SEMANA: Usted fue una de las personas que ha estado en la campaña de Abelardo de la Espriella desde el inició. ¿Qué vio en el tigre?
Sergio Araujo: Yo no llegué a la campaña. Yo conozco a Abelardo de la Espriella hace 20 años. Hemos sido amigos cercanos. Lo he conocido en todas sus facetas y he vivido junto a él episodios muy diversos. Lo conozco bien y tengo claras sus condiciones excepcionales.

Durante mucho tiempo, varios amigos comenzamos a decirle que él era la persona indicada para abanderar una causa con una ideología definida, no necesariamente de derecha ni de centro, sino alrededor de conceptos como el imperio de la autoridad para imponer seguridad, y esa excepcional capacidad de lograr metas que lo caracterizan.
SEMANA: ¿Cómo explica el fenómeno en el que se ha convertido esa candidatura?
S.A: Abelardo es un fenómeno en todos los escenarios en los que ha irrumpido. Cuando entró al derecho penal, no existía un abogado con sus características: tan mediático, tan efectista en sus frases, que le diera tanta importancia a la apariencia como al contenido y que, además, tuviera la profundidad argumentativa necesaria para que las formas no desdibujaran el fondo de sus razonamientos. Al mismo tiempo, sabía revestir esos razonamientos de una presentación adecuada. Abelardo generó un fenómeno en el derecho.

Cuando uno llega a los juzgados de todos los rincones de Colombia, encuentra cientos, por no decir miles, de abogados que han copiado o emulado su estilo. Van de chaqueta a las cortes, sin importar si es tierra caliente, se esmeran en vestirse bien, adoptan su estilo y hacen de la oratoria la herramienta fundamental. Antes estábamos acostumbrados a un derecho completamente escrito, lleno de memoriales. Luego el sistema oral cobró plena vigencia y figuras como Abelardo, junto con quienes han seguido su ejemplo, contribuyeron a consolidarlo. Hoy la mayoría de abogados jóvenes a lo largo y ancho del país, han emulado ese estilo. En todos los demás ámbitos de la vida en los que Abelardo ha irrumpido ha sido también disruptivo. Es un tipo que, en todos los sectores, se convierte en un fenómeno.
SEMANA: ¿Qué otros sectores?
S.A: Cuando fue columnista, sus columnas daban de qué hablar. Llegó rápidamente a ser el columnista más leído de El Heraldo. Su última columna en ese diario proponía que la única manera de sacar a Maduro era por la fuerza, incluso si eso implicaba quitarle la vida. Con el paso de los años, los hechos demostrarían que tenía razón al considerar que esa era la única salida para Venezuela. En todos los ámbitos de la vida, Abelardo ha sido una persona distinta, alguien que ha roto los moldes. En la política no podía ser diferente.

SEMANA: ¿Cómo es su estilo de liderazgo?
S.A: Él combina la microgerencia muy rigurosa en la verificación de las metas de aquello que delega, con la capacidad de asignar funciones específicas a las personas adecuadas para cada tarea. La campaña de Abelardo es una muestra perfecta de lo que será su gobierno. En ella no hay una persona dedicada a cincuenta cosas, sino cincuenta personas, cada una con una tarea específica que debe cumplir al pie de la letra. Abelardo es un hombre que no suele dar segundas oportunidades cuando se trata de la ejecución de tareas. La gente que trabaja con él hace las cosas bien o deja de hacerlas. No permite remiendos ni trabajos a medias. Con él, las cosas tienen que ejecutarse eficazmente. Es un hombre de resultados inmediatos. La dinámica con él es simple: meta y resultado. Y si el resultado no es bueno, la persona encargada de obtenerlo sale y entra otra que sí sea capaz de conseguirlo.
SEMANA: ¿Qué tan grande es la campaña?
S.A: La campaña de Abelardo se planificó en lo administrativo, en lo comunicacional, en lo estratégico y en la dimensión del gasto y de la ejecución de los protocolos que conducirían a los resultados, todo de una manera absolutamente milimétrica. Y todo se ha cumplido también de manera precisa. Hay tres personas totalmente responsables del éxito de la campaña: el gerente, que es el gran ejecutor de todas las ideas, Joaquín Gutiérrez; el estratega y planificador de toda la penetración comunicacional, Carlos Suárez; y el cerebro inspirador de todo, que decide qué va y qué no va, que es Abelardo de la Espriella. Todas las demás personas de la campaña son ejecutoras de lo que estas tres personas definen.
Luego está el componente político, cuya responsabilidad Abelardo le entregó a Mauricio Gómez Amín, quien, en mi opinión, la ha desempeñado de manera ejemplar y se ha revelado como una estrella en la misión de cohesionar las distintas facciones dentro de una filosofía novedosa para la política colombiana: hacer política sin depender de los políticos tradicionales, mediante una comunicación directa con el pueblo. Ese ha sido uno de los grandes éxitos del modelo de conexión popular diseñado por Carlos Suárez inspirado en la versatilidad y talentos del candidato.

