análisis

¿A qué juega la centro izquierda en esta campaña?

Entre acusaciones, indefiniciones e imposibilidad de lograr consensos, dicha tendencia se ha venido desinflando.


A pesar de que hasta hace unos meses alcanzó a despertar fervor en los ciudadanos, al presentarse como una alternativa independiente, alejada de las estructuras tradicionales, el centro político en estas elecciones navega más en la incertidumbre y el desconcierto.

En momentos en los que la derecha enfrenta un desgaste por cuenta de las críticas que se hacen al gobierno de Iván Duque y el temor que aún existe en algunos ciudadanos frente a un gobierno de izquierda, el centro llegó a esta contienda electoral con una oportunidad única de conquistar el voto de los colombianos.

Más aún cuando los resultados de la más reciente Encuesta de Cultura Política, elaborada por el Dane, que consultó la opinión de 71.986 personas, arrojó que la mayoría de los colombianos se considera de centro. Según la medición del Dane, el 44,3 % se declaró de centro, el 17,9 % de derecha y el 14 % de izquierda. El 23,8 % no tomó ninguna posición.

Sin embargo, en medio de profundas divisiones, alianzas que no se dan y poca emoción en su propuesta, quienes representan esta tendencia política no logran despegar de la parte baja de las encuestas.

La denominada consulta de centro, en la que estaban Sergio Fajardo, Alejandro Gaviria, Carlos Amaya, Juan Manuel Galán y Jorge Robledo, fue la menos apoyada en las urnas por los colombianos este 13 de marzo. Según lo informado por la Registraduría, el Pacto Histórico triplicó a la Centro Esperanza, y el Equipo por Colombia dobló los sufragios obtenidos por el centro.

Sergio Fajardo, el candidato que representa esta tendencia política, viene en picada en las encuestas y con muy pocas probabilidades de pasar a segunda vuelta.

En medio de esta compleja realidad, Fajardo se tomó un café con el candidato Rodolfo Hernández ―quien no es necesariamente de centro― y se llegó a hablar de una posible alianza entre los dos, algo que despertó de nuevo la esperanza en este sector político

Hasta el viernes pasado, la alianza iba tomando forma y resultó tan atractiva que hasta la propia Ingrid Betancourt, quien hace apenas dos meses salió dando un portazo de la Coalición Centro Esperanza, contempló la posibilidad de dar un paso al costado y unirse a los dos candidatos.

Según se supo, Hernández y Fajardo habían acordado que la decisión de quién apoyaría a quién se tomaría a partir de una encuesta. Pero todo se echó a perder en cuestión de horas.

Aunque las partes no habían acordado cuándo se contrataría la encuesta, quién la realizaría y bajo qué muestra, Hernández dijo el viernes en medios de comunicación que la encuesta de Invamer conocida ese día ya era concluyente y que Fajardo era quien debía unirse a él. Esto causó malestar en la coalición Centro Esperanza, porque nadie parecía entender por qué el santandereano se adelantaba y se atribuía un triunfo cuando las reglas no estaban claras.

“Tal vez el centro, por ser más nuevo, tiene menos cohesión y por tanto menos disciplina. Después de la consulta los partidos no lograron mantener a todos sus miembros alineados y eso hizo daño. Pero creo que también hay path dependence, hay resistencia al cambio en la tendencia: nos fue mal en la consulta y la gente no creyó que ese mal resultado pudiese superarse. De ahí en adelante las preferencias se empezaron a desplazar”, explicó la analista y docente de la Universidad de los Andes Sandra Borda, quien fue candidata al Congreso por el Nuevo Liberalismo.

Pocas emociones

A la dificultad para lograr consensos, se suma el hecho de que el centro no ha logrado generar emociones en los ciudadanos.

Si bien el centro es visto como una esperanza por un importante sector de la población, ante los constantes cruces de acusaciones que hay entre la derecha y la izquierda, también es calificado por sus críticos como una corriente de tibios, es decir, sin posiciones claras ante los graves problemas del país.

Decirle ‘no más a la polarización’, como se han dedicado a hacer quienes pertenecen a este sector político, no basta para ganar una elección en Colombia.

No se puede olvidar que la llamada polarización es una tendencia mundial, por lo que dedicarse a rechazarla de tajo sin entender la causas de esta resulta contraproducente y poco rentable electoralmente.

En vez de enfrascarse