En una época en la que la tecnología avanza a pasos agigantados, muchas herramientas han llegado para facilitar las actividades cotidianas y profesionales. Sin embargo, su uso inadecuado también puede contribuir a la desinformación, especialmente en espacios como las redes sociales, donde los contenidos se difunden con gran rapidez.

Uno de los cambios más notorios está relacionado con las imágenes y los videos creados mediante inteligencia artificial. Aunque a primera vista pueda parecer un asunto menor, aprender a identificar cuándo un contenido ha sido generado o alterado con esta tecnología es fundamental para evitar rumores, confusiones y malos entendidos.
Estas herramientas permiten recrear personas, escenarios y situaciones que parecen completamente reales, incluso cuando nunca ocurrieron. El nivel de detalle que alcanzan algunas creaciones es tan alto que pueden pasar inadvertidas para quienes las observan rápidamente o no saben qué características deben tener en cuenta para reconocerlas.
El riesgo radica en la facilidad con la que sus resultados pueden circular por internet. Una fotografía falsa puede alcanzar a miles de personas antes de que alguien cuestione su autenticidad, lo que favorece la propagación de información engañosa.
De acuerdo con los investigadores, los modelos de inteligencia artificial que generan imágenes a partir de instrucciones escritas pueden cometer errores e incluir elementos poco coherentes, debido a que no comprenden realmente aspectos como la anatomía humana, las leyes de la física o la interacción entre los objetos. Por eso, aunque consiguen resultados muy realistas, en ocasiones dejan pistas que permiten sospechar de su origen artificial.

Un estudio realizado por Matt Groh y otros investigadores, en el que se analizaron imágenes producidas con herramientas como Midjourney, Stable Diffusion y Firefly, identificó algunas características que pueden ayudar a reconocer este tipo de creaciones.
Una de las señales más frecuentes son las anomalías anatómicas. Entre ellas se encuentran dedos adicionales, extremidades deformes, dientes superpuestos, ojos con apariencias poco naturales o partes del cuerpo que parecen fusionarse con otros elementos de la escena.
También es posible encontrar rasgos visuales exagerados, como piel excesivamente brillante, rostros demasiado perfectos, colores muy saturados y acabados que recuerdan a fotografías sometidas a un retoque intenso. A esto se suman posibles fallas en la iluminación, manchas borrosas y fondos con elementos que parecen pertenecer a escenarios diferentes.
Cuando se trata de imágenes de personajes públicos, otra alternativa consiste en contrastarlas con fotografías oficiales o registros publicados por fuentes confiables. Esta comparación puede ayudar a identificar diferencias en sus rasgos físicos y determinar si la imagen presenta modificaciones.

Sin embargo, los investigadores advierten que ninguna de estas señales permite establecer, por sí sola, que una foto fue creada con IA. Además, estas herramientas evolucionan constantemente y cada vez producen resultados más difíciles de diferenciar de una imagen auténtica.
Por esta razón, lo más recomendable es examinar varios elementos, verificar el contexto en el que aparece el contenido y evitar compartirlo sin antes comprobar su procedencia.
Una imagen puede tener características extrañas sin ser necesariamente falsa, así como una creación artificial puede resultar tan convincente que pase inadvertida.
