CONSUMO

La carne no se va del plato de los colombianos, aunque el precio apriete. Debate sobre la causa de su carestía

Esta proteína ha subido más del doble que la inflación, pero la gente la está comiendo más en Colombia y en el mundo. ¿Es efectivo prohibir las exportaciones para bajar su precio? Responden los expertos.

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27 de febrero de 2026, 11:00 p. m.
Cuestionada por movimientos ambientalistas y vegetarianos, la carne también es defendida por nutricionistas y por una creciente tendencia de alimentación saludable.
Cuestionada por movimientos ambientalistas y vegetarianos, la carne también es defendida por nutricionistas y por una creciente tendencia de alimentación saludable. Foto: GETTY IMAGES

Carolina es un ama de casa de Bogotá, quien, como muchas de sus colegas, hace malabares para rendir los ingresos de la familia. Por eso, pese a que cerca de su vivienda tiene varias carnicerías, prefiere irse una vez al mes a la zona de los mataderos y frigoríficos en la autopista Sur, pues dice que allí consigue los mejores precios de proteínas. Como el resto de los colombianos, su presupuesto ha estado afectado por el encarecimiento de la carne de res, que en enero de este año subió 11,73 por ciento frente al mismo mes del año pasado, mientras que el pollo subió 1,45 por ciento y el pescado, 3,53 por ciento. El cerdo, por su parte, bajó 3,90 por ciento, y los huevos, 3,37 por ciento.

Así, la carne de res se ratifica como la proteína más onerosa, y Carolina dice que los precios por kilo están entre 2.000 y 4.000 pesos más caros que hace un año. Los cortes preferidos en su familia son la costilla y la milanesa, pero, al ser más costosos, opta por comprar murillo, que es más barato, aunque más duro —requiere ponerlo a pitar en la olla a presión—. Su meta es asegurar que en su casa se coma carne al menos dos veces por semana.

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Esa parece ser la situación del colombiano promedio. Pese a los altos precios de la carne, hace distintos ajustes para seguir consumiéndola. Mientras es cuestionada por movimientos ambientalistas y vegetarianos, la carne también es defendida por nutricionistas y por una creciente tendencia de alimentación saludable que la considera clave para el mantenimiento de la masa muscular.

Lo paradójico es que, a medida que sube el precio de la carne, la demanda también crece. Un análisis de la consultora Sectorial señala que el consumo interno aumentó 6,8 por ciento entre enero y noviembre de 2025, absorbiendo un total de 708,8 millones de kilos.

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La misma percepción tienen en Carnes Finas Guadalupe, una carnicería del norte de Bogotá que atiende clientes al por menor y al por mayor. Según el establecimiento, frente al aumento de los precios, muchos compradores han migrado hacia cortes más económicos, pero no han reducido su consumo: siguen adquiriendo la misma cantidad e incluso, en algunos casos, un poco más. “Los que antes compraban punta de anca se pasan a cadera o los de lomo fino a punta de anca, pero todos mantienen la frecuencia de compra. Esto se siente desde el año pasado cuando el salario mínimo subió más que la inflación, y este año el efecto ha sido mayor”, explican en esta empresa.

El aumento del consumo no es un fenómeno exclusivo de Colombia, sino global. De hecho, el mayor apetito de los países en desarrollo, en especial de China, ha sido uno de los factores que ha encarecido cada vez más la carne. En Estados Unidos, por ejemplo, los precios están en máximos históricos, con incrementos del 15 por ciento anual a enero. Allí lo atribuyen a la disminución del hato ganadero, que está en su nivel más bajo desde comienzos de la década de 1950, debido a las sequías y a los mayores costos de producción —incluidas las altas tasas de interés—. A eso se suma que el componente importado se ha encarecido por los aranceles de la era Trump.

