Viajar al exterior ya no se planea solamente con tiquetes, hotel, maleta y pasaporte. Hoy hay otro gasto que se volvió casi tan importante como el transporte o el hospedaje: la conectividad.
Para muchos colombianos, quedarse sin internet fuera del país puede significar no poder pedir transporte, consultar mapas, confirmar reservas, hacer pagos, recibir códigos bancarios, comunicarse con la familia o resolver cualquier imprevisto en medio del viaje. Lo que antes era un lujo para “estar conectado” hoy se convirtió en una necesidad básica del viajero moderno.
Esa discusión toma más fuerza en una temporada en la que coinciden las vacaciones de mitad de año y el Mundial de 2026, que tendrá como sedes a Estados Unidos, México y Canadá.
El contexto, además, muestra un fenómeno claro: los colombianos están viajando cada vez más. Datos de Migración Colombia revelaron que durante 2025, el país cerró con 21.704.118 flujos migratorios internacionales, un crecimiento de 6 % frente al año anterior, alcanzando cifras históricas de movilidad internacional.
Además, la salida de colombianos al exterior continúa creciendo; solo durante 2025 salieron del país 5,8 millones de colombianos, un incremento de 4,3 % frente al año anterior, mientras que entre enero y abril de 2026 ya habían salido más de 1,9 millones de personas, un crecimiento de 17 % frente al mismo periodo del año pasado, según cifras reveladas por Anato y Migración Colombia.
Ese crecimiento explica por qué una pregunta aparentemente pequeña se volvió mucho más relevante: ¿cómo mantenerse conectado fuera del país sin pagar de más o terminar incomunicado? Lo que antes se resolvía comprando una SIM en el aeropuerto o esperando encontrar WiFi gratis, hoy se convirtió en una decisión económica que puede afectar el presupuesto, la comodidad e incluso la seguridad del viaje.
Esa incertidumbre no solamente existe en teoría. Esteban Castañeda, un joven de 23 años que viajó a Río de Janeiro durante dos meses, asegura que precisamente una de las mayores dificultades del viaje fue entender cómo conectarse sin terminar gastando más de la cuenta.
Según contó a SEMANA, inicialmente compró un paquete de internet mediante una aplicación especializada para viajeros pensando que sería la solución definitiva. Sin embargo, después de algunas semanas descubrió que mantener ese modelo durante dos meses completos terminaba siendo demasiado costoso.
“Llega un punto donde uno siente que podría usar esa plata para otro viaje”, explica. Durante parte de su estadía, terminó dependiendo únicamente de redes WiFi disponibles en los lugares donde permanecía, una solución que describe como incómoda porque constantemente obligaba a planear desplazamientos, buscar conexiones o limitar el uso del celular fuera de ciertos espacios.
La conectividad ya entró oficialmente al presupuesto del viaje
El turismo internacional ya no es un fenómeno ocasional. Cada vez más personas viajan por vacaciones, conciertos, estudios, trabajo, eventos deportivos o experiencias personales.
Ese crecimiento cambia completamente la conversación alrededor de la conectividad. Antes podía verse como un gasto secundario. Hoy, para millones de viajeros, se convirtió prácticamente en otra línea obligatoria dentro del presupuesto. Igual que se revisa el costo del hotel o del equipaje, ahora también debe revisarse cuánto costará tener datos, llamadas y acceso permanente al teléfono.
Porque el celular dejó de ser solamente un dispositivo de entretenimiento. Hoy funciona como mapa, traductor, billetera, correo, banco, cámara, medio de pago, herramienta laboral, agenda y canal de autenticación. Quedarse sin internet, en muchos casos, significa quedarse sin viaje.
¿Qué hace realmente el roaming?
Andrés Carlesimo, director de producto móvil de Claro Colombia, explicó en conversación con Semana que el roaming internacional permite mantener la misma línea móvil mientras el usuario se conecta a redes de operadores extranjeros, evitando cambios físicos de SIM o configuraciones complejas. Agregó que el principal valor del roaming ya no está solamente en tener datos, sino en conservar continuidad durante el viaje.
Más allá de la tecnología, el ejecutivo insiste en algo que muchas personas suelen olvidar: la conectividad internacional también implica mantener funcionando servicios bancarios, autenticaciones de seguridad, aplicaciones financieras, correos corporativos o plataformas que dependen del número habitual.
Según explicó, muchos usuarios descubren demasiado tarde que cambiar completamente su línea puede afectar procesos cotidianos como validar pagos, ingresar a plataformas financieras o recibir códigos temporales.
“Al final, el verdadero valor está en contar con un servicio que les permita resolver sus necesidades diarias sin interrupciones y aprovechar al máximo su experiencia de viaje desde el momento en que llegan a su destino”, señaló.
Carlesimo también aseguró que uno de los errores más frecuentes sigue siendo dejar la conectividad para último momento. Según explicó, todavía existen viajeros que aterrizan sin revisar compatibilidades, sin activar previamente servicios o sin entender realmente qué funciona en cada destino. Esa improvisación, explicó, puede terminar siendo más costosa que el servicio mismo.
El roaming ya no es el único jugador
Durante años, el roaming cargó con una reputación complicada. Muchos viajeros lo asociaban automáticamente con facturas inesperadas y costos elevados. Sin embargo, el mercado cambió. Hoy convive con nuevas alternativas como SIM locales, eSIM internacionales y aplicaciones especializadas para viajeros. Eso significa que la pregunta ya no es únicamente si el roaming es caro. La pregunta correcta parece ser otra: ¿qué opción tiene sentido según el viaje?
