ENTREVISTA

Deisy Guanaro asegura haber sido víctima de Sandra Ramírez: “A los 12 años me hizo desfilar frente al Secretariado en ropa interior”

En entrevista con SEMANA, la mujer cuenta su historia de dolor. Fue reclutada a los 11 años y asegura que en las filas de las FARC sufrió lo indecible.

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17 de enero de 2026, 6:12 a. m.
Sandra Ramírez y Deisy Dorelly Guanaro, víctima de reclutamiento infantil de las Farc.
Sandra Ramírez y Deisy Dorelly Guanaro, víctima de reclutamiento infantil de las Farc. Foto: SAMANTHA CHÁVEZ

SEMANA: Usted ha sido una voz muy valiente y ha puesto la cara para denunciar un crimen horrible: el reclutamiento infantil y los abusos sexuales dentro de las Farc. ¿Por qué dar el paso a la política?

Deisy Guanaro: Cuando Sofía Gaviria e Ingrid Betancourt me invitaron a unirme, me di cuenta de que era una lista con víctimas del conflicto, con quienes conocemos el dolor de la guerra y nos duele ver que nuestros victimarios gozan de impunidad mientras a las víctimas nos silencian, nos amenazan, nos estigmatizan. Entonces, dije: “¿Por qué no?”. Es hora de que las víctimas ocupen un lugar en el Congreso de la República. El proceso de paz lo que hizo fue enaltecer a criminales, regalarles curules gratis, sin pagar un día de cárcel. Y a las víctimas nos utilizaron como escudos humanos.

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SEMANA: Quiero preguntarle por su historia. ¿Cómo terminó en las filas de las Farc?

D.G.: Mi historia empieza en el año 1998. Yo tenía 11 años de edad cuando el grupo terrorista de las Farc, el frente 28, me raptó de los brazos de mi madre. Habíamos ido a las fiestas patronales del pueblo porque ya le habían reclutado a sus dos hijos menores y mi mamita pensaba ingenuamente que Dios la iba a ayudar e iba a recuperar a sus hijos. Ese día encañonaron a mi madre y le dijeron: “Venimos por la muchacha. Ella tiene el cuerpo necesario para hacer parte de nuestras filas”. Mi madre suplicaba que no me llevaran. A mí me echaron en una camioneta y me llevaron con ellos.

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SEMANA: ¿Qué recuerda usted de ese primer día en el campamento guerrillero?

D.G.: Es una historia totalmente dolorosa para mí. Yo tenía 11 años. Era una niña. No tenía ni siquiera senos, no me había desarrollado. Cuando llegué al campamento, había unos 500 hombres y al menos unas 80 niñas. Nos pusieron a nosotras en grupitos y nos llevaron a una caleta. Me dijeron: “Espere su turno”. Yo veía que las otras niñas salían llorando. Cuando me tocó pasar, me pidieron que me quitara los pantalones. El guerrillero me abrió las piernas y la guerrillera me metió como un espéculo. Y me pusieron una T de cobre. Yo no sabía qué era eso en ese momento, pero sentí que me desgarraba por dentro. Nunca nadie me había tocado. Me miré las piernas y vi demasiada sangre. Me quejé y el guerrillero me dijo: “No puede llorar, no puede gritar porque nos escuchan”. Ese fue el principio de una tortura.

Deisy Dorelly Guanaro
Sandra Ramírez y Deisy Dorelly Guanaro, víctima de reclutamiento infantil de las Farc. Foto: SAMANTHA CHÁVEZ

SEMANA: ¿Qué vino luego?

D.G.: A los ocho días llegó a mi caleta un señor como de 50 años, un viejo de esos pedófilos, y me dijo: “¿Usted sí sabe que a partir de hoy va a ser mi socia?”. Yo le pregunté qué significaba eso. Una noche me dijo que fuéramos a su cambuche. Me llevó y, obviamente, abusó de mí de la manera más asquerosa. Era un tipo desquiciado. Abusó de mí como un cerdo. Ese fue el principio de múltiples violaciones en las que me maltrató, me quebró los dedos de las manos, me dejó múltiples cicatrices en el cuerpo. Una tortura.

SEMANA: ¿La guerrilla cómo les justificaba a ustedes eso que vivían?