SEMANA: ¿De todo este fenómeno que se vive qué cosas han sido obra de Suárez?
S.A: Carlos Suárez es, sin duda, el estratega revelación de los últimos años, porque ha logrado concretar en cifras crecientes lo que proyectó desde el principio. La campaña empezó siendo un puñado de personas; luego fueron quince, después cuarenta, luego cincuenta, después cien y hoy son miles. Ya somos millones. Por ahora 10.361.000 y probablemente el 21 de junio estaremos alrededor de 14 millones.
SEMANA: Ya que habla de estrella, una gran revelación ha sido José Manuel Restrepo. ¿Cómo se consolidó esa dupla?
S.A: José Manuel es una estrella en sí mismo, un hombre que ha sido rector de varias de las mejores universidades del país no necesita muchas más credenciales. Su desempeño como ministro en el gobierno de Duque fue extraordinario en las dos carteras que ocupó. Con Abelardo tiene una simbiosis perfecta. Son totalmente compatibles. Cuando están juntos en entrevistas, programas o jornadas de trabajo, ya sea en la oficina o en la calle con la gente, la compañía del uno saca lo mejor del otro y viceversa. Parecen dos personas que hubieran nacido para asociarse o para emprender proyectos juntos. Abelardo, cuando está con José Manuel, muestra la mejor versión de sí mismo, y José Manuel también, porque cada uno le aporta al otro aquello que necesita como complemento. Son un yin y un yang. En la política lo han sido y estoy completamente seguro de que también lo serán en el gobierno.
SEMANA: ¿Usted cree que Abelardo de la Espriella ha buscado tomar el modelo Trump? ¿Cree que en algo se parecen?
S.A: Se parecen en que ambos son personas de grandes resultados y en que ambos han tenido el éxito como derrotero, se asemejan en el propósito común de querer triunfar. Aparte de eso, no se me parecen. Y lo voy a decir sin pudor: Abelardo tiene una formación profesional, humanística y filosófica infinitamente más completa que la de Donald Trump. Es muy bien formado, mucho mas culto. Ahora bien, tienen similitudes funcionales: ninguno de los dos tolera la mediocridad y ambos están enfocados en los resultados.

