La forma en la que se remunera el trabajo en domingos y días festivos en Colombia empezó a cambiar desde 2025 y seguirá haciéndolo de manera gradual en los próximos años.
Con la entrada en vigencia de la reforma laboral, el país avanza hacia un esquema que reconoce con mayor peso económico las jornadas realizadas en fechas que, por ley, están destinadas al descanso obligatorio, como el 25 de diciembre o el 1 de enero.
Uno de los ajustes más relevantes tiene que ver con el recargo por trabajo dominical y festivo. A partir del 1 de julio de 2025, este adicional pasó del 75 % al 80 % sobre el valor de la hora ordinaria.
El aumento no será inmediato ni definitivo: desde julio de 2026 el recargo subirá al 90 % y, un año después, alcanzará el 100 %. En la práctica, esto significa que, cuando la medida esté plenamente implementada, cada hora trabajada en un domingo o festivo se pagará al doble del valor normal.

Este cambio tiene efectos directos en miles de trabajadores que, por la naturaleza de su oficio, deben laborar en fechas tradicionalmente reservadas para el descanso.
Sectores como comercio, turismo, transporte, salud y servicios esenciales concentran buena parte de estas jornadas, que ahora contarán con una compensación económica mayor.
El pago no se limita únicamente al recargo. Cuando un trabajador presta sus servicios en un festivo, tiene derecho tanto al salario ordinario correspondiente como al porcentaje adicional fijado por la ley.
A esto se suman, si aplican, otros recargos como horas extras o trabajo nocturno, lo que puede incrementar de manera significativa el valor final de la jornada.
Precisamente, otro de los puntos clave de la reforma es la ampliación del horario nocturno. Desde el 25 de diciembre, la jornada nocturna comenzó a las 7:00 de la noche y no a las 9:00 p. m. como ocurría antes.

Esto implica que más horas dentro del día quedan cubiertas por el recargo nocturno del 35 %, una modificación que impacta especialmente a quienes trabajan en turnos extendidos o rotativos.

El Gobierno optó por un esquema progresivo para implementar estos cambios, con el argumento de evitar un impacto abrupto en los costos laborales de las empresas, al tiempo que se fortalece la protección del ingreso de los trabajadores.
La gradualidad busca dar margen de adaptación al sector productivo sin renunciar al objetivo central de la reforma. Mejorar las condiciones de quienes laboran en horarios y días no convencionales.

Para los empleados, la clave está en conocer cómo se liquidan estos pagos y exigir que se apliquen correctamente. La ley establece que los recargos no sustituyen el salario base, sino que se suman a él, y que su reconocimiento es obligatorio, no opcional.
