La salud mental hoy implica desafíos apremiantes. En el foro HumanaMENTE, el expresidente Duque recordó que, en la actualidad, 1.200 millones de personas padecen algún tipo de trastorno mental y 322 millones sufren de depresión. El papel que deben cumplir los gobiernos en atender esa crisis es esencial.

El expresidente español José María Aznar narró cómo su gobierno abordó la situación y decidió que la sanidad pública se financiara directamente con impuestos. “El desarrollo del sistema sanitario español ha sido positivo, pese a las dificultades. Su nivel de calidad es alto desde el punto de vista técnico, tecnológico y profesional, y eso es algo que debemos mantener. El problema de las sociedades de bienestar del mundo desarrollado es su sostenibilidad. Hay que conseguir eso”, advirtió.

El expresidente Duque aseguró que uno de los temas prioritarios consiste en acabar con el tabú de la salud mental y plantearla en función del desarrollo de los países. “En 2018 empezamos a trabajar desde el Gobierno en una nueva concepción: poner sobre la mesa una política de salud mental e intentar integrar el sistema. Creo que fue un buen ejercicio”. El exmandatario aseguró que aún falta camino. “Hoy, menos del 2 por ciento de los recursos del presupuesto de salud se destina a la salud mental. Tampoco contamos con suficientes profesionales capacitados y la cobertura en esos servicios no es total”. Para él hay tres enfoques de trabajo: la prevención, la capacidad de atención y la manera en que la sociedad aborda el problema.
El embajador de la Unión Europea, François Roudié, aseguró que en el bloque comunitario existe claridad en que “la salud mental necesita un enfoque integral. Se debe examinar la salud mental en el trabajo, en la escuela y en la vida cotidiana. Además, hay un asunto novedoso en Europa: el impacto de la evolución tecnológica y de las pantallas sobre la salud mental. En este ámbito se han adoptado lineamientos y se han propuesto medidas en distintos países para abordar estos riesgos, especialmente para proteger a los jóvenes en las redes sociales”.

Roudié aseguró que el principal argumento que debe darse en este debate es el enorme costo económico que tiene no hacerlo. “Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), publicado en abril de 2026, estima que la mala salud mental cuesta alrededor de 76.000 millones de euros al año, equivalentes al 1,7 por ciento del producto interno bruto. Cuando vemos que la falta de atención a la salud mental puede ocasionar pérdidas de esa magnitud, cambia la ecuación. Invertir recursos para prevenir esos efectos adquiere mucho más sentido”.

Aznar se refirió a la situación que hoy vive Europa, en donde miles de jóvenes se han tomado las calles para protestar. “Hay una insatisfacción general. Vivimos en un mundo muy desordenado, caótico y lleno de riesgos. Es difícil encontrar personas que consideren que todo está bien y que las cosas funcionan correctamente. Se están produciendo muchos cambios al mismo tiempo y, en numerosas ocasiones, nos cuesta asimilarlos”, agregó.
El expresidente Duque compartió algunos datos de América Latina. Por ejemplo, la región representa poco más del 8 o 9 por ciento de la población mundial, pero concentra el 30 por ciento de los homicidios del planeta. “Somos una de las regiones más violentas del mundo y una parte importante de las víctimas y los victimarios se concentra en personas entre 18 y 25 años”.

Las explicaciones a este fenómeno son múltiples. En América Latina, más del 30 por ciento de los embarazos no son deseados. “Estamos hablando, en muchos casos, de niños que nacen en hogares con carencias de amor y atención”, agregó Duque. El exmandatario aseguró que decisiones de política pública, como instaurar la jornada única en los colegios, pueden cambiar la vida de muchas familias.
Además, llamó la atención sobre lo que denominó la “epidemia de soledad” de los jóvenes de hoy. “Si tenemos en cuenta el aislamiento que puede producir la tecnología, la soledad y la exposición permanente a estímulos que generan niveles artificiales de satisfacción para mantener a los jóvenes enganchados a un algoritmo, tenemos una combinación peligrosa”, concluyó.
