SEMANA: ¿Cuándo saltó del petrismo al abelardismo?
CAROL BORDA: En campaña contaba que venía del petrismo y nadie podía entender por qué encabezaba la lista del abelardismo a la Cámara en Bogotá. Hubo una causa que me llevó a cambiar de opinión. Vengo del barrio Santa Fe, en Bogotá, donde hay una zona de tolerancia, microtráfico, el tipo de bandidos que el presidente Abelardo De La Espriella nos expuso esta semana en medio de las capturas. Estudié en un colegio público y un maestro me insistió en que tenía que estudiar en la Universidad Nacional. Él formaba parte de Fecode y me enseñaba el capitalismo. Nunca me explicó que era un sistema económico, siempre me dijo que era un sistema de explotación del hombre y hacia el hombre. Veía en mí un liderazgo y me motivó para ingresar a la Nacional. Fue una meta. Llegué a la universidad, donde hay un activismo muy fuerte con ideología de izquierda. En 2018 participé en la campaña presidencial de Petro; hicimos un video con unos compañeros. En uno de ellos salí diciendo: “Yo voto Petro”.

SEMANA: ¿Y qué ocurrió?
C.B.: En 2018, cuando Iván Duque le ganó a Petro, decidí empaparme de una discusión que se daba en Colombia: la Corte Constitucional profirió una sentencia fuerte a nivel jurídico sobre el aborto. Aumentó una de las causales, la de salud mental, y abrió una puerta para que muchos abortos se produjeran argumentando esta causal. Además, hubo un titular que decía: “Colectivos feministas celebran que el aborto se mantenga hasta los nueve meses de gestación”. Me entero de que el aborto puede realizarse hasta esa etapa. Me anonadé. Cuestioné esas ideas. Cuando empecé a hacerlo en el interior de la Nacional, me encontré con que me llamaron “facha”, “antiderechos” y decían que buscaba aprobación masculina. El tema del aborto me hizo cuestionar el feminismo y, de paso, a la izquierda. Empecé a formar más mis ideas. Y cuando veía las posturas de Abelardo De La Espriella, cuando empezaba a ser candidato, me encantó la contundencia y firmeza con la que defendía principios tan básicos como la defensa de la vida. Y dije: “Definitivamente quiero acompañarlo”. Nunca imaginé ser su candidata a la Cámara.

SEMANA: ¿Admiró a Gustavo Petro?
C.B.: Sí, Petro parecía, en su momento, un intelectual; no era lo que vimos en la presidencia. Todo lo hablaba desde la teoría política y en la Universidad Nacional eso es relevante. Me gustaba cómo daba línea y yo era una joven incauta.

SEMANA: ¿Y ahora qué piensa?
C.B.: Es una vergüenza. No puedo creer que una persona como él haya liderado a Colombia y que hayamos sobrevivido para contarlo. Es la degradación de la política. Es una persona que logra enamorar con el discurso, pero sus actuaciones son una vergüenza.
SEMANA: ¿La izquierda la recriminó cuando saltó a la derecha?
C.B.: Sí, claro, tuve un proceso progresivo de salir del clóset. Admiraba a Camilo Torres. Era cristiana cuando militaba en estas causas. Existen teorías que les hablan al oído a los cristianos, juegan con ese sentimiento genuino y legítimo del cristiano de pensar en el más vulnerable, la justicia social; esa es una causa que toca el corazón. Suscribía en ese momento las ideas que representaba Camilo Torres, lo que muchos conocen como la teología de la liberación, una especie de Jesús revolucionario. Suena superlindo, pero en realidad solo es ese afán que busca destruir todo lo que no sea de ellos.

SEMANA: ¿Cómo ve hoy al Pacto Histórico?
C.B.: Sin autoridad moral. Me impresiona la capacidad de ellos de fingir demencia. Pueden mostrarles en el rostro lo peor del ejercicio político que representan, pero fingen demencia. No es porque quieran hacerse los locos. Tienen toda la capacidad, pero tienen claro que lo importante para ellos es la narrativa. Es un bloque muy articulado, con capacidad de incidencia narrativa digital y de sus mentiras.
SEMANA: ¿Qué cree que debe hacer Petro ante los escándalos sexuales que están estallando en su contra?
C.B.: Gustavo Petro debería, para mí, entregarse a la justicia. No hay forma de salvarse con discurso de esto, aunque él lo seguirá haciendo hasta el último momento. El llamado es a la Comisión de Acusación para que avance en las investigaciones.

