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La nueva economía de los rebusques digitales: cómo miles de colombianos ya no buscan empleo, sino clientes en internet

Detrás de los ‘likes’, las ventas y los domicilios existe una nueva informalidad que no aparece en las estadísticas tradicionales.

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16 de enero de 2026, 5:57 a. m.
La economía digital permite generar ingresos, pero deja a muchos trabajadores fuera de la seguridad social.
La economía digital permite generar ingresos, pero deja a muchos trabajadores fuera de la seguridad social. Foto: Getty Images

En pleno siglo XXI, el trabajo ya no se define únicamente por oficinas, fábricas o tiendas físicas. Un fenómeno creciente está transformando el mercado laboral urbano.

La economía digital, donde millones de personas como vendedores de microtiendas en Instagram, creadores de contenido en OnlyFans o emprendedores en dropshipping encuentran ingresos a través de plataformas digitales.

Este paisaje laboral, muchas veces fuera de los marcos de la formalidad tradicional, ha sido bautizado como la economía del “rebusque digital”.

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Informalidad laboral en Colombia

Colombia cuenta con una alta proporción de trabajadores en la informalidad. Datos del Dane muestran que el 55,4 % de la población ocupada en todo el país no cuenta con seguridad social completa o protección de empleo formal, mientras que en las principales ciudades esa cifra es del 42,5 %, reflejando una informalidad persistente en el mercado laboral tradicional.

Históricamente, gran parte de esta informalidad se ha explicado por el trabajo por cuenta propia o labores independientes fuera del sistema formal de empleo. Según investigaciones del Banco de la República, este segmento representa cerca del 75 % del trabajo informal en Colombia.

Pero este fenómeno ya no se limita a vendedores ambulantes, empleadas domésticas o artesanos. Con la llegada masiva de Internet y la expansión de plataformas digitales como intermediarias, una nueva informalidad se está consolidando en las zonas urbanas.

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Economía digital y plataformas de trabajo

La economía digital incluye dinámicas tan diversas como microtiendas en redes sociales, comercio electrónico sin inventario, aplicaciones de domicilios y creación de contenido monetizable.

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El celular se ha convertido en la nueva herramienta de trabajo para vendedores, creadores y repartidores. Foto: Getty Images

A diferencia del empleo formal tradicional con contratos, prestaciones y afiliaciones a seguridad social, estas formas de empleo suelen operar en márgenes regulatorios o fuera de ellos, generando ingresos pero sin necesariamente ofrecer las mismas protecciones.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el trabajo en plataformas digitales como relaciones laborales mediadas por internet que no encajan en las categorías tradicionales de empleo, lo cual hace que millones de trabajadores queden fuera de protecciones legales básicas.

A nivel regional, la gig economy o economía de trabajos temporales atrae a cerca de 46 millones de trabajadores en América Latina, muchos de ellos catalogados como independientes sin contrato formal, aunque las plataformas digitalizan la relación entre cliente y prestador del servicio.

Este modelo es un fenómeno que ofrece flexibilidad, pero también precariedad, pues los trabajadores suelen absorber los riesgos operativos (herramientas, seguridad social, gastos) mientras las plataformas se limitan a conectar oferta y demanda.

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Microtiendas en Instagram

Las redes sociales dejaron de ser exclusivamente canales de interacción social para convertirse en mercados de venta directa. Vendedores organizan catálogos en Instagram, reciben pedidos por mensaje directo y gestionan envíos con domicilios tradicionales.

Según datos de Resourcera, una plataforma especializada en análisis de comercio digital, se estima que más de 2.100 millones de usuarios en Instagram compran activamente productos en la plataforma cada mes, lo que indica que una parte importante de esta comunidad la usa como un espacio de comercio directo. Más de 200 millones interactúan con publicaciones comerciales o visitan perfiles de negocio a diario.

