El comportamiento delictivo en el sector automotor en Colombia muestra un cambio relevante en 2026: aunque los indicadores de hurto de vehículos y motocicletas registran una disminución, el fenómeno no desaparece, sino que se transforma hacia modalidades más especializadas y complejas.

De acuerdo con cifras del gremio Asopartes, en el primer bimestre del año se reportaron 1.326 vehículos hurtados, lo que representa una caída del 13 % frente al mismo periodo de 2025.
En el caso de las motocicletas, se registraron 5.205 robos, con una reducción del 12 %. Estos datos reflejan una mejora en los indicadores tradicionales, que durante años han sido el principal termómetro del delito en este sector.
Sin embargo, el análisis revela una dinámica más compleja. El hurto de autopartes, aunque también muestra una leve disminución del 2,3 % a nivel nacional, continúa siendo un fenómeno persistente.
En total, se registraron 948 casos en el país durante los dos primeros meses del año, lo que evidencia una estabilización más que una caída estructural.
En Bogotá, la tendencia sigue el mismo patrón. La ciudad reportó 394 vehículos hurtados y 602 motocicletas robadas, mientras que el hurto de autopartes alcanzó 204 casos, lo que representa una reducción del 14,3 % frente a 2025.

A pesar de esta mejora, la capital sigue concentrando una proporción significativa de estos delitos, manteniéndose como un foco clave de análisis.

Según Carlos Andrés Pineda Osorio, presidente de Asopartes, el cambio no está en el volumen del delito, sino en su estructura.
“Más que un aumento generalizado, lo que estamos observando es una recomposición del delito. Las organizaciones criminales están ajustando sus estrategias hacia modalidades más específicas y sofisticadas”, explicó.
Uno de los puntos críticos es el hurto de autopartes vinculadas a economías ilegales, especialmente piezas como placas y componentes electrónicos, que son utilizadas en prácticas como la clonación de vehículos. Este tipo de delitos evidencia un mayor nivel de tecnificación y organización de las redes criminales.
A esto se suma un fenómeno de redistribución territorial. Mientras ciudades principales muestran reducciones, otras registran aumentos significativos.
Casos como Barranquilla, con un incremento del 145 %, e Ibagué, con un alza del 155 % en el hurto de autopartes, sugieren un desplazamiento de las estructuras criminales hacia regiones con menores niveles de control.
Este panorama plantea un desafío distinto para las autoridades. Ya no se trata únicamente de reducir las cifras, sino de entender y anticipar las nuevas lógicas delictivas.

Para el gremio, la respuesta pasa por fortalecer la trazabilidad de autopartes, combatir la comercialización ilegal y mejorar los sistemas de control en los territorios más vulnerables.
Aunque las cifras muestran una mejora en los indicadores tradicionales, el reto para 2026 será evitar que la sofisticación del delito termine neutralizando los avances. La reducción en números es un avance, pero la transformación del fenómeno exige respuestas más técnicas y coordinadas para contener su evolución.