D.G.: Ellos, en el reglamento interno, cuando una persona civil abusa de una niña, lo asesinan. Entonces, un día les dije: “Si ustedes matan a los abusadores, ¿por qué entre ustedes mismos no se matan?”. Me amarraron a un palo ocho días hasta que me hicieron un consejo de guerra y votaron. Afortunadamente para mí, ganó la sanción y no ganó el fusilamiento. Ellos nunca daban explicaciones.

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SEMANA: Usted comenzó esta entrevista diciendo que le dolía ver que sus verdugos estaban en el Congreso. ¿A quiénes se refiere?

D.G.: Yo duré mucho tiempo en silencio y huyendo. Decidí no callar más, denunciar a mis victimarios ahora que están en el Congreso de la República. Yo fui víctima de Sandra Ramírez. La ahora senadora se llamaba en el grupo terrorista Griselda Lobo. Ella era la mujer de Manuel Marulanda, el máximo comandante en ese entonces de las Farc. Cuando tenía 12 años, me trasladaron a San Vicente del Caguán. Esta señora nos reunió a todas las niñas y nos obligó a ponernos ropa interior de color negro. Y, en dos ocasiones, nos hizo desfilar frente a todos los comandantes del secretariado. Ellos estaban borrachos, quizás también drogados. Y podían elegir a cualquiera para pasar la noche. A mí me escogió Pablo Catatumbo la primera noche. Ese viejo morboso que tanto se jacta de cátedra de moral en el Congreso de la República me abusó esa noche y a la siguiente. A Sandra Ramírez nosotros no le importábamos. Ella solo quería humillarnos para complacer a estos comandantes porque ella tenía poder. A las niñas que quedaban en embarazo, ella les practicaba los abortos.

Deisy Dorelly Guanaro
Deisy Guanaro narró las torturas y abusos que sufrió en las filas de las Farc. Foto: SAMANTHA CHÁVEZ

SEMANA: ¿Cómo pudo escapar de esa tortura?

D.G.: A mí me llevaron a los 11 años y estuve hasta los 13 años. Fui rescatada por el Ejército. Sucedió en una oportunidad en que nos llevaron al campo de batalla para enseñarnos a combatir. Realmente, éramos la carne de cañón. Mis compañeros murieron y solo yo salí viva. Me escapé y me escondí en una quebrada. Cuando dejaron de sonar los tiros, salí a caminar, me quité el uniforme. Iba sangrando; de repente sentí que me encañonaron. Les pedí que no me mataran, pero era el Ejército. Me llevaron al Bienestar Familiar.

SEMANA: ¿Cuándo pudo volver a ver a su mamá?

D.G.: Pasaron 11 años. La volví a ver cuando tenía 22. Mis papás vivían en una zona muy difícil, controlada por las Farc, y a siete horas caminando del pueblo. No había celulares ni teníamos teléfono. No podían ubicarlos. Yo ya tenía a mis hijos cuando fui a buscarlos. El miedo más grande que yo tenía en la vida era olvidar el rostro de mis papás. Cuando volví a ver a mi madre, era muy diferente. Ya no era la señora joven con el cabello negro brillante, sino una viejita, enferma, canosa, que decía que siempre viviría en silencio el dolor de perder a sus hijos. A ella las Farc le quitaron cuatro hijos. Y murió con este dolor.

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SEMANA: Usted ha tenido varios cruces en X con Sandra Ramírez. Y la Corte Constitucional emitió un fallo en el que le pidió a la periodista Diana Giraldo rectificar por llamarla reclutadora de niños, algo que ella dijo basada en su historia. ¿Cómo recibió el fallo?

D.G.: Ya no podemos decirles a nuestros abusadores que son unos criminales. Al paso que vamos, terminaremos teniendo que pedirles perdón. Le pido a la Corte que nos retire la mordaza a las víctimas. No podemos seguir siendo silenciadas mientras los victimarios gozan de impunidad. La Justicia debe escuchar nuestra voz y garantizar que la verdad y la justicia prevalezcan. Yo le tuve mucho miedo muchos años a Sandra Ramírez y a mis victimarios. Ha dicho que soy un falso testimonio, que tengo un libreto, y, como víctima, me duele. Pero también le digo a Sandra Ramírez: la niña que ustedes abusaron, la niña que ustedes torturaron, ya no les tiene miedo. Quiero contar mi verdad y no solo mi verdad, sino la de miles de niños que fuimos víctimas de abuso sexual y tortura por parte de este grupo criminal. La fortaleza me la dan mis hijos, porque quiero enseñarles que nunca hay que quedarse callados.


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