En Colombia, como en otros países de Latinoamérica, hay muchos destinos de estilo colonial, que conservan características de algunos lugares europeos, convirtiéndose en lugares únicos y llamativos para los viajeros.

Esto se da debido a la herencia española que llevó a que en los siglos XVI y XVIII se fundaran poblaciones que funcionaban como centros administrativos, comerciales y religiosos. Muchas siguieron un modelo urbano similar, con una plaza central rodeada por la iglesia, edificios públicos y viviendas.
Hoy, lugares como Villa de Leyva, Barichara, Mompox y Santa Fe de Antioquia son ejemplos de esta herencia arquitectónica y se han convertido en atractivos para quienes buscan conocer la historia, la cultura y el patrimonio de Colombia.
Precisamente, Barichara es uno de esos destinos coloniales que todos deberían visitar al menos una vez en la vida. Se dice que este pueblo santandereano parece sacado del sur de Europa, por sus construcciones de tapia pisada, sus calles empedradas y sus fachadas de tipo colonial. Sin embargo, también tiene una identidad propia, resultado de la adaptación de esas influencias a los materiales, el clima y las tradiciones de la región.

Ubicado en la provincia de Guanentá, su Centro Histórico fue declarado Monumento Nacional desde 1975, hoy Bien de Interés Cultural (BIC) y hace parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia.
Su trazo urbano, creado por los españoles, se hizo en el lugar donde, según la leyenda, se apareció la Virgen en una piedra que muy pronto fue convertida en motivo de adoración por los campesinos pobladores.

¿Qué pueden hacer los viajeros en Barichara?
Las calles empedradas y las antiguas viviendas de este destino reflejan el trabajo artesanal transmitido de generación en generación. Su paisaje urbano combina elementos como tierra, madera y piedra, esta última trabajada con precisión por los artesanos locales, creando una arquitectura que constituye parte esencial de la identidad del municipio.
De esta forma, recorrer sus calles permite descubrir técnicas tradicionales de construcción y acercarse a los oficios que han contribuido a conservar su patrimonio.

El recorrido puede comenzar en el parque principal, un espacio rodeado de vegetación que conserva una fuente elaborada en piedra, muestra del trabajo de los llamados picapedreros, dedicados a tallar y dar forma a este material.
Este destino también santandereano ofrece otras alternativas para descubrir su patrimonio y sus paisajes. Uno de los planes es visitar el Mirador del Salto del Mico, ubicado a cerca de un kilómetro del parque principal y reconocido por sus panorámicas y sus atardeceres.

Otro punto de interés es Puente Grande, uno de los puentes de calicanto más representativos del país, cuya construcción de estilo colonial se remonta a 1870 y se encuentra vinculada con antiguos caminos de herradura que conducen hacia San Gil y El Socorro.

Para quienes prefieren los recorridos con un componente histórico, está el Camino de Guane, un sendero de origen indígena que posteriormente fue empedrado y declarado Monumento Nacional en 1988.
En el caso de los que buscan una dosis de adrenalina, Barichara también ofrece opciones de turismo de aventura, entre ellas canotaje, circuitos de cuerdas y caminatas, que permiten explorar los paisajes de Santander desde otra perspectiva.
