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Qué tristeza: aunque muchas veces ha sido el mejor colegio de Colombia, La Quinta del Puente tuvo que cerrar sus puertas, ¿qué fue lo que pasó?

A un mes del inicio del año escolar en el calendario B, decenas de padres en Floridablanca y Bucaramanga amanecieron sin colegio para sus hijos. La incertidumbre es total, en especial para quienes pagaron la matrícula de grado 11 y ahora no podrán cumplir el sueño de ser bachilleres de La Quinta del Puente, colegio que desde 2005 ha sido cinco veces el número uno del país, según el ranking de Dinero.


Ni en Bucaramanga, ni en Floridablanca, ni en el resto de Santander, nadie imaginó que los 15 jóvenes que se graduaron con honores, sonrisas y lágrimas propias, y en las mejillas de sus padres, la mañana del sábado 4 de junio, en el auditorio Catalina María Mutis Vivenci, serían la última promoción de La Quinta del Puente, o ‘Class 2022’ en ese colegio bilingüe, cinco veces el número uno de Colombia, según los resultados del ranking de la revista Dinero (basado en las pruebas Saber 11).Los siete hombres, de vestido azul oscuro y corbata; las ocho mujeres, de sastre blanco, camisa y falda negras.

Casi un mes después, los padres –cada vez menos–, que habían apostado todo su capital por una educación de “alta calidad” para sus hijos, amanecieron este 7 de julio sin colegio, luego de recibir por correo electrónico una carta con las que fueron notificados del cierre de la institución, que el año pasado ocupó el puesto 11 en el escalafón de Dinero, ese que desde hace 17 años consultan niños, padres y abuelos del país para sentirse ubicados, y sacar pecho si se encuentran en los primeros lugares.

Ese mismo orgullo lo han sentido quienes por varios años pagaron una matrícula mensual, sin importar los ceros a la derecha de la consignación, en la cuenta bancaria de La Quinta del Puente, todo un sueño y orgullo de un departamento que, entre sus pocas hazañas, espera año tras año el primer lugar en el podio del Icfes del colegio ubicado en la carrera 10 n.° 9-86, en el barrio Favuis, apacible sector de Floridablanca, parte del área metropolitana de Bucaramanga. Pero también un verdadero mito, al menos para quienes nacieron desde el año de la Constitución de 1991. Toda una generación.

Ese año se graduó la primera “quinta”, en términos de la Real Academia de la Lengua Española, que designó esa palabra para referirse al “conjunto de personas que nacieron en el mismo año”. En el Diccionario de Colombianismos del Instituto Caro y Cuervo, sin embargo, la palabra “quinta” tiene dos significados: “Casa con jardines y grandes espacios de terreno alrededor”, y cuando le antecede la preposición “de”, “referido a una situación inapropiada: con un entierro de quinta (de medio pelo)...”.

Este último significado jamás cobijó la leyenda de La Quinta del Puente en Santander. Fundado por el arquitecto Gustavo Salazar Gómez y la licenciada en Educación Matilde González de Medina, su actual (y quién sabe si hasta el cierre de esta edición) rectora, supuso una revolución educativa en un departamento acostumbrado a ser visto por debajo del hombro desde el interior del país.

Matilde González de Salazar, fundadora y rectora de La Quinta del Puente, cinco veces mejor institución educativa del país.
Matilde González de Salazar, fundadora y rectora de La Quinta del Puente, cinco veces mejor institución educativa del país. - Foto: Ernesto Navarro

En Santander, que hace dos semanas soñó con tener presidente de la república, ¿a qué padre de familia no le gustaría ver a su hijo graduado en el mejor colegio del país? Pero, más que un sueño, fue todo un privilegio.

Aplicaban el modelo ‘Aula invertida’ (flipped classroom), sustentado en la experiencia y eliminando el aprendizaje “memorizado”, las clases magistrales y los exámenes recitados. “El éxito de la institución se explica en que el estudiante es el gran protagonista de su aprendizaje, es él quien labra su propio camino con la guía del profesor”, dijo la rectora Matilde, en una entrevista a Vanguardia Liberal, tras ganar el Premio Mujer del Año 2011 de Santander, otorgador por el Woman’s Club de Bucaramanga.

