El océano Pacífico recibió a la cápsula Orión como si cerrara un capítulo que llevaba más de medio siglo en pausa. Tras un viaje de diez días, que incluyó el sobrevuelo de la Luna en una trayectoria en forma de infinito para optimizar combustible de una distancia total de 694.481 millas, la misión Artemis II culminó con un amerizaje exitoso este viernes 10 de abril de 2026 a las 7:07:47 p. m. hora colombiana, marcando el regreso de una tripulación humana desde el entorno lunar y el inicio de lo que podría ser una nueva era en la exploración espacial.
Minutos antes, la tensión fue total. La cápsula Orión atravesó la atmósfera terrestre a velocidades extremas de hasta 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas abrasadoras estipuladas por la Nasa de hasta 1.500 grados Celsius. Luego, el despliegue de los paracaídas y el impacto controlado contra el mar confirmaron lo esperado: los cuatro astronautas estaban a salvo, un logro ganado para la ciencia de la mano de la directora de Aterrizaje y Recuperación de Artemis, la colombiana Liliana Villarreal.

“Estoy tan extasiada, aliviada. Nuestro equipo ha estado preparándose y trabajando muy duro. Estoy orgullosa de todos ellos, todo salió muy bien, tal como estaba planeado”, aseguró la colombiana.
La histórica misión comenzó el primero de abril a las 5:36 p. m. hora de Colombia, cuando la Nasa confirmó el despegue desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida. Desde entonces, la travesía llevó a la tripulación a rodear la Luna y devolvió a la humanidad a un punto que no alcanzaba desde 1972 en la misión Apolo 17.

Esta vez, la tripulación estuvo conformada por el estadounidense Reid Wiseman, comandante de la misión; Victor Glover, piloto y primer afroamericano en participar en un viaje lunar; Christina Koch, la primera mujer en una misión a la órbita lunar, y Jeremy Hansen, el primer canadiense en salir de la órbita terrestre.
Durante estos días, Artemis II cumplió con objetivos cruciales. Entre ellos, la validación del cohete SLS, el correcto funcionamiento de la cápsula Orión con tripulación a bordo y la ejecución de maniobras críticas.
Un viaje que reescribió la exploración lunar
A medida que la nave se alejaba de la Tierra, la misión Artemis II comenzó a cumplir uno a uno los objetivos que definirán el futuro de la exploración espacial. No se trataba solo de volver a la Luna, sino de demostrar que la humanidad estará lista para quedarse.
Uno de los momentos clave fue la ejecución de trayectoria de retorno libre, que permitió a Orión rodear la Luna y regresar usando su gravedad. Este sistema garantiza que la nave pueda volver a la Tierra incluso ante fallas críticas.

En ese recorrido, la tripulación alcanzó una distancia aproximada de 406.778 kilómetros de la Tierra, superando el récord establecido por la misión Apolo 13 de 400.171 kilómetros.
La misión validó, además, nuevas tecnologías, como la transmisión de video en alta definición desde la cercanía de la Luna mediante comunicación por láser (O2O), un avance que reduce los tiempos de envío de datos y mejora la conexión con la Tierra. Uno de los momentos más emotivos de la misión fue cuando, en medio de una transmisión en vivo, la tripulación propuso nombrar simbólicamente uno de los cráteres de la Luna como Carroll, en honor a la esposa fallecida de Wiseman.
Durante la mayoría de la misión se mantuvo comunicación constante con la tripulación y se aplicaron rutinas para su bienestar físico y emocional en microgravedad. La Nasa reprodujo música diaria para ayudar a los astronautas a no perder la noción del tiempo en la oscuridad del espacio.

