La música mueve a Bogotá y el rock en vivo siempre será un motor de esa inapagable locomoción. Eso lo demuestra la pasión del público que llega a los toques, donde sea que sucedan, y el hecho de que, como consecuencia, nuevas promotoras nazcan y apuesten por traer bandas al país de metal y de metal progresivo. Es el caso de 4.concerts, que de la mano de Platinum Transcendence abrió actividades con el concierto, el pasado lunes, de los daneses Vola.

El evento dejó una muy grata impresión en los asistentes. La calidad de la banda no admite duda, siguiendo lo que han entregado en cuatro álbumes a la fecha, y el sonido y su perfecta entrega permitieron disfrutarlos en sus matices más tranquilos y en los más pesados. Y en ese rango oscilan tan bien...


La noche siguió los horarios planteados. A las 7:50 p. m. subió al escenario del 4.40 Music Hall el cuarteto local Argovia, que a lo largo de 40 minutos dejó clara su potente química. La banda aprovechó la ocasión para tocar nuevo material: no solo sonó la canción que en el disco nuevo cuenta con la participación vocal de Ross Jennings de Haken (la habían estrenado abriendo el show de Weather Systems en Ace of Spades), sino que también dejó un nuevo estreno en vivo que sonó bastante bien. Así, de paso, sus integrantes invitaron a la gente al que será el lanzamiento de ese nuevo LP, el próximo 11 de abril en Hall 74.


Al golpe de las 9:05 p. m., Vola empezó su faena de 16 canciones, a lo largo de 90 minutos (incluida una pequeña pausa y encore de dos canciones). La banda liderada por el guitarrista y vocalista Asger Mygind abrió con “I Don’t Know How We Got Here”, que refleja el rango de su sonido, marcado por la emoción que genera desde la instrumentación rockera y el contraste con una voz llena de vacío, que transporta al tiempo al frío y al ardor del sentimiento (un código que los nórdicos pueden hablar como segundo idioma).
El setlist navegó canciones de sus cuatro LP, pero se enfocó especialmente en los dos más recientes, Witness (2021) y Friend of a Phantom (2024), que alternó para grandes efectos. Y fue manejando sonidos y tonos, lograron configurar un viaje. Para cuando sonaron “Stone Leader Falling Down” y “These Black Claws”, esta tanda cayó como un martillo a recordarnos lo pesados que pueden ser.

Aquí, el poder del djent desde el acoplamiento de esa guitarra de siete cuerdas de Mygind y el bajo potente de Nicolai Mogensen se hizo sentir. Pero no se puede dejar atrás lo que aportan Martin Werner desde los teclados (le da a la música dimensiones amplias, del prog al pop, sin jamás sentirse fuera de lugar) y Adam Janzi, desde una batería llena de matices explosivos y sutiles, así como algo de teatralidad bienvenida en los movimientos. Se hará fácil recordar cómo quedaba suspendido, en modo estatua, en momentos previos a desatar la tormenta. Y también hubo espacio para su lado más feliz y ligero, como “Applause of a Distant Crowd”. Todo el espectro de Vola, expuesto.

El intenso material de su debut Inmazes (2015), del que tocaron “Stray the Skies” y “Your Mind Is a Helpless Dreamer”, y de Applause of a Distant Crowd (2018), del que entregaron “Alien Shivers”, “Applause of a Distant Crowd” y “Ruby Pool”, fue encontrando espacio entre las grandes canciones de esta década. Así se configuró un setlist que dejó satisfechos a los conocedores de fondo y a quienes se arriesgaron a ir por amor a un género que tiene la semilla sembrada para crecer (y hace poco vio a Danny Cavanagh y Weather Systems tocar en Bogotá y entregar algo hermoso).

Al golpe de la media hora, Mygind se dirigió al público en inglés y contó a los presentes que, hace poco, un fuego desatado en Copenhague les costó todo su equipo, rostizado... La anécdota le sirvió para agradecer el apoyo de sus seguidores en todo el planeta, que no solo los va a ver, organizó colectas para ponerlos de vuelta en el ruedo con equipos a la altura de su música. Por eso pudieron estar ahí, el lunes pasado, rockeando Bogotá, en un hecho diciente sobre la mejor faceta de la comunidad del metal, mucho más común de lo que se cree.
Vola cerró su noche con dos matices contrastantes, como debía ser: primero, entregando la contemplativa “Tray” y despidiéndose con una canción que el público esperaba con ansias y cantó con emoción y potencia “Straight Lines”, un huracán fantástico que en su coro mina una dulzura inesperada. En esa nota, la gente se fue feliz a la casa. La música y el performance de estos profesionales se sintieron en el cuerpo. Se agitó la peluca y los oídos no quedaron estallados...


Antes de despedirnos, vale anotar que, hablando de voces llenas de vacilación, añoranza y dolor, que han inspirado a bandas como Vola, el próximo lunes 16 de marzo toca Katatonia en Bogotá.
