraen de varios puntos del país, como en el Caribe, exactamente en zonas como Córdoba y hasta el sur de Bolívar. “En zonas como Ayapel, en Córdoba, el oro sale con purezas de 99,7, 99,8 y hasta 99,9. Es prácticamente puro.
Eso lo hace muy apetecido a nivel internacional y los ofrecimientos de dinero son absurdos. Hay una liquidez inmediata para los ilegales sin que nadie los detenga. Es por eso que la principal fuente de financiación de estructuras criminales como el Clan del Golfo y Los Caparros en esas zonas es el oro”, agregó.

De acuerdo con información que reposa en informes de inteligencia, el río Nechí es uno de los centros donde más lo extraen: hay 160 dragas operando sin descanso. “Hoy el oro es la caja menor de los grupos ilegales. En el río Nechí, en Antioquia, hay más de 160 dragas o dragones. Cada una cuesta entre 1 y 2 millones de dólares. En un turno malo, una draga saca entre 700 y 1.500 gramos de oro en 12 horas. Y hacen el proceso de lavado cada 24 horas”, explicó el oficial.
Con estas cifras que manejan las autoridades, al multiplicarse por los días del mes, se puede ver la magnitud de las ganancias de los grupos armados. “Todo esto tiene un margen de ganancia alto. El riesgo judicial es bajo y la logística es siempre más sencilla que mover la misma coca”, aseguró el investigador.

De acuerdo con una fuente judicial que reside en el departamento de Córdoba, todo es controlado por el Clan del Golfo en el proceso que tiene que ver con la extracción del oro para que no se pierda ni un solo gramo.
“El Clan del Golfo monopolizó la compra del oro en esas zonas. Obligaron a los mineros a venderles solo a ellos. Tienen personas vigilando cada proceso de extracción. Ellos pesan el oro, calculan la pureza y pagan por debajo del precio real. Luego lo guardan. Ese oro lo entierran, lo almacenan, porque saben que el precio va a seguir subiendo. Después lo venden más caro y multiplican la ganancia”, detalló bajo el anonimato.
El integrante del Ejército Nacional le explicó a SEMANA que hay zonas en el Pacífico donde les han reportado “que se sacan hasta 40 libras de oro en una semana. Una libra de oro no son 500 gramos, son 460 gramos, porque se pesa como metal precioso”.
“Hay minas donde en un turno de 12 horas se sacan entre 3 y 4 libras de oro. Eso es constante, no para. Incluso hay casos en los que han tenido que detener el proceso porque el oro se empieza a perder en los relaves de tanto que producen”, indicó. Para el experimentado oficial, la destrucción de las máquinas con que realizan esta actividad ilegal no sirve de nada y lo asemeja a “dispararle a un tren de carga con una pistola de agua”.
El gramo de oro tiene un valor de 560.000 pesos colombianos y ha llegado a más de 600.000 pesos, lo que lo hace muy codiciado. “Si destruyen una máquina, buscan maquinaria que vuelva a operar. Se consiguen repuestos, se repara. En 15 días puede estar funcionando otra vez. Arreglarla cuesta 150 o 200 millones de pesos, pero eso se recupera rápido”, detalló.
El acecho de los ríos

Dos cosas están volcando, cada vez más, a los mineros informales a buscar oro en los ríos colombianos: el alto precio de ese mineral, que hoy supera los 600.000 pesos por gramo, y la falta de una estricta legislación para proteger el medioambiente y poner en cintura a los buscadores del mineral.
En redes sociales abundan los contenidos de mineros que se explayan por los ríos de Antioquia, Valle, Cauca, Nariño y Chocó, entre otros, para enseñar cómo extraer el oro, cómo pesarlo y cómo evitar ser estafado por los intermediarios. Hablan de las máquinas que usan en los afluentes, de las decenas, que son las pequeñas cantidades extraídas, y de la calidad del mineral.

Pero ellos son solo pequeños mineros que se aventuran a extraer apenas unas decenas, unos destellos del material de los afluentes. De otro lado, están los grandes mineros. Los hay formales e informales. Estos últimos, entre los que hay decenas de empresarios brasileños, están sembrando dragones, como los mineros les llaman a las gigantescas dragas, en los ríos del país.
Su poder es tal que una fuente consultada por SEMANA en Medellín contó que estas máquinas están siendo llevadas a ríos como el Nechí, en el Bajo Cauca antioqueño, y el Quito, en Chocó, y su impacto ambiental es irreversible.
“Lo puede ver desde el cielo. Móntese en un avión y vaya hacia el Caribe, pasando por Antioquia. Vaya a esos territorios y verá que queda impresionado. Además, de nada vale que les incauten un dragón, porque en dos o tres días de trabajo ya pueden reunir el dinero para comprar otro”, le dijo un pequeño empresario minero bajo el anonimato a SEMANA.
Un ejemplo de ello se encuentra en Briceño, Antioquia. Allí varias fuentes le manifestaron a este medio que el frente 36 de las disidencias de las Farc controla el ingreso al río Espíritu Santo y al Cauca para explotar el oro. Otorgan turnos de dos horas a los mineros –puede ser cualquier persona– para que saquen el metal. Por lo extraído les exigen el 10 por ciento. Además, controlan la explotación de socavón (en mina) en la zona del alto de Berlín, en límites con Yarumal.

Los vacíos legales y la falta del control del Estado, dicen algunos mineros, han llevado a que el mercado ilegal se fortalezca. Andrés Rave, presidente de la Asociación Minera, Social y Ambiental del Occidente Antioqueño (Amisamoc), lo ha sufrido en persona. Le aseguró a SEMANA que lleva años tratando de que la Agencia Nacional de Minería le entregue un título minero que considera suyo; son 42 hectáreas de un territorio de Buriticá, en Antioquia.
“Nosotros nos hemos organizado, pero no hemos tenido apoyo del Gobierno. El Gobierno está fallando. En este momento, el valor del oro tiene una ventaja: cuando estaba barato, al minero no le daba para explotar una mina; ahora sí, es una ventaja. Nunca se había visto, mucha gente que nunca fue minera se está metiendo a la minería”, sostuvo.

Otra es la situación que las autoridades han encontrado en el Chocó. Fuentes consultadas por SEMANA aseguraron que ríos como el Quito son objeto de una voraz explotación del mineral de la que quizá no pueda recuperarse nunca. Solo en 2026, la XV Brigada del Ejército ha adelantado nueve operaciones ofensivas en ese río.
El saldo es la destrucción e incautación de 123 motores, 62 dragas tipo buzo, 51 motobombas, 19 máquinas retroexcavadoras, 19 máquinas excavadoras, 16 dragones, 6 clasificadoras y 5 motores tipo Cummins. La radiografía de un atractivo negocio ilegal.