Ivonne Duarte, propietaria de la tienda virtual DIVAI en Instagram, que lleva cinco años vendiendo productos de belleza y cuidado facial, afirma:

“Prefiero tener una tienda virtual porque me evita costos como arriendo y servicios. A través de redes sociales, muchas personas me conocen sin necesidad de un local físico. Eso me permite llegar a más clientes y manejar mejor mi tiempo. Tiene ventajas y desventajas, pero hoy es la forma en que mi negocio puede funcionar”.

La experiencia de Ivonne resume la nueva cara del trabajo urbano: vender sin local, sin arriendo y desde una pantalla. Su tienda en Instagram le permite sostener un negocio sin los costos del comercio tradicional, pero también la deja en una zona confusa entre el emprendimiento y la informalidad.

Dropshipping, el negocio sin inventario

Un modelo digital que ha ganado fuerza en Colombia es el dropshipping, una forma de comercio electrónico donde el vendedor gestiona una tienda en línea sin tener inventario físico.

Según reportes recientes, este esquema ha atraído al 34 % de los nuevos emprendedores digitales en el país, generando alrededor de 3,2 billones de pesos al año, impulsado por el auge del comercio electrónico.

Este tipo de emprendimiento puede iniciarse con un celular y conexión a Internet, facilitando así la entrada a la economía digital para quienes no cuentan con capital o infraestructura tradicional.

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OnlyFans y la economía de creadores

Otro fenómeno emblemático de la economía de rebusques digitales es la monetización de contenido en plataformas como OnlyFans. En 2025, se estimó que esta plataforma alcanzó aproximadamente 7.200 millones de dólares en ingresos globales, reflejando su relevancia en la economía digital global.

En América Latina, Colombia aparece entre los países con mayor inversión en esta plataforma, lo que indica la participación activa de usuarios en este modelo de ingresos digitales.

Camilo Torres lleva dos años viviendo de la creación de contenido para adultos en plataformas digitales. Empezó, dice, como una salida frente a las condiciones de su trabajo anterior, que describe como mal pagado y desgastante.

“Empecé en esta plataforma porque estaba cansado de trabajos mal pagos y con jornadas desgastantes. Aquí tengo más control sobre mi tiempo y mis ingresos. No es fácil, hay mucha exposición y estigmas, pero hoy me da para vivir. En un país donde incluso siendo profesional no hay garantías de empleo digno, para muchos esta se vuelve una alternativa real”, afirmó Camilo.

Guías especializadas en monetización digital señalan que creadores colombianos pueden generar desde 500 hasta más de 50.000 dólares al mes, dependiendo del tipo de contenido y la audiencia.

¿Es la informalidad una oportunidad?

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El auge de los rebusques digitales está transformando la manera de trabajar y sobrevivir en las ciudades Foto: Adobe Stock

Si bien estos modelos expanden las oportunidades de ingreso, también plantean interrogantes sobre la calidad del empleo. La ausencia de contratos formales, de seguridad social, de rentas estables o beneficios laborales coloca a una gran parte de estos trabajadores fuera del paraguas de la protección laboral tradicional.

Para la OIT y diversos organismos, esto representa una nueva forma de informalidad que debe abordarse con marcos regulatorios adaptados al contexto digital, que contemplen derechos, seguridad y sostenibilidad económica para quienes trabajan a través de plataformas.

Los rebusques digitales no son un espejismo, son una realidad palpable en las ciudades colombianas y latinoamericanas, donde millones de personas encuentran en las plataformas digitales una fuente de ingresos, incluso frente a un mercado laboral tradicional incapaz de absorber la demanda.

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Sin embargo, su crecimiento plantea la urgencia de repensar cómo se mide y regula el trabajo en la era digital, evitando que la flexibilidad se traduzca en precariedad sin protección.

La informalidad digital no es simplemente un subproducto del avance tecnológico, sino un fenómeno estructural que redefine generaciones de trabajadores, mercados y políticas públicas en el país y la región.


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