El máximo tribunal de China determinó que personas que utilizan tecnología de conducción asistida son los responsables de sus vehículos, lo que establece un precedente ya que Pekín es considerado un referente en el mercado automovilístico.


En su dictamen, la corte se refirió a un caso en el que un hombre confió en la tecnología mientras conducía ebrio y se quedó dormido al volante.
Las empresas tecnológicas y los fabricantes de autos chinos han invertido miles de millones de dólares en el desarrollo de sistemas de conducción autónoma en una carrera por superarse unos a otros, así como a sus rivales de Estados Unidos y Europa.
Sin embargo, Pekín ha tomado medidas para endurecer las normas de seguridad tras una serie de accidentes de gran repercusión ocurridos los últimos años.
Los conductores siguen siendo responsables de garantizar la seguridad vial después de activar las funciones de conducción asistida, determinó el Tribunal Popular Supremo chino en un “caso orientativo” emitido el viernes.
“El sistema de conducción asistida a bordo no puede sustituir al conductor como sujeto principal de la conducción”, zanjó la corte en su decisión.
El conductor “sigue siendo quien realmente realiza las tareas de conducción y asume la responsabilidad de garantizar la seguridad vial”, añadió.
Aunque la mayoría de los sistemas de este tipo en China especifican que el conductor tiene el control último del automóvil, la sentencia del tribunal lo convierte ahora en una norma legal nacional.
Las cortes inferiores deberán tomar como referencia esta sentencia a la hora de decidir sobre casos similares.


Mejor calidad del aire por carros eléctricos
Hace 15 años, las orillas del río Liangma de Pekín estaban cubiertas de contaminación y vacías en el invierno, pero las cosas han cambiado mucho y ahora casi todas las mañanas hay familias o jubilados haciendo ejercicio.
Es el resultado de una campaña a favor de políticas como trasladar las fábricas y promover vehículos eléctricos, para hacer más respirable una de las ciudades con peor calidad de aire del mundo.
Los niveles de contaminación en muchas ciudades chinas aún superan los límites de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque han caído fuertemente en los últimos años.
Desde 2013, los niveles de micropartículas PM2.5, capaces de alcanzar los pulmones y el torrente sanguíneo, han caído un 69,8 %, indicó en enero la municipalidad de Pekín.
La contaminación por partículas cayó un 41 % en todo el país desde 2014, y el promedio de expectativa de vida aumentó un 1,8 %, según el Índice de Vida por Calidad de Aire de la Universidad de Chicago (AQLI).
El rápido desarrollo de China, sustentado en el uso de carbón, causó un fuerte declive en la calidad del aire en los años 2000, especialmente cuando el frío invernal atrapa los contaminantes cerca del suelo.
Hubo intentos iniciales de abordar el problema, como cierres temporales de fábricas y medidas de control del tránsito antes de eventos como los Juegos Olímpicos de 2008.


En medio de la consternación, el gobernante Partido Comunista lanzó un plan de 10 puntos para declarar “la guerra contra la contaminación”.
Aumentó el monitoreo, mejoró la tecnología de las fábricas y se cerraron o reubicaron varias plantas de carbón.
En las ciudades grandes se restringió el tránsito de vehículos y se preparó el terreno para el transporte eléctrico.
Un estudio de 2016 señaló que por primera vez se establecieron “metas cuantitativas de mejora en la calidad del aire para regiones clave en un período determinado”.
