En entrevista con SEMANA Pacífico, el empresario Andrés Lozano habla sobre la reconstrucción económica de Cali tras el terremoto del 10 de agosto, la campaña Cali Florece, el llamado “método bulevar” con el que unió al empresariado de la zona, los riesgos de gentrificación que ha vivido Medellín, las heridas sociales que arrastra la ciudad y su visión de ciudad de cara a los 500 años de la capital del Valle, que se cumplirán en 2036, y su posible candidatura a la Alcaldía.

SEMANA: Hay un tema que debemos abordar sin demora: lo que ha venido ocurriendo en Cali desde el 10 de agosto, cuando lamentablemente ocurrió el terremoto que afectó gran parte de la ciudad y golpeó su economía. Ustedes, como empresarios, ¿qué están haciendo? ¿En qué está hoy la ciudad? ¿Cómo está la movida económica en la capital del Valle?
Andrés Lozano (A. L.): Yo creo que, para nadie es un secreto, Cali está herida. Hoy tiene grietas en todo su sistema económico. También tenemos una sociedad que emocionalmente está golpeada, que psicológicamente está golpeada. Muchas personas, muchos hermanos caleños, perdieron a sus familias, perdieron a sus seres queridos, y es innegable que hay una sensación de luto que envuelve a la ciudad. Pero también es cierto que, desde el ejercicio empresarial, nosotros tenemos una gran responsabilidad: la de ayudar a empujar la ciudad, a reconstruirla, porque no nos podemos quedar esperando a que se tomen decisiones gubernamentales.
Desde el ejercicio empresarial, la propuesta es que Cali vuelva a florecer, y la idea es levantarla desde lo que nosotros hacemos. Puntualmente, tenemos una campaña muy bonita que se llama “Cali Florece”. Es una propuesta de varios empresarios y estamos sumando esfuerzos porque lo que queremos, primero, es hablarles a esos colombianos que están en todo el país y decirles: vengan a Cali. Existe la idea de que “caleño compra caleño”, y eso está bien, pero los caleños se han metido la mano al bolsillo desde el día uno y han estado trabajando por ayudar a sus hermanos.
Entendemos que la caja pueda estar golpeada, así que la primera estrategia es decirle a la gente de Bogotá, Medellín y Barranquilla que se vengan hacia Cali, que comiencen a generar derrama económica. Para eso, quienes tenemos hoy toda una plataforma reconocida alrededor del turismo y de la cultura debemos aprovechar el trabajo que hemos hecho durante todos estos años movilizando artistas, movilizando gente, ganándonos un espacio en el corazón de los colombianos, porque no solo nos reconocen en Cali: hoy tenemos un producto altamente reconocido, y la idea es que la gente venga y nos apoye. Más allá de las ayudas y las donaciones, que son muy necesarias, es cierto también que los caleños están ávidos por trabajar. Es una sociedad tremendamente trabajadora y lo que hoy quiere es eso: que la gente venga, que consuma.

Entonces, “Cali Florece” tiene, primero, esa estrategia que busca que la gente venga a Cali. Segundo, estamos trabajando en una idea para que cada establecimiento se sume con un producto “Cali Florece”. Y también tenemos una página web donde vamos a crear un centro comercial digital con locales que les vamos a regalar a algunos emprendedores y empresarios que hoy no tienen una sede física, para que puedan subir sus productos y comenzar a movilizar la economía de manera digital.
SEMANA: Hay un punto muy importante que tocaste al inicio de esta entrevista: que Cali está herida. Esa es una imagen que se ha proyectado a nivel nacional y que ha calado mucho en la psiquis del país. Hoy el país piensa que Cali está totalmente apagada, que la rumba, que la zona nocturna, están totalmente apagadas. ¿Cómo está hoy el tema de la economía nocturna en Cali?
A. L.: Ciertamente hemos venido en un avance, en una senda de recuperación. Durante la primera semana (tras el terremoto) tuvimos el cien por ciento de caída en ventas, y paulatinamente hemos incrementado entre un 10 y un 15 por ciento. Sin embargo, si revisamos las cifras generales, resulta que en el Valle del Cauca hoy hay 16.000 empresas golpeadas, y de esas 16.000, el 98 por ciento son pymes, empresas pequeñas y medianas. Entonces hoy lo que necesitamos es comenzar a mover todo ese aparato productivo.
Ciertamente, desde Jacaranda, o el sector del centro de Cali, no tuvimos mayores afectaciones comparado, por ejemplo, con el centro de Pereira, que sí las tuvo, y eso nos permite seguir dinamizando esa zona de la ciudad. Hoy lo que deberíamos pensar es cómo ese ejercicio empresarial puede ayudar en los procesos de reconstrucción, por ejemplo, de vivienda. Cómo hacemos, a partir de los ejercicios empresariales, que son tremendamente necesarios, apalancados además de algunos instrumentos que hoy hacen falta desde los distritos y desde el Gobierno Nacional, para acelerar el proceso. Porque si seguimos dejando pasar el tiempo, nos estamos acercando a una bomba económica que puede generar una segunda crisis, más allá del terremoto.