Las SIM locales suelen funcionar para viajes largos dentro de un único país, aunque requieren comprar, configurar y muchas veces cambiar el número habitual. Las eSIM ganaron terreno porque permiten comprar datos digitalmente antes de viajar, mientras que el roaming conserva una ventaja evidente: continuidad.
Carlesimo insiste en que esa continuidad se vuelve especialmente importante en viajes complejos, como podría ocurrir durante el Mundial, donde muchas personas podrían moverse entre varias ciudades o incluso varios países sede en pocos días. En esos escenarios, explica, el valor ya no se mide únicamente en gigabytes sino también en facilidad operativa, tiempo y continuidad.
Ese escenario terminó ocurriéndole precisamente a Esteban. Después de probar distintas alternativas, explica que finalmente terminó utilizando roaming durante la parte final del viaje.
Aunque inicialmente tenía la percepción de que sería mucho más costoso, asegura que terminó siendo la alternativa que más tranquilidad le dio porque permitió mantener conexión constante sin cambiar números, reconfigurar servicios o depender de redes externas.
¿Cuánto cuesta mantenerse conectado?
En el caso de Claro, los paquetes internacionales muestran cómo cambió este mercado. Según la información entregada por la compañía, el paquete Pasaporte América tiene costos desde $8.900 diarios para usuarios personales y 6.900 para planes empresariales, permitiendo utilizar datos del plan nacional, además de llamadas locales y llamadas hacia Colombia.
Para estadías más largas existen paquetes adicionales. Por ejemplo, para destinos como Estados Unidos, México y Canadá, la compañía ofrece paquetes semanales desde $47.900 para usuarios personales y $41.900 para planes empresariales.
Tigo, por su parte, ofrece paquetes de 10 GB para América por $39.900 con vigencia de 15 días, mientras Movistar tiene una oferta de 10 GB para América por $31.000 o 10 GB con cobertura mundial por $40.990 durante el mismo periodo, lo que evidencia diferencias dependiendo del destino y tipo de cobertura que busque el usuario.
En paquetes diarios también aparecen diferencias importantes. Tigo ofrece alternativas desde 500 MB por $6.500 diarios en América o 1,5 GB por $10.500 diarios, mientras Movistar arranca con paquetes diarios de 1,5 GB desde $13.000 para América y $15.000 para cobertura mundial.
Pero estas cifras no deben interpretarse como una recomendación universal. Una persona que viaja tres días no necesita lo mismo que alguien que trabajará remoto durante varias semanas. Tampoco consume igual quien usa mapas y mensajería que quien realiza videollamadas constantemente o comparte internet con otros dispositivos.
Ahí aparece justamente el verdadero problema económico: pagar poco por una solución incorrecta también puede salir caro.
El auge de las eSIM cambió la conversación
Las eSIM se están convirtiendo rápidamente en parte importante del mercado, aunque todavía están lejos de ser la solución dominante.
Eso significa que, aunque estas tecnologías están creciendo rápidamente, la mayoría de los viajeros todavía continúa utilizando roaming tradicional, SIM físicas o mezclas entre varias alternativas. Precisamente ahí aparece una diferencia relevante.
Para un viajero que solamente necesita internet, una eSIM puede funcionar perfectamente. Pero para alguien que necesita autenticaciones bancarias, códigos SMS, continuidad del número o recibir llamadas habituales, conservar la línea original puede convertirse en un valor agregado importante. La decisión, entonces, ya no parece tecnológica. Parece estratégica.
Improvisar sigue siendo el error más caro
Carlesimo insiste en que la conectividad debería planearse igual que cualquier otro componente del viaje. Según explicó, muchos problemas aparecen porque las personas aterrizan sin revisar compatibilidades, sin activar funciones o incluso sin saber si su teléfono soporta determinadas tecnologías.
Esto se vuelve todavía más importante cuando existen viajes multipaís. Cambiar SIM constantemente, buscar operadores distintos o depender únicamente de WiFi públicas puede traducirse no solamente en dinero, sino también en tiempo perdido.
Esteban asegura que una de las cosas que más le sorprendió durante su viaje fue descubrir que realmente nunca había pensado en la conectividad como parte del presupuesto.
“Planeé alojamiento, alimentación, transporte y actividades, pero nunca calculé cuánto me iba a costar mantenerme conectado durante dos meses completos”.
Ahí aparece otro problema importante: la seguridad. Utilizar redes WiFi abiertas puede parecer una solución económica, pero también incrementa riesgos asociados a robo de información, acceso indebido a cuentas o exposición de datos sensibles.
Por eso, para muchos viajeros, pagar conectividad móvil dejó de ser solamente un gasto. También se convirtió en una forma de reducir riesgos.
La mejor opción no siempre es la más barata
La expansión del turismo internacional está transformando esta industria. El crecimiento de colombianos viajando al exterior, el aumento de movilidad internacional y la aparición de nuevas tecnologías hicieron que la conectividad dejara de ser una decisión secundaria.
La mejor alternativa depende realmente de cuatro variables: cuánto dura el viaje, cuántos países incluye, qué tan intensivo será el uso de datos y qué tan importante resulta conservar el número colombiano activo.
Un viaje corto de pocos días no necesariamente exige las mismas soluciones que una persona que trabajará remotamente durante semanas o alguien que recorrerá varios países en pocos días; es por esto que la conectividad internacional dejó de tener respuestas universales.