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Las voces de la tragedia: colombianos relatan el terror que aún se vive en Venezuela

En medio de la desolación y la incertidumbre provocadas por los terremotos ocurridos en Venezuela el 24 de junio, SEMANA recabó distintos testimonios de colombianos que vivieron los minutos de pánico y también de quienes continúan buscando a sus familiares.

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27 de junio de 2026 a las 2:19 a. m.
Estos relatos reconstruyen, minuto a minuto, una tragedia que todavía continúa.
Estos relatos reconstruyen, minuto a minuto, una tragedia que todavía continúa. Foto: AP Photo/Javier Campos

La tarde del miércoles 24 de junio quedará marcada en Venezuela. Lo que comenzó como una jornada festiva por el feriado nacional terminó convertida en una carrera desesperada por salvar vidas. Los terremotos que sacudieron distintas regiones del país dejaron edificios destruidos, familias separadas, personas desaparecidas y comunidades enteras enfrentadas no solo al miedo de nuevas réplicas, sino a la incertidumbre y el dolor que ha provocado esta tragedia.

Residents pull a body from the rubble two days after earthquakes struck La Guaira, Venezuela, Friday, June 26, 2026. (AP Photo/Ariana Cubillos)
🔴 Venezuela este sábado, 27 de junio EN VIVO | Siga en directo el último reporte de víctimas y desaparecidos tras los terremotos

SEMANA recopiló testimonios de colombianos que sobrevivieron a los terremotos y de otros que desde entonces viven pendientes de una llamada que confirme que sus seres queridos siguen con vida. Sus relatos reconstruyen, minuto a minuto, una tragedia que todavía continúa.

La angustia de esperar noticias

Para Alicia Peñaranda, samaria residente en Bogotá, los terremotos cambiaron el rumbo de unas vacaciones familiares. Su prima Natalia Fernández Díazgranados viajó desde España junto con su esposo venezolano, Miguel, y su hija, Irene, para pasar unos días en Tucacas, específicamente en el edificio La Mar Suites.

El esposo y la menor lograron salir con vida. Natalia quedó atrapada bajo los escombros. La incertidumbre se hizo aún mayor porque Natalia es una paciente trasplantada de riñón desde hace un año y requiere un tratamiento permanente. Cada hora transcurrida sin ser localizada incrementa la preocupación de toda la familia, repartida entre España, Santa Marta y Colombia.

Marta Rosa Cervantes Guerra, y su esposo Wilson Barlissa fueron hallados vivos por un vecino en La Guaira.
“Un vecino nos confirmó que estaban bien”: hallan con vida a pareja de colombianos desaparecida tras terremotos en Venezuela

Hay tragedias que se pueden ir solucionando con los días, pero esta no. Toda la fuerza que los Estados y los organismos internacionales puedan dar tiene que ser hoy, porque debajo de esos escombros hay personas que necesitan ser rescatadas y atendidas de inmediato. Un día más puede marcar la diferencia”, afirma Alicia.

Otro primo de Natalia, Hernán José Peñaranda, coincide en que la preocupación no solo pasa por la ausencia de noticias, sino por las condiciones en las que se desarrolla la búsqueda. “Sabemos que están haciendo labores de rescate y que piden periodos de silencio para tratar de escuchar a los sobrevivientes, pero la situación ha sido muy precaria. La mayor atención se ha concentrado en La Guaira y en Tucacas; prácticamente, la gente ha tenido que ayudar con sus propios recursos”, dijo.

Natalia Fernández Díazgranados, colombiana atrapada entre los escombros en Tucacas.
Natalia Fernández Díazgranados, colombiana atrapada entre los escombros en Tucacas. Foto: Suministrada a SEMANA

Y agregó: “Nuestro llamado como familia es que Natalia también es ciudadana colombiana y española y que ambos países deberían velar por ella. Miguel lleva muchas horas despierto; él y su hija permanecen en una carpa improvisada, sin luz ni agua”.

Al cierre de esta edición, las operaciones de búsqueda de Natalia Fernández Díazgranados continúan. Se desconoce su estado de salud, al igual que el de las otras seis personas que permanecen junto con ella entre los escombros del complejo hotelero.

El miedo de sobrevivir

A kilómetros de Tucacas, Rafael Salas también vivió minutos que jamás olvidará. Es de Valledupar, pero lleva 47 años radicado en Caracas y el terremoto lo sorprendió en Los Teques, donde visitaba a una amiga durante el feriado.

Lo primero que evoca es la fuerza con la que comenzó a sacudirse el suelo. “Parecía que estuviéramos sobre un árbol moviéndose”, recuerda al describir el instante en que todos salieron de la vivienda buscando un espacio abierto.

