Cada vez que puede, Abelardo De La Espriella habla de la Universidad Sergio Arboleda, el lugar donde permaneció casi nueve años de su vida y donde se convirtió en abogado en 2000 y, seguidamente, magíster en Derecho.

Lo hizo durante la campaña presidencial cuando visitó en mayo de 2026 la sede central de la universidad y, junto al busto de Álvaro Gómez Hurtado, uno de los fundadores de la alma mater, prometió una “causa superior” para defender la Constitución de 1991. Y volvió a repetirlo en su primer discurso de triunfo, cuando derrotó en las urnas a Iván Cepeda por casi 250.000 votos el pasado domingo 21 de junio. Ese día exaltó el legado de Rodrigo Noguera Laborde, otro fundador de la Sergio Arboleda y quien dirigió algunas de sus clases en el pregrado.

SEMANA buscó a cuatro docentes de De La Espriella y obtuvo algunas de las experiencias del segundo egresado de la universidad en convertirse en presidente en menos de una década: el primero fue Iván Duque Márquez.
“Son dos presidentes en tres elecciones. Es un motivo de orgullo enorme”, dijo el secretario general de la universidad, Juan Carlos Cárdenas, coordinador de la maestría en Derecho que cursó y aprobó De La Espriella.

El paso del nuevo presidente por la Sergio se partió en dos: uno, cuando aterrizó de Montería y se convirtió en uno de los jóvenes más populares de la alma mater. Amante de los vallenatos, elocuente, crítico, con una voz fuerte y determinante. Y dos: cuando asumió, con más madurez por el paso de los años, la primera cohorte de la maestría en Derecho, en el segundo semestre de 2006. Era abogado, tenía su equipo de juristas, una oficina en el norte de Bogotá y su nombre empezaba a sonar en los medios por sus luchas como penalista.
Juan Carlos Cárdenas recordó al entonces estudiante como activo y proactivo. E informó que, contrario a lo que ocurre con muchos estudiantes universitarios, De La Espriella batió récord en su graduación de magíster. Terminó sus materias y de inmediato radicó su tesis de grado, una modalidad de la que escapan muchos estudiantes por la complejidad.

El documento, con más de 500 páginas, lo evaluaron el entonces rector Rodrigo Noguera –a quien políticos como De La Espriella, Iván Duque y Enrique Gómez Martínez, entre otros, recuerdan–, el exregistrador nacional Carlos Ariel Sánchez, quien fue director de la maestría en Derecho en el momento, y el investigador Camilo Guzmán Gómez.
“Se la jugó con una tesis que no era fácil en el nivel de maestría; su trabajo fue bien valorado”, narró Cárdenas. Wilson Ruiz, exministro de Justicia, fue su director de tesis y su trabajo de grado buscó la reglamentación de la tutela de sentencias judiciales, un tema de moda en 2009, cuando el Tigre aprobó su trabajo de grado, seis meses después de culminar la aprobación de sus materias.

“Me devuelvo casi 20 años para hablar de la tutela contra sentencias judiciales y un tema que también estaba sufriendo mucho en la época, la oralidad en el contencioso administrativo. Y su tesis terminó con una propuesta de reforma a la administración de justicia. Actualmente, ese sería un asunto importantísimo que, como presidente, podría asumir y tiene todo el conocimiento teórico de la época”, contó Cárdenas.
El exministro Wilson Ruiz confirmó esa versión. “El documento se corrigió poco. Yo le dije: ‘Hombre, Abelardo, este es un buen trabajo de tesis, me gustaría que te hicieran una mención honorífica. Él creyó. Trabajamos muchos días en la tesis porque mi oficina quedaba en el mismo sitio que la de él, y lo logró”, narró.

Ruiz confesó que desde que identificó a Abelardo en las aulas de clase, supo que estaba hecho para grandes cosas. “Abelardo es diferente. Llevo 25 años en la academia, pero lo identifiqué apenas lo vi. Siempre ha sido muy despierto, avispado, muy inteligente. Siempre me decía maestro”, afirmó. Desde ahí siguen conectados y comparten tesis y propuestas para el sector justicia, como megacárceles, blindaje de la fuerza pública, entre otros.
El exregistrador Carlos Ariel Sánchez, entonces director de la maestría en Derecho, recuerda al presidente electo como estudiante independiente y con criterio. “Logra lo que se propone. Le gustaba leer, estudiar. Siempre vi que tenía vocación para ser un gran abogado y presidente”, resumió.