Los estudiantes ingresan a las siete de la mañana y a las cuatro de la tarde salen las rutas para devolverlos a sus casas. Reciben tutorías cuando necesitan refuerzos. Por salón hay entre 14 y 26 alumnos, dependiendo del grado. Admiten estudiantes desde los 15 meses.

La Quinta del Puente tiene un área de 9.800 metros cuadrados, campus independiente para preescolar, primaria, bachillerato; restaurante tipo bufé, cafeterías y enfermería. También una cancha de fútbol con césped sintético, una cancha múltiple y un coliseo; laboratorios de física, química, biología e idiomas. Salones de audiovisuales, áreas de juego, piscina y una biblioteca.

Los niños cuentan con una ciudadela con supermercado, centro de salud, pizzería, banco y carpintería (juegos), con lo que desarrollan su creatividad y nutren su vocabulario bilingüe. Ir al colegio en La Quinta del Puente suponía “enfrentarse a situaciones de la vida diaria”, según una profesora jubilada, consultada por SEMANA, que por varios años trabajó en la institución. El único sacramento que preparaban a los niños era la primera comunión, tenían la opción de recibirla o no.

En total, 57 maestros conforman la nómina de docentes, al menos hasta antes de que los padres de los estudiantes recibieran el correo electrónico en el que se les informó del cierre de la institución “ante la peor crisis financiera en 45 años de historia”.

Nada hicieron los docentes las primeras 24 horas de la decisión, pese a enterarse tácitamente de que habían perdido el empleo.

“Ah, ¿es un colegio muy caro? Sí, el colegio es muy caro”, dice a SEMANA la madre de una de las últimas graduadas y de otro menor que en 2023 recibiría el título de “Bachiller académico bilingüe”. Una pensión oscila entre 2 y 2,5 millones de pesos en primaria y bachillerato, y 3 millones en preescolar. “Ese es el sacrificio por una educación de calidad”, agrega.

Como ella, otros 85 padres, los de los alumnos que hasta el pasado mes de junio contaba el plantel, se quedaron de la noche a la mañana sin colegio. En su caso, con el agravante de que para su hijo, de grado 11, “¿qué otro colegio lo va a recibir y que cumpla con la misma expectativa académica?”.

Más allá de sus resultados académicos, alrededor de La Quinta del Puente se han tejido muchas historias y rumores como los que se pueden encontrar en cualquier esquina, y en las zonas de vida social de los jóvenes bumangueses.

Que recibían educación clasista y elitista, y que algunos alumnos intimidaban profesores con solo recordarles el nombre de los padres a quienes debían dar el boletín de notas. Incluso, que para tener el primer puesto en el Icfes solo inscribían a los mejores alumnos, y a los rezagados los obligaban a presentar el examen de manera particular. “Como cuando en Cartagena escondían gente de la calle cuando venían Clinton o Bush”, es un chiste entre algunos estudiantes de la ciudad.

Muchos comentarios de ese tipo pululan en redes sociales desde que se hizo noticia nacional el cierre del colegio. “Cada uno habla de la fiesta como bailó en ella. Muchos hablan desde la herida, los que no estuvieron a la altura de la exigencia académica”, dice la madre de familia.

Aunque La Quinta del Puente ha sido considerado por lustros el orgullo entre los colegios de Santander, el Colegio Nuevo Cambridge, también de Floridablanca, emergió como una especie de competencia, ofreciendo el mismo nivel de calidad educativa. En el más reciente ranking nacional de colegios, fue este el que ocupó el primer lugar.

A pesar de la “rivalidad de patio”, algunos padres dicen que esperan que el Nuevo Cambridge pueda recibir a sus hijos.

Puede que algunos padres ni se hayan enterado del correo electrónico de La Quinta del Puente, pues los pilló fuera del país, en las primeras vacaciones en dos años, después de la pandemia. “A otras cuatro madres se les olvidó pagar la matrícula, y también amanecieron sin colegio”, dice la madre entrevistada por esta revista.

La rectora Matilde también se encuentra fuera del país, según el vigilante que este viernes asomó por la puerta, el único funcionario del colegio que ha dado la cara, pero sin saber qué decir. “Nos tomó por sorpresa”, admite. “Es una tristeza que se acabe, estoy muy amañado acá. Son muy especiales, se aprende a trabajar con disciplina”. El hombre se despidió por última vez de un alumno el sábado 4 de junio, cuando se graduaron los siete hombres y las ocho mujeres, que probablemente sean la última quinta de La Quinta del Puente.