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Bebé de 18 días de nacido y su madre son rescatados con vida luego de permanecer 32 horas atrapados entre escombros en Venezuela

Su mayor preocupación, sin embargo, estaba lejos de allí: sus tres hijos permanecían en Caracas, cada uno viviendo en edificios de apartamentos. Con todas las precauciones posibles, emprendió el regreso por carretera. Una hora después pudo reunirse con ellos en su casa, donde decidieron permanecer mientras las autoridades recomendaban no ingresar nuevamente a las edificaciones. “Uno como ser humano siente mucho temor. Yo estoy acatando las recomendaciones de no salir, pero estoy muy conmovido. Caracas es una ciudad que uno recorre todos los días y, cuando ve edificios enteros desplomados, de 18 o 20 pisos, entiende realmente la magnitud de lo que ocurrió”.

La colombiana Ana Isabel Cervantes, quien vive en Venezuela hace más de 20 años, se encontraba en la ciudad de San Antonio cuando ocurrieron los terremotos, mientras que uno de sus hijos permanecía en Caracas. Al regresar, encontró una ciudad alterada, con personas reunidas en las calles y vecinos que preferían permanecer fuera de los edificios por temor a las réplicas.

El mayor peso no estaba en los daños materiales, sino en la incertidumbre de no saber dónde se encontraban su hermana, Marta Rosa Cervantes, y su cuñado, Wilson Barliza, quienes residían en El Tigrillo, en La Guaira, una de las zonas más golpeadas.

Martha Rosa Cervantes y Wilson Barliza, pareja de colombianos sobrevivientes en La Guaira.
Martha Rosa Cervantes y Wilson Barliza, pareja de colombianos sobrevivientes en La Guaira. Foto: Suministrada a SEMANA

Durante horas, las llamadas no obtuvieron respuesta. Tampoco aparecían en los listados de hospitales que familiares y amigos consultaban insistentemente. “Mi hermana y su esposo estaban solamente los dos. Hemos llamado a familiares, amigos y hospitales, pero no sabemos nada. Pensamos en ir hasta allá, pero no dejan entrar a nadie. Solo pueden pasar rescatistas y personal médico. Lo único que nos queda es esperar”.

Por fortuna, dos días después, la incertidumbre dio paso al alivio. Un vecino de La Guaira informó a la familia que había visto con vida a Marta Rosa y a Wilson. La noticia puso fin a una angustiosa espera que parecía no terminar.

En otra zona de Caracas, Martha Salas también sigue enfrentando las consecuencias del terremoto. Vive en el barrio de Chacao en Caracas, donde varios edificios de gran altura quedaron comprometidos estructuralmente.

Aunque su edificio no sufrió daños graves, todavía observa con preocupación las construcciones vecinas mientras las autoridades concentran sus esfuerzos en los inmuebles completamente colapsados. “No podía moverme bien porque me bamboleaba de un lado para otro. Logré agarrar al perro y salir. Yo temblaba, lloraba y pensaba que el edificio se iba a caer. Nunca había vivido algo así y realmente sentí que podía morir allí”.

Muy cerca de allí, Gabriela Vale, su hija, vivió otra impactante escena. Salía junto a dos amigos y una perra desde un apartamento en Los Palos Grandes cuando el ascensor que se encontraba en el piso 12 comenzó a sacudirse violentamente entre los pisos. Durante unos segundos creyeron que el elevador estaba fallando hasta que comprendieron que el edificio entero se movía.

Gabriela Vale, sobreviviente en Caracas.
Gabriela Vale, sobreviviente en Caracas. Foto: Suministrada a SEMANA

Al llegar a la planta baja, corrieron hacia la calle. Lo que encontraron fue una escena difícil de olvidar: polvo suspendido en el aire, personas rezando, otras llorando y construcciones que comenzaban a desplomarse frente a sus ojos. “Cuando logramos salir, vimos que el edificio de al lado se estaba cayendo. Escuchábamos estruendos, había mucho polvo y la gente estaba paralizada. Mi amiga lloraba, otra señora rezaba y todos tratábamos de entender qué estaba pasando”.

Gracias a Dios, mi familia está bien, pero tenemos compañeros que lo perdieron todo. Una compañera estaba en La Guaira con sus papás; ellos lograron salir, pero ella no. Otra estaba en un edificio que colapsó, y todavía no la han encontrado. Es imposible quedarse indiferente frente a tanto dolor”, dice en una frase que resume la tristeza y el sufrimiento que hoy cubren a Venezuela.