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   Durante el paro nacional, Cali estuvo secuestrada por la delincuencia al menos por dos meses, en los que hubo abusos de parte de manifestantes y autoridades.
Durante el paro nacional, Cali estuvo secuestrada por la delincuencia al menos por dos meses, en los que hubo abusos de parte de manifestantes y autoridades. - Foto: afp

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“La orden era matar policías”: el explosivo testimonio de un integrante de la ‘primera línea’ en Cali

SEMANA revela el testimonio de un miembro de la primera línea de Siloé, en Cali, y su estrategia para asesinar uniformados durante el paro. Una banda extranjera les daba armas de largo alcance.

Las órdenes siempre fueron directas, recuerda alias Kevin, una de las cabezas visibles del grupo llamado Resistencia Siloé, que se conformó durante el paro nacional en Cali. Quienes impartían instrucciones llegaron de afuera; no eran de la ciudad, del departamento y mucho menos del país. Kevin no sabe cómo terminó envuelto en un entramado criminal para enfrentarse a la Policía, pero sí tiene claro que una vez adentro era muy difícil decir no.

Para empezar a entender esta historia, hay que hacer un recuento rápido. Desde el 28 de abril de 2021, con la primera marcha convocada en el marco del paro nacional, reinó la anarquía por al menos dos meses en Cali. Decenas de jóvenes se volcaron a las calles, quemaron bancos y estaciones de transporte público, saquearon supermercados e instalaron más de 32 bloqueos urbanos.

Uno de ellos en Siloé, en la entrada de la principal ladera de la ciudad. La llamada primera línea se enfrentaba con la fuerza pública casi a diario, pero paralelamente a eso en la ladera nació una banda delincuencial llamada Resistencia Siloé. “Nosotros primero éramos de primera línea, pero al ver los abusos de los tombos empezó a correr el rumor de que arriba, en el sector La Estrella, estaban dando armas para continuar con la lucha”, recuerda alias Kevin, uno de los cabecillas visibles de este grupo.

La idea inicial era realizar labores sociales de día y en las noches empuñar las armas para defender a la primera línea. “Cuando llegamos allá, efectivamente hicimos contacto con una gente superrara que decía que nos venía a ayudar. Ellos antes habían estado en guerra para quitarle el dominio a una familia que tenía el control en La Estrella, entonces lo que hicieron fue armar a los pelados para custodiar el barrio”, dice.

Y agrega: “Por ejemplo, en una casa tenían de todas las armas que usted pudiera imaginar: había desde fusiles M4 y R4 hasta granadas. Eso era un arsenal. Yo me sentía como en Call of Duty (videojuego de guerra). Y entonces nos decían que el objetivo era defendernos: matar policías y no dejar que subieran para el barrio”.

Su testimonio, entregado en exclusiva a SEMANA, concuerda con los videos que circularon el 10 de mayo y 12 de junio de 2021, en los que se ve a hombres fuertemente armados y encapuchados enfrentarse a la fuerza pública y herir a varios miembros del Esmad en inmediaciones de la glorieta de Siloé. “Nosotros patrullamos todo eso. Los que nos dieron las armas decían que los jefes eran mexicanos, que la idea era mantener el control, pero la gente estaba envenenada por la muerte de los tres pelados el 3 de mayo, entonces la orden después de eso era: policía que veíamos, policía que iba pa’l piso”, relata alias Kevin.

Según la Fiscalía, tendrían responsabilidad en los delitos de homicidio agravado y afectación a la integridad de los ciudadanos. - Foto: alexandra ruiz poveda-semana

La noche del 3 de mayo, a la que hace alusión, fue uno de los capítulos más sangrientos en el marco del paro nacional en Cali. De acuerdo con testimonios de organizaciones sociales, algunos policías asesinaron a tres jóvenes, mientras que la versión de las autoridades es que ellos se defendieron de un ataque armado.

Por estos hechos están imputados el coronel Édgar Vega Gómez, entonces comandante operativo de la Policía Metropolitana de Cali; el teniente Néstor Mancilla, comandante de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (Goes), y el patrullero Wilson Orlando Esparragoza. Según la Fiscalía, tendrían responsabilidad en los delitos de homicidio agravado y afectación a la integridad de los ciudadanos.

“Después de eso, los jefes, los supuestos mexicanos, nos mandaron a decir que teníamos vía libre para hacer lo que consideráramos necesario para responderle a la Policía; por eso, el 21 de mayo tratamos de meternos a la estación de El Lido para matar a varios tombos y robarles las armas”, dice Kevin. Ese día, el ataque fue repelido por las autoridades, pero los enfrentamientos a bala se prolongaron hasta por más de cinco horas. Las calles de Siloé se convirtieron en escenarios de confrontaciones armadas propias de la ficción. “Nosotros alcanzamos a matar policías y a herir a varios del Esmad”, añade.

La Estrella

SEMANA recorrió las calles de Siloé hasta llegar al sector de La Estrella, uno de los más icónicos de esta extensa ladera. Para llegar hay que cruzar por estrechas y empinadas calles donde no caben más de dos vehículos. En muchos puntos aún quedan huellas del enfrentamiento entre la Resistencia y la Policía. “Después de que nos vinculamos con la Resistencia, muchos abandonamos la primera línea. La gente nos veía caminar con fusiles del largo de una pierna por la calle, como si nada, la Policía no subía. No tenían cómo”, relata Kevin.

Para llegar a La Estrella hay dos caminos: uno, el tradicional, por la entrada principal de Siloé y otro, alterno, vía al monumento de Cristo Rey. Por ser un punto estratégico que comunica, incluso, con los farallones de Cali, ese sector se convirtió durante el paro nacional en un corredor de armas y drogas. “Mientras nosotros nos dábamos bala con la Policía, los dueños del negocio entraban y sacaban droga. Nos estaban utilizando, pero nosotros no nos dábamos cuenta de eso, porque solo queríamos ver tombos muertos. Ya el problema vino después de que se terminó el paro”, añade Kevin.

Una vez terminado el paro, muchos de los que integraban la Resistencia Siloé siguieron trabajando para esta estructura criminal extranjera sin nombre. “Yo me quise salir, pero a ellos no se les podía tocar ese tema así de frente. Los poquitos que lo hicieron ya están muertos. Y los que quedaron se convirtieron en verdaderos cólicos (malvados) para la ciudadanía. Aquí aumentaron los asesinatos, los niveles de violencia eran una cosa de locos. Ahí reflexioné y me di cuenta de que le habíamos vendido el alma al diablo”.

Kevin logró salir del barrio en una noche lluviosa. Ahora se refugia en otro sector de la ciudad. Sale poco, solo lo necesario, porque él dice que los mexicanos están por todos lados. Y, tal como ocurrió en Siloé, también pasó en otros puntos de la capital del Valle; por ejemplo, en el sector Paso del Comercio, donde manifestantes secuestraron, torturaron y asesinaron a un patrullero de la Policía. “¿Usted cree que esa cantidad de desaparecidos y embolsados que están apareciendo ahora son de gratis? No, señor, mucho de lo que está pasando son deudas que aún se deben del paro nacional”, reflexiona Kevin.

El concejal Fernando Tamayo también cree que lo que está ocurriendo en Cali, donde han sido asesinadas más de 428 personas este año, es algo que traspasa fronteras. “Ya no son bandas pequeñas ni el pequeño microtráfico o prestamista de ‘gota a gota’, sino una ciudad que está siendo fragmentada por la lucha de poder entre bandas internacionales, como la del Tren de Aragua, los carteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa, y bandas locales al servicio del Clan del Golfo, como la de los Flacos”.​