SEMANA: ¿Abelardo es como el colombian dream?
S.A: No. Abelardo es un hombre capaz de solucionar problemas que Colombia no ha podido resolver durante mucho tiempo, por falta de determinación de sus líderes. Es una persona que no le tiene miedo a asumir costos cuando considera que una acción es necesaria. No tiembla ante los riesgos. Está dispuesto a asumirlos todos si cree que son indispensables para hacer lo correcto. Es un hombre muy determinado y estoy seguro de que muchas de esas acciones contundentes nos llevarán, con el tiempo, a alcanzar la “Patria Milagro” que es la promesa de valor de la campaña. Por eso no hablaría de un “Colombian Dream” ni de un sueño colombiano. Se trata más bien de una nación tan bien liderada, que seamos todos capaces de dar un giro radical que cauce ese milagro de progreso, orden y crecimiento que anhelamos.
SEMANA: Usted es muy cercano a Álvaro Uribe y, de hecho, es fundador del Centro Democrático. ¿Cómo están las relaciones entre su candidato y el exmandatario?
S.A: Abelardo y Uribe tienen condiciones de liderazgo muy distintas, pero de grandes dimensiones. Cuando Abelardo llegó a la política, trató con mucha ilusión de hacer política con Uribe dentro de aquellas ideas que eran comunes a ambos, que no son todas. Abelardo y Uribe no son iguales ni ven el Estado de la misma forma, pero sí comparten un número importante de ideas. Sin embargo, yo creo que Uribe no creyó que Abelardo fuera capaz, primero, de desplegar el nivel de penetración social que ha logrado en los estratos 1 2 y 3, Tampoco creo que hubiera imaginado la capacidad organizacional que posteriormente demostró. Hoy en día, la campaña del Tigre es infinitamente más organizada, más estructurada y funcionalmente más eficiente que el propio Centro Democrático, a pesar de la ya larga historia del uribismo. Y eso se ha logrado bajo la dirección de un hombre que concibe todos sus proyectos dentro de una organización milimétrica, donde las cosas tienen que funcionar. El Centro Democrático y la campaña de Paloma fueron una debacle organizacional, mientras que la campaña de Abelardo ha funcionado, si se quiere, como Microsoft o como la NASA. Todo opera de manera absolutamente precisa. Sin perder de vista que mas que a una campaña, se le ha dado gran funcionalidad al surgimiento de un fenómeno popular inédito en los últimos 70 u 80 años en Colombia.

SEMANA: Ustedes han hecho campaña en medio de graves condiciones de seguridad. ¿Cómo cuidan la vida del candidato?
S.A: Una parte es provista por el Estado, es decir, por la Policía y la Unidad Nacional de Protección. Pero la mayor parte depende del equipo de seguridad que él siempre ha tenido, encabezado por una persona de su absoluta confianza. Hoy en día cuenta con una organización de seguridad grande, financiada principalmente por él mismo, que implementa una cantidad de controles que yo no he visto desplegar en ningún otro esquema de seguridad. Además, existe una monitorización muy estricta por parte del gobierno de los Estados Unidos y se ha recibido apoyo vital que agradecemos profundamente. Hoy el mayor riesgo no es perder las elecciones, sino que atenten contra la vida del candidato.
SEMANA: ¿Han tenido información de gravedad sobre posibles atentados?
S.A: Sí. Hemos sabido de planes que se han fraguado y que, gracias a la inteligencia nacional e internacional, hemos logrado conocer y prevenir. Se han cambiado rutas, fechas y lugares. Se han tomado numerosas medidas preventivas que han evitado que se materialicen esos planes. No tenemos ninguna duda de la seriedad de esas amenazas porque contamos con verificaciones muy precisas sobre lo ocurrido. Hoy la seguridad de Abelardo está a cargo de la campaña bajo la excelente gestión de Joaquín Gutiérrez, quien es el gerente de la campaña.
SEMANA: ¿Usted cree que ganan las elecciones?
S.A: Estoy totalmente seguro de que el 7 de agosto Abelardo se posesionará como presidente y de que el 21 de junio le ganaremos a Iván Cepeda por un margen que será superior a dos millones de votos.

SEMANA: ¿Qué papel tendrá usted en el gobierno? ¿Han hablado de eso con Abelardo?
S.A: Estoy seguro de que voy a hacer exactamente lo que quiero hacer: seguir siendo su amigo y seguir teniendo la posibilidad de decirle la verdad. Los presidentes suelen rodearse de comités de aplausos. Eso ocurre siempre alrededor de cualquier corte. La gente que rodea a los gobiernos, así como la que rodeaba a los reyes, emperadores y dirigentes de todas las épocas, termina convirtiéndose en una corte en la que todos buscan la mayor cercanía posible para influir o beneficiarse.
Lo que yo quiero es conservar con Abelardo la misma amistad horizontal que hemos tenido toda la vida y que me permita decirle siempre la verdad. Porque creo que tiene la madurez y la humildad necesarias para escuchar. Además, estoy seguro que su inteligencia emocional no le dejará caer en la sordera de la vanidad, como sí les ha ocurrido a muchos presidentes…