En medio del avance tecnológico, la misión enfrentó retos cotidianos, como la falla temporal del inodoro de 23 millones de dólares de la nave, parte del sistema UWMS de la Nasa. El incidente recordó que, más allá de la ciencia, la vida en el espacio sigue presentando desafíos humanos por resolver.
Para profundizar en la relevancia de este acontecimiento, SEMANA consultó a Raúl Joya, director del Observatorio Astronómico de la Universidad Sergio Arboleda, quien aseguró que “este vuelo espacial es ejemplo para sensibilizar a los líderes del mundo e inspirar a los jóvenes que están forjando futuro para vivir en paz. La Tierra es nuestra nave espacial”.
El lado oculto de la Luna
El paso por el lado oculto de la Luna fue uno de los momentos más desafiantes. Durante unos 40 minutos, Orión perdió contacto con la Tierra mientras la tripulación siguió registrando imágenes en alta definición. Allí, Artemis II alcanzó su punto más lejano, y Reid Wiseman lo describió como “un verdadero regalo”.
Victor Glover dejó una de las reflexiones más profundas antes de perder la comunicación en el lado oculto de la Luna. Recordó que, incluso en medio de la exploración del universo, uno de los mayores misterios sigue estando en la Tierra: el amor. Luego, tras vivir la experiencia completa, fue contundente: “Voy a estar pensando y hablando de todas estas cosas por el resto de mi vida”.

La mirada de Christina Koch aportó una dimensión más simbólica al viaje: “La Luna es la encarnación de algo que está en el corazón de cada uno de nosotros”. Jeremy Hansen, en tanto, llevó el mensaje hacia un plano más colectivo: “Nuestro propósito en el planeta como seres humanos es encontrar la alegría (...) y animarnos mutuamente creando soluciones juntos en lugar de destruir”.
Tras el silencio detrás de la Luna, la misión vivió un eclipse solar visto desde el espacio profundo. La alineación entre el Sol, la Luna y la nave dejó a la tripulación frente a una escena de oscuridad total que describieron como sacada de otro mundo.
Al completar esta parte de la operación, desde la Tierra, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, destacó: “Plantaremos nuevamente nuestra bandera y esta vez no solo dejaremos fotografías, sino que estableceremos una presencia permanente en la Luna, y empujaremos a Marte, será muy emocionante”.
Amerizaje exitoso
Para el fin de la histórica misión, Jared Isaacman, nombrado por Trump oficialmente como el jefe de la Nasa, llegó personalmente al lugar del amerizaje de la tripulación del Artemis II. Los astronautas fueron recibidos por el teniente comandante Jesse Wang, el suboficial mayor médico Laddy Aldridge y los suboficiales médicos Vlad Link y Steve Kapala. En total, fue un equipo de 40 personas encargadas de recibir a la tripulación.
Tras atravesar la atmósfera, se reportó la pérdida de comunicación con la tripulación; sin embargo, se restableció momentos después de entrar en el descenso en el paracaídas. “Houston, aquí Integrity (apodo de la nave). Los recibimos fuerte y claro”, anunció el comandante Wiseman tras superar la fase más peligrosa de la entrada en la atmósfera. “¡Qué viaje! Estamos estables”, agregó, e informó un código green para los cuatro miembros de la tripulación, que significa que estaban en buenas condiciones.

Al confirmar que la cápsula se encontraba en perfecto estado y no había fugas de gases, se esperó una hora y diez minutos a fin de instalar el collar de estabilización y el porche delantero, para posteriormente ser trasladados en una balsa que facilitó la evacuación en helicópteros hacia el buque USS John P. Murtha.
Trump compartió un emotivo mensaje: “Felicitaciones a la gran y muy talentosa tripulación. Siguiente paso, ¡Marte!”. Los astronautas fueron trasladados hasta Houston e iniciaron un periodo de cuarentena y rehabilitación.
Según lo señalado por la agencia, en 2027 la misión Artemis III iniciará pruebas en órbita terrestre baja, donde se evaluarán las operaciones integradas entre la nave Orión y los módulos de aterrizaje desarrollados por SpaceX y Blue Origin. Este será un paso decisivo para validar el sistema completo que permitirá descender nuevamente en la Luna.
