El acordeonero y compositor colombiano Rolando Ochoa recordó uno de los episodios más difíciles de su vida personal y profesional: el secuestro que sufrió en el año 2000 junto a Diomedes Dionisio Díaz, hijo del cantautor Diomedes Díaz.
Durante su participación en el pódcast Historias con Ritmo, de Caracol Televisión, el músico relató el impacto emocional que este hecho tuvo en su carrera y recordó los días en que ambos permanecieron privados de la libertad en una zona montañosa del país.

El hecho se remonta a una época en la que ambos artistas consolidaban su propuesta musical bajo la agrupación Los hijos de los grandes. Con un repertorio en crecimiento, que incluía temas como Siguiendo los pasos, Por qué te amo y Dame un besito, la dupla comenzaba a ganar reconocimiento en el vallenato tradicional.
Sin embargo, su proyección artística se vio abruptamente interrumpida durante una gira por el departamento del Tolima.

De acuerdo con lo expresado por Ochoa en el espacio, el hecho ocurrió cuando se dirigían al municipio de Palocabildo, con el fin de ofrecer una presentación programada para la conmemoración del Día de la Madre. El vehículo en el que se transportaban los músicos fue interceptado en la carretera por hombres armados y encapuchados.
El relato detalla que el secuestro parecía tener una planeación, a tal punto que los captores interrogaron a los integrantes sobre la disponibilidad de sus instrumentos musicales antes de trasladarlos hacia la zona montañosa. Como consecuencia directa de la retención, el concierto programado tuvo que ser cancelado de inmediato, obligando a la organización del evento a reembolsar el valor de las boletas, que para la época ascendía a 6.000 pesos por entrada.

Respecto a la autoría del hecho, registros de contexto histórico compartidos por medios locales, como el diario El Pilón, han atribuido la retención al Ejército de Liberación Nacional (ELN). No obstante, los detalles específicos sobre las motivaciones económicas o políticas del grupo armado siguen siendo desconocidos.
En el momento de los hechos, Diomedes Dionisio tenía 18 años y combinaba sus compromisos musicales con sus estudios de último año de bachillerato. Ochoa fue enfático al describir el impacto a largo plazo que genera una experiencia de este tipo en la salud mental de un individuo.
“Es una de las experiencias horribles que puede pasar un ser humano; no se lo deseo a nadie. Quedan muchas secuelas, queda uno muy marcado. Durante muchos años quedé marcado, muchos nervios, muchas cosas; cuando iba viajando en los buses y paraban a cualquier cosa, yo ya estaba saltando, porque queda uno con esa psicosis”.

A pesar de las profundas secuelas narradas, Ochoa logró consolidar una de las carreras más importantes de la música de la Costa Caribe. En este 2026, el acordeonero conmemora 25 años de trayectoria profesional, una marca que ratifica su herencia familiar como hijo del maestro Calixto Ochoa.
A lo largo de su trayectoria, se ha destacado tanto en la ejecución como en la producción, colaborando en proyectos como el álbum La 9.ª batalla junto a Silvestre Dangond, donde firmó composiciones de alta rotación como Loco Paranoico y La difunta.
Por su parte, el nombre de Diomedes Dionisio Díaz volvió a figurar en la opinión pública a inicios de este año 2026, luego de reportarse que debió ser ingresado de urgencia en una clínica de la ciudad de Valledupar, debido a complicaciones médicas en su organismo. Aunque su estado de salud causó natural preocupación entre los seguidores de la dinastía Díaz, este nuevo testimonio de Ochoa traslada la atención hacia la resiliencia de dos figuras que consiguieron sobrevivir a una de las épocas más complejas del orden público en Colombia.