De La Espriella escribió y sustentó solo su tesis. “Estuve en la sustentación de su tesis. A algunos estudiantes les devuelven sus trabajos muchas veces y eso no ocurrió con él”, recordó el docente Juan Carlos Cárdenas. Desde esa época mostraba dotes de un tigre: era elocuente, tenía el don de la palabra y defendía a capa y espada sus tesis ante académicos y estudiantes.
Nunca perdió una asignatura en su maestría en Derecho y su promedio, según los registros de la Sergio Arboleda, supera el 4.0. Incluso, hay asignaturas cuya calificación alcanzó el 5.0.
El mandatario electo se destacó en su maestría en Derecho Administrativo, especialmente en la materia denominada Cuestiones Actuales del Derecho Administrativo. También en derecho comparado, una asignatura en la que se analizan las diferencias entre las leyes colombianas y el resto del mundo.
Según el registro de notas que tiene la familia, sacó como calificación 5.0 en Introducción al Estudio del Derecho Norteamericano. Igual nota consiguió en Teoría General de la Contratación Estatal y Aspectos Económicos. En Derecho Político, Económico y Constitucional, también le fue bien. “Fue un estudiante destacado en su maestría”, aclaró Cárdenas.

En derecho penal, Abelardo obtuvo buenos resultados como estudiante, pero en la Sergio Arboleda siempre lo vieron como un abogado experto en constitucional y administrativo.
Del pregrado en Derecho, hay varias anécdotas de Abelardo De La Espriella. En los pasillos de la Sergio Arboleda recuerdan su voz líder, sus discursos más inclinados hacia la política y actualidad del país y la cercanía con los docentes. Un maestro, quien pidió reserva de su identidad, recordó al Tigre junto a una promoción de jóvenes costeños que llegaron a Bogotá a estudiar leyes. “Cuando estudiaban, estaba Roberto Camacho, el congresista del Partido Conservador, quien falleció hace 20 años. Y él propuso a estos chicos para que fueran ediles de Chapinero, en Bogotá. No salieron. No consiguieron votos”, narró en medio de la risa.
El vicerrector de la Sergio, Germán Quintero, recordó al presidente electo como un estudiante cumplidor, inteligente, con un manejo de su voz y un discurso propio, según describió. “Muy inteligente, sagaz, siempre ha tenido voluntad de hacer cosas difíciles y las ha conseguido, incluso aquellas que otros no se atreven a intentar”. Recordó que, contrario a algunos de sus compañeros, se graduó como abogado y conformó, de inmediato, su bufete De La Espriella Lawyers. “¿Cuántos abogados ha graduado la universidad? Muchos. ¿Y cuántos han logrado eso? Pocos”, respondió. Era cumplidor. Y a la vez festivo. El hoy vicerrector no tiene claro si el entonces joven costeño ayudó, en su momento, a impulsar a artistas. Abelardo De La Espriella puso a desfilar y a cantar a varios músicos vallenatos por los pasillos de la Sergio. En la universidad recordaron a Iván Villazón y a Silvestre Dangond.

El hoy presidente no era un estudiante nerd, pero sí práctico, estratégico, crítico, un hombre que iba más allá de las lecturas y con muchas inquietudes. “Hay unos nerds a quienes les fue muy bien en la universidad y uno se pregunta qué hicieron en la vida, y muchos son ratones de biblioteca, pero no presidentes. Cada cual es muy bueno en lo suyo”, resumió otro maestro, quien pidió omitir su identidad.
El maestro José Vicente del Castillo también coincidió en que De La Espriella llegó a la universidad muy joven, proveniente de Montería. “Se hacía notar entre sus compañeros, era el centro de atención. Siempre tuvo liderazgo”, concluyó.