Hasta el cierre del año pasado, el hato ganadero del país venía al alza y alcanzó 30,3 millones de cabezas. Este año las lluvias pueden impactar esa cifra, pues están afectando a departamentos que son grandes productores, como Córdoba.
Hasta el cierre del año pasado, el hato ganadero del país venía al alza y alcanzó 30,3 millones de cabezas. Este año las lluvias pueden impactar esa cifra, pues están afectando a departamentos que son grandes productores, como Córdoba. Foto: AFP

En Colombia, el inventario bovino alcanzó un hito de crecimiento en 2025 al consolidar 30,3 millones de cabezas, la mayoría de las cuales están en Antioquia, Córdoba y Meta. Por eso hay temor de que las graves inundaciones que golpean al norte del país impacten más los precios. Cálculos de Fedegán indican que tan solo en Córdoba hay 263.623 vacunos y bufalinos en riesgo, mientras en el departamento se habla de 2.500 reses desaparecidas.

Esa situación motivó al Gobierno Petro a proponer una prohibición de las exportaciones de esta proteína animal, argumentando que estas formaban parte de las causas por las cuales la carne sube más del doble de la inflación.

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En efecto, las exportaciones de carne colombiana vienen al alza y el año pasado crecieron 38,6 por ciento, impulsadas en buena medida por la apertura del mercado chino. “De acuerdo con las estimaciones gremiales, Colombia tiene el potencial de exportar hasta 50.000 toneladas de carne al gigante asiático para el ciclo 2026”, señala el informe de Sectorial.

No obstante, tanto Fedegán como Anif, así como productores del sector —entre ellos Gabriel Jaramillo, exbanquero que hoy desarrolla una explotación ganadera a gran escala en Vichada— coinciden en que las exportaciones no son las responsables de los altos precios.

Gabriel JaramilloGanadero
Gabriel JaramilloGanadero Foto: ALEJANDRO ACOSTA

Es un fenómeno global, por una demanda muy grande por proteína animal, lo cual es muy bueno porque quiere decir que la gente se está alimentando mejor, pero al mismo tiempo presiona la oferta y los precios suben. Además, Colombia exporta menos del 3 por ciento de su producción. Por eso prohibir esas ventas no impacta los precios, pero sí puede hacer mucho daño”, dice Jaramillo. Añade que abrir mercados externos para la carne colombiana ha sido un proceso de muchos años, con enormes esfuerzos. Si se suspenden, se va a perder la confianza de los compradores y “recuperar esa confianza no es fácil y es demorado”.

Desde Fedegán, gremio que preside José Félix Lafaurie, insisten en que prohibir las exportaciones no es la solución y atribuyen el alza del precio de la carne a dos razones principales: el incremento del consumo interno y las distorsiones en la oferta formal debido a que se ha elevado el precio del novillo por un crecimiento en el sacrificio y un posible contrabando hacia Venezuela, lo que ha disminuido el inventario del ganado en zona limítrofe.

José Félix LafauriePresidente de Fedegán
José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán Foto: ESTEBAN VEGA LA-ROTTA-SEMANA

En Anif, centro de pensamiento que preside José Ignacio López, señalan que limitar la exportación de carne no solo carecería del beneficio esperado, sino que generaría costos reales por la posible pérdida de acceso a mercados internacionales. Los productores de Córdoba serían los más afectados, dado que su producción está orientada predominantemente al exterior.

“Además, la menor rentabilidad del sector desincentivaría la inversión futura, derivando, paradójicamente, en una menor competitividad, un efecto contrario al que persigue el Gobierno”, insisten en Anif.

José Ignacio LópezPresidente de Anif
José Ignacio López, presidente de Anif Foto: VANESA LONDOÑO

En Estados Unidos, ante la carestía de la carne, la decisión del Gobierno ha sido la de ampliar las cuotas de importación de producto argentino para aliviar la oferta. Acá, Jaramillo considera también que se podría abrir el mercado para que ingresen cortes de buena calidad y más económicos desde Brasil y Paraguay, obteniendo así una reducción de precios al consumidor final.

Mientras el Gobierno Petro toma una decisión, empresarios como los de Carnes Finas Guadalupe están automatizando procesos y ajustando horarios de atención —no solo por el mayor precio de la carne, sino también por el aumento de los costos laborales— con el objetivo de no trasladar esos incrementos a sus clientes. Al mismo tiempo, compradores como Carolina seguirán a la caza de promociones, convencidos de que la carne no debe desaparecer de la nevera de su hogar.