Un fuerte movimiento telúrico sacudió ayer a Panamá y provocó el colapso de algunas edificaciones en el centro del país. El sismo tuvo una magnitud de 7,7 y estuvo seguido de varias réplicas que se sintieron en distintos lugares minutos después del movimiento inicial.
Con epicentro a 10 kilómetros de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, el terremoto inició a las 12:56 p. m. hora local y generó una alerta de tsunami en el Pacífico, que luego fue descartada.

Las primeras imágenes publicadas en las redes sociales y en distintos medios locales mostraron el derrumbe parcial de un hotel ubicado al suroeste de Ciudad de Panamá. También se registraron daños en una iglesia y grietas en otros edificios.

Videos dejaron ver la angustia de los ciudadanos cuando cientos de personas salieron de los edificios durante el minuto que duró el terremoto. Los temblores son poco usuales en la capital de ese país y se presentan, en la mayoría de los casos, en la provincia de Chiriquí, fronteriza con Costa Rica.

“Hay infraestructuras viales que se han visto comprometidas, edificios gubernamentales, comercios privados (...) La planta potabilizadora de Chilibre opera actualmente al 20 por ciento de su capacidad y, de momento, no se registran personas desaparecidas”, anunció el Gobierno en un comunicado.
Las autoridades llamaron a la calma y el presidente, José Raúl Mulino, hizo lo propio: “No se debe usar lo sucedido para generar alarmas y desorden”, dijo el mandatario mientras pedía a los organismos especializados los informes sobre lo sucedido.

El Cinturón de Fuego
Aunque durante 2026 se han presentado cientos de sismos en el mundo, ha llamado la atención que gran parte de estos movimientos telúricos han tenido lugar en países que integran el Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa franja que rodea parte del océano y concentra volcanes activos y zonas de alta actividad sísmica en las Américas.

Asimismo, se han dado movimientos más allá del Cinturón de Fuego del Pacífico, como fue el caso de Venezuela, que registró el pasado 24 de junio un terremoto calificado como “un devastador doblete sísmico”. El primer sismo registró una magnitud de 7,2 a las 18:04 hora local, con epicentro cerca de San Felipe, Yaracuy. Apenas 39 segundos después se produjo el sismo principal con una magnitud de 7,5, cuyo epicentro se situó al oeste de Catia La Mar, en el estado La Guaira.
Se calcula que unas 6.000 personas murieron a causa del doble sismo, mientras más de 58.000 edificios sufrieron daños graves o terminaron destruidos.

Luego el turno fue para Colombia, cuando el 10 de agosto, a las 7:30 a. m., un terremoto de 7,4 sacudió el suroccidente del país y tuvo una duración de dos a cuatro minutos. Chocó, Cauca, Valle del Cauca, Risaralda y Quindío fueron los departamentos que registraron un mayor impacto.
Tuvo como epicentro San José del Palmar, en Chocó, y la tragedia dejó un saldo de más de 300 fallecidos, una cifra cercana a los 4.000 heridos y unas 185.000 personas damnificadas, así como 237.000 viviendas afectadas o destruidas.
Y cuando el país apenas se recuperaba del sismo del 10 de agosto y avanzaba en la estrategia para la reconstrucción y la recuperación de las zonas afectadas, un particular evento telúrico se registró en el Tolima: un enjambre sísmico. Una serie de decenas o miles de temblores de magnitudes similares ocurren en una misma zona y durante un periodo corto (días, semanas o meses), sin que exista un terremoto principal dominante.

Desde el inicio del enjambre sísmico en Chaparral, Tolima, el 20 de septiembre de 2026, el Servicio Geológico Colombiano ha localizado al menos 1.238 sismos de magnitud igual o superior a 2,0, de los cuales 24 alcanzaron o superaron una magnitud de 4,0. Sin embargo, la frecuencia diaria de estos movimientos ha disminuido considerablemente desde finales de septiembre.
Este viernes, la región volvió a estremecerse con el movimiento telúrico en Panamá. El Servicio Geológico de los Estados Unidos informó de al menos cinco desplazamientos tectónicos posteriores de magnitud superior a 5, entre ellos uno de 5,8 al sur de El Cacao.

Por su parte, la Autoridad del Canal de Panamá indicó que las operaciones continúan con normalidad, que se han activado los protocolos de emergencia y que los técnicos evalúan las instalaciones.
¿Qué está pasando? En la región, el Cinturón de Fuego comprende zonas de México, Estados Unidos, Canadá, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, donde se han presentado un gran número de sismos en los últimos meses.
El origen del también llamado Anillo de Fuego está relacionado con el movimiento de las placas tectónicas y el choque entre ellas, que pueden generar que se separen o se deslicen unas respecto de las otras.

Al proceso, cuando una placa se introduce por debajo de la otra, se le conoce como subducción, un movimiento que puede liberar la tensión de manera repentina y generar terremotos.
“Los mapas de sismicidad mundial muestran que cerca del 80 por ciento de los terremotos y el 85 por ciento de los volcanes activos del planeta se concentran en esta zona. Por eso, es habitual que allí se registren movimientos sísmicos con relativa frecuencia, como está ocurriendo actualmente”, explicó a SEMANA Hernando Tavera, jefe institucional del Instituto Geofísico del Perú.
Sobre los daños materiales y las pérdidas humanas causados por los recientes sismos, el experto explicó que los temblores de hoy no son necesariamente más destructivos que los de décadas anteriores. “Lo que ocurre es que antes había menos construcciones y una población mucho menor que la actual”, señaló.

Según Tavera, la ciencia no puede predecir cuánto durarán las réplicas ni con qué frecuencia ocurrirán. Sin embargo, cuando comienzan a espaciarse, es señal de que la zona afectada está recuperando su equilibrio, explicó.
Tras el devastador terremoto del pasado 24 de junio en Venezuela, otro sismo sacudió al vecino país el pasado 2 de octubre. Esta vez el movimiento telúrico fue de magnitud 5 y sorprendió nuevamente a las autoridades.
En abril de este año se produjo un potente terremoto de 7,4 grados en Japón, al noreste de Miyako, a 25 km de profundidad, en la zona de subducción de la Fosa de Japón. En agosto, el turno fue para Indonesia, con un terremoto de 7,8 grados. Este movimiento telúrico se produjo al noroeste de Ende, en la isla de Flores, a unos 10 km de profundidad.
“De aquí a un tiempo volverá a ocurrir otro sismo. En Venezuela ya se estabilizó y el proceso vuelve a empezar con la acumulación de energía. En Colombia igual, en Perú igual, en Chile igual”, dijo el experto peruano.
Para Tavera, lo extraño no es que se registren varios sismos de gran magnitud en un corto periodo en la región, sino que haya etapas de menor actividad sísmica. “Deberíamos preguntarnos por qué el año pasado, en 2025, no ocurrieron terremotos. Esa debió ser nuestra primera pregunta”, dijo a SEMANA.
“Si vivimos en una región de alta actividad sísmica, lo extraño sería que no ocurrieran terremotos. La ausencia de estos movimientos puede indicar que hay zonas donde se acumulan esfuerzos que posteriormente se liberan en forma de grandes cantidades de energía. Esa acumulación durante años podría explicar los sismos registrados en 2026, que forman parte de la dinámica natural de la región”, concluyó Tavera.