SEMANA: Andrés, usted es uno de los empresarios más respetados de Cali, con una visión de ciudad muy amplia, y esa visión le ha permitido liderar muchas iniciativas en pro de la economía caleña. Desde su visión de ciudad, ¿por dónde debería empezar esa reconstrucción tan anhelada que ya se anunció en Cali?
A. L.: Son varias líneas. Lo primero es que, desde los gobiernos, no podemos seguir administrando la tragedia, porque una cosa es administrar la tragedia a partir de la solidaridad de los caleños y los colombianos, y otra muy distinta es gerenciar la reconstrucción. Eso es tremendamente importante que los dirigentes lo entiendan, independientemente de conceptos ideológicos o políticos: hoy necesitamos gerenciar la reconstrucción, y eso nos obliga, primero, a establecer líneas de funcionamiento muy rápidas.

Creo que se perdió tiempo en la administración, justamente porque, mientras ellos estaban atendiendo la emergencia, a veces uno veía a un dirigente cargando una caja, en realidad el dirigente debía estar organizando sus equipos, revisando qué plata tenían las secretarías para ponerla a pelear contra el terremoto y comenzar a establecer estrategias de ayuda lo más pronto posible. Ahora, luego del anuncio del Fondo Milagro y de los 11 decretos que se expidieron, hay que meterle celeridad al asunto, porque lo que se va a necesitar primero son ejercicios de reconstrucción rápida: revisar qué está pasando con las empresas, porque no todas necesitan la misma ayuda. Doy un ejemplo: hay empresas a las que se les cayó el nivel de ventas, es decir, los clientes no están llegando, como está sucediendo en Cali. Esa es la respuesta que queremos dar con “Cali Florece”, que la gente regrese a la ciudad para reactivarla.
Pero puede haber otras empresas que perdieron sus inventarios, y que con 5 o 10 millones de pesos pueden volver a arrancar, como puede haber otras que perdieron maquinaria. Ahí hay que utilizar instrumentos precisos para cada tipo de empresa, para volver a movilizar la situación empresarial en la ciudad.
Hay otra discusión que también hay que dar y que no se dio en su momento: cómo podíamos ayudar a controlar el alza de precios en los arrendamientos. Eso pasó y pudo haberse controlado con un instrumento que la administración no tuvo en cuenta, hasta que entró en juego la especulación, que es un ejercicio normal de oferta y demanda: cuando hay mucha demanda, lo que se hace es encarecer el valor de la oferta.
Ese instrumento no existió, y pasamos de arriendos de un millón 500 mil pesos a dos millones 500 mil pesos, de inmediato, por la necesidad de la gente. Entonces, lo que viene ahora es que nosotros podamos, desde el ejercicio de gobierno, plantear esas líneas, pero también hay que hacer un ejercicio empresarial. Y ese ejercicio empresarial implica entender una visión que yo apliqué con el método que llamo “método bulevar”: lograr unir a distintos empresarios, cada uno quizás con visiones distintas, pero que, cuando te sientas con ellos, cuando sales de la oficina, sales del escritorio, vas a la calle y conectas con el territorio, logras algo. Cuando llegamos al bulevar, por ejemplo, cada uno sonaba con un sonido distinto, casi en competencia.
El bulevar es un sitio de una brisa maravillosa, y cuando las personas llegan a Cali, es un paso obligado. Son 1.100 metros y por debajo tenemos el túnel más largo de uso urbano que hay en Colombia. Tiene una característica especial: recibe el viento que viene de los farallones, entonces hay una visión enmarcada desde Cristo Rey hasta La Ermita, con unas tardes de brisa maravillosas.
A través del método bulevar, lo que hicimos fue tomar un espacio al que los políticos iban a tomarse fotos, por el que todo el mundo pasaba, pero por el que nadie hacía nada. Tenía situaciones de microtráfico, de proxenetismo, a veces riñas. Cada vecino funcionaba como una isla independiente. Lo que hicimos fue ir a hablar con ellos, entender qué le interesaba a cada uno, qué me interesaba a mí, y cómo triangulábamos esos intereses.
Esa triangulación nos permitió unirnos, y el mensaje que he querido mandarles a los caleños es que el camino es ese: la unión. La unión empresarial implica cosas como “Cali Florece”, pero también implica transformar la visión de ciudad, porque Cali dejó de ser una ciudad fuertemente industrial y se convirtió en una ciudad de servicios. Eso implica que tenemos que estar siempre listos para recibir a la gente, y eso solo se logra a través del ejercicio de la unión.
El método bulevar logró transformar ese espacio y convertirlo en el más importante turísticamente, no solo de Cali, sino de Colombia. No hay un espacio como el bulevar del río en ninguna otra parte del país, ni siquiera en América Latina. No existe una fiesta de salsa que se haga cada ocho días en ninguna otra ciudad de la región; eso solo sucede en Cali, y es un gancho que queremos potenciar, para mostrarle a la ciudadanía que es a través de la unión como podemos avanzar.
SEMANA: Ya que toca el tema de Medellín, ¿cómo hacer para no caer en un escenario de gentrificación y también en un escenario de trabajo sexual abierto a gran escala, como el que está ocurriendo en esa ciudad, sobre todo en el Parque Lleras, que ya es un escenario supremamente preocupante?
A. L.: Yo creo que, primero, culturalmente somos diferentes. El ejercicio del bulevar entendió que la gente va a disfrutar del espacio público y se apropia de él. Ahora bien, no hay que negar que existen externalidades negativas que se pueden sumar a todo esto, y ahí es donde las autoridades tienen que trabajar de la mano.
Mi invitación siempre ha sido a que la administración abrace este proceso, independientemente, y quiero ser muy enfático en esto, de cualquier diferencia ideológica que pueda existir, porque el progreso de Cali no tiene ideología. Hoy, a la gente no le importa si uno es de izquierda o de derecha; lo que le importa es quién pueda gobernar esta reconstrucción, independientemente de su sesgo ideológico. Pasa lo mismo con ese espacio: independientemente del empresario que esté liderando la situación, lo que tiene que haber es un acompañamiento institucional que ayude, primero, a delimitar el espacio, a cuidarlo, porque las autoridades tienen las capacidades operativas, de inteligencia y de seguridad para revisar, por ejemplo, cuando una banda de microtráfico llega a adueñarse del espacio, o cuando llegan proxenetas, o personas que se dedican al cosquilleo.
Necesitamos una estrategia integral, de 360 grados, que permita conectar todos los servicios que hoy prestan los empresarios, que lo hacen de corazón —aunque, claro, también hay un negocio detrás—. Pero hoy hay una realidad: a mí la administración no me ha dado cien pesos para desarrollar este proyecto, y la invitación es a que se sume, a partir de sus propias capacidades, para evitar cualquier externalidad negativa.
SEMANA: En los últimos seis años, Cali ha vivido una serie de hechos históricos: tuvimos una pandemia, un estallido social en el que la ciudad fue protagonista, con muchos bloqueos y un golpe a la economía, pero también con muchos jóvenes que murieron y otras personas que resultaron afectadas. Tuvimos una posesión presidencial, que también es un hecho histórico para esta ciudad, y tuvimos un terremoto. Cada uno de esos escenarios ha dejado heridas abiertas en la sociedad. Usted me hablaba de unión, pero a medida que uno ve cómo se mueve el panorama en Cali, lo último que uno piensa es que esta ciudad esté unida ideológicamente. Es una ciudad bastante compleja, bastante dividida. Entonces, ¿cómo hablarle de unión a una ciudad que todavía no ha cerrado heridas abiertas, como las del estallido social?
A. L.: Yo creo que todo tiene que ver con los liderazgos. Tenemos una situación en la que los liderazgos se afincan en alguna esquina ideológica y no logran conducir al pueblo, que finalmente es a quien están gobernando, hacia un ideal superior.Te lo digo desde mi caso: yo soy empresario y creo en el capitalismo, pero creo en el capitalismo social. Cuando uno cree en el capitalismo social, la cosa es muy sencilla: quiero generar riqueza, quiero que a las empresas les vaya bien, quiero que sean prósperas. Si a mí me escucha un empresario que quizás vive en la comuna 22 o en la comuna 2, va a entender lo que le estoy diciendo, porque va a decir: “sí, yo también quiero progresar, quiero que me vaya bien”. Pero, del otro lado, tengo en cuenta que, para que a mis empresas les vaya bien, a los trabajadores también les tiene que ir bien, porque esa sensibilidad social de una empresa no tiene que pelear con la capacidad de administrar ni con la justicia social. Cuando uno logra integrar ambas cosas, cuando logra hibridarlas, comienza a guiar de mejor manera.

Hemos tenido líderes que se afincan en esquinas ideológicas y lo que hacen es mover a la ciudad de una esquina a la otra, y terminan tensionándola. La invitación es a que los líderes que quieran gobernar la ciudad entiendan que están gobernando para los empresarios, para los trabajadores y para una clase media que hoy, por ejemplo, es la más golpeada —esa clase que muchas veces vive del día a día—. Ahí hay que dar esas discusiones. Ese es el tipo de liderazgo que va a terminar rompiendo esa tensión: el que dice “yo creo en la empresa, quiero que a usted le vaya bien en la empresa, y quiero que al trabajador también le vaya bien”.