SEMANA: En la izquierda hay voces que dicen que Petro sería candidato a la Alcaldía de Bogotá. ¿Debería replantearlo?
C.B.: Parece que será candidato. He escuchado el mismo rumor, pero no debería hacer ese ejercicio en Bogotá. Tampoco se lo vamos a permitir. Hay una frase que están diciendo todo el tiempo: “¿Hasta cuándo van a usar el espejo retrovisor?”. Y les respondemos que hasta cuando toque. Estamos hablando de un gobierno que hizo, presuntamente, un montón de acciones criminales que rayan con la integridad del cargo. No soy triunfalista porque el reto con ellos es grande, pero Petro no tiene la chequera del Estado y con Abelardo De La Espriella en la presidencia, el voto fusil será más complicado.

SEMANA: ¿Enrique Gómez ha sido duro con Álvaro Uribe?
C.B.: Enrique Gómez tiene formas fuertes no solo con el expresidente. Es su forma de ser. Pero hay unas disputas de protagonismo, de poder, de quién liderará la derecha después del triunfo de Abelardo De La Espriella, donde nos dimos cuenta de que existe una derecha que encarna los valores de Salvación Nacional: la vida, la familia, la libertad, entre otros. Los cuestionamientos de Enrique son legítimos, pero también hay que reconocer que el expresidente Uribe le ha aportado demasiado al país. Tuve la oportunidad de saludarlo en la posesión presidencial y le dije: “Gracias por lo que hiciste en el país, por lo que aportaste”.
SEMANA: ¿La derecha llegará fragmentada a las regionales de 2027?
C.B.: Yo creo que la fragmentación no nos va a alcanzar para recuperar a Bogotá en las próximas elecciones. Necesitamos unirnos.
SEMANA: ¿Propone un café entre Álvaro Uribe y Enrique Gómez?
C.B.: Quién sabe si eso pueda darse, pero me lo puedo tomar con Daniel Briceño, David Cote, José Jaime Uscátegui, entre otros. Reconocemos que nos necesitamos el uno al otro. Estoy sola en la Cámara y el Centro Democrático me ha acogido.

SEMANA: ¿Cuál es su candidato a la Alcaldía de Bogotá?
C.B.: Soy de extrema coherencia. Me gustan las posturas fuertes y no las veo en este momento.
SEMANA: Pero estamos a un año.
C.B.: Hace un año, Abelardo De La Espriella no era presidente. Todo puede pasar. No solo es la firmeza; se necesita el fervor popular, como con el hoy mandatario.
SEMANA: Si le nombro a Rodrigo Lara, ¿qué me dice?
C.B.: No creo que vaya a ser candidato. O no sé si por Defensores de la Patria. A mí me gustan las posturas más claras. Sé que él es más liberal y yo soy provida.
SEMANA: Enrique Peñalosa.
C.B.: Sería un buen candidato en este momento, pero no me logra representar ciento por ciento. Hay que esperar.

SEMANA: ¿Cómo ve la posible aspiración de Claudia López a la Alcaldía de Bogotá? Podría unirse con el Pacto.
C.B.: Es la oportunista que todos conocemos. No creo que la hayan llamado; ella se juntó. Dentro del petrismo, a Claudia López la ven como oportunista, como una persona de no confiar. Hay otros liderazgos: María José Pizarro, Carlos Carrillo.
SEMANA: ¿Juan Daniel Oviedo?
C.B.: Puede ser políticamente incorrecto de todos los sectores, pero creo que en este momento Bogotá sería capaz de elegir a alguien como Juan Daniel Oviedo. Frente a una amenaza del petrismo, representa una postura más centrada. Bogotá, si se ve entre un petrista y Oviedo, elegirá al segundo.

SEMANA: Es nueva en el Congreso, ¿a qué político de derecha admira?
C.B.: Venía admirando a Daniel Briceño y el sentimiento sigue intacto. David Cote me ha impresionado por sus principios y capacidad técnica legislativa y la valentía para defender sus cosas. Tengo mis favoritos: José Jaime Uscátegui, Eimy Suárez, Estefanel Gutiérrez y Simón Molina.
SEMANA: ¿Y a cuál congresista de la izquierda no puede ni ver?
C.B.: En el Congreso se trata de mantener las buenas relaciones y la educación, a pesar de las diferencias. A veces uno intenta, pero las jugadas sucias lo hacen muy difícil. Por esa razón, no puedo con Mafe Carrascal. La estrategia que tiene de sabotear en los espacios a los que llega está generando que más personas opinen lo mismo. Heiner Gaitán, del Pacto Histórico, por ejemplo, es un representante con el que tengo una buena relación.
SEMANA: Por último, ¿pudo volver a la Universidad Nacional después de declararse abelardista?
C.B.: Ya no. La última vez me llegaron unas amenazas y ese mismo día nos dijeron los de mi seguridad que había intenciones de atentar contra la vida de quienes estábamos allí. Mencionaron mi nombre y mi partido. Fue complicado. No volví desde hace un mes. Mi esquema de seguridad no me lo permite.