SEMANA: ¿Cómo hacemos para juntar esas dos ideas?
A. L.: Aquí hay un ejercicio que no es de carreta, un ejercicio que demuestra que empresarialmente nos puede ir bien y que al trabajador también le puede ir bien, si sabemos trabajar ambas cosas de la mano.
SEMANA: ¿Cuál es su visión de ciudad?
A. L.: Yo creo que debemos proyectar a Cali hacia el año 2036. En una década vamos a cumplir 500 años, y eso va a ser otro hecho histórico. En esos 500 años debemos pensar cómo ponemos a la vanguardia distintos temas. Si uno piensa, por ejemplo, en el mito fundacional de Cali, la ciudad fue precursora en el proceso de independencia. Ese es un hecho histórico que nos amarra a esa idea progresista y rebelde de una ciudad que dijo “yo me quiero quitar a esos de encima, yo quiero avanzar”, e hizo ese ejercicio precursor de la independencia. Luego tuvimos una ciudad que se adelantó mucho en el ejercicio de la industrialización: en 1915 llegó el ferrocarril, comenzamos un proceso de industrialización y nos convertimos en una ciudad que recibió a mucha gente que estaba escapando de la violencia.
Por eso uno habla con muchos amigos que nacieron en Cali, pero cuyos abuelos son del Huila, del Tolima, del Cauca, de otras partes, porque estaban escapando de la violencia, y fue Cali esa ciudad, como Cristo Rey, de brazos abiertos, que los recibió a todos. En esa grandeza, la ciudad siguió avanzando: tuvimos los Juegos Panamericanos, y en ese ejercicio creo que tuvimos un momento de pausa y dejamos de pensar en grande.
La visión ahora es que nosotros nos volvamos a reconocer, primero, en el acervo cultural que tenemos: nuestra cultura es tremendamente poderosa porque termina acrisolando una cantidad de culturas y subculturas que dan como resultado una cultura mucho más fuerte. Somos gente tremendamente amable; el clima nos permite tener también una manera de trato muy distinta a la de ciudades más frías del país.Lo que debemos pensarnos no es si queremos el semáforo arreglado o el hueco tapado —eso es una obligación del Estado, del distrito—.
Debemos pensar cómo vamos a conectar el aeropuerto con Cali a través de un tren, cómo vamos a crecer y desarrollarnos alrededor del río, cómo vamos a hacer crecer nuevamente las empresas de vanguardia, cómo vamos a lograr que las empresas públicas funcionen. Por ejemplo, aquí en Cali hay una empresa que tiene un cable submarino que no está utilizando, del que debería estar sacando provecho. Cómo hacemos para recoger esa cantidad de elementos y poner a una gente tremendamente trabajadora a hacerlos funcionar. Ahí está el hilo conductor: no podemos tener ideas por un lado y gente por el otro; tenemos que combinar ambas cosas, y ese es el ejercicio de liderazgo que le hace falta a Cali.
SEMANA: Bueno, aquí lo presentamos como empresario, pero creo que me quedé corto en la presentación: ¿también lo presento como posible candidato a la Alcaldía de Cali? ¿En algún momento le interesaría aspirar a dirigir esta ciudad?
A. L.: No voy a negar que en algún momento me he soñado dirigiendo los destinos de mi ciudad. Creo que lo que he tratado de hacer durante todo este tiempo es trabajar por la ciudad, transformar los espacios, porque he tenido críticos que han dicho que el bulevar del río se utiliza para hacer política. Y yo tendría que decir: esto empezó desde que yo tenía un ejercicio empresarial, incluso antes del bulevar, con mis empresas de publicidad. En plena pandemia pusimos vallas al servicio de la gente para que los emprendedores pudieran promocionar sus empresas y sus marcas, para decir “así estemos en covid, la ciudad está viva, no estamos encerrados”.
No es un secreto que todo este trabajo tiene que servirle a la ciudad. Por el momento, lo que estoy haciendo es un ejercicio de ayudar a Cali, de promoverla, de ayudarle a transformarse, y si en adelante este ejercicio nos va llevando hacia un liderazgo, porque la gente lo está entendiendo así, no porque yo lo esté diciendo, sino porque el ruido que genera el trabajo de uno la gente lo escucha y dice “aquí hay alguien que está trabajando, que quizás no pertenece a los liderazgos tradicionales y que tiene un mensaje que yo no había escuchado”, ahí es donde deberíamos enfocarnos. Pero, más allá de una candidatura, se trata de seguir trabajando por la ciudad.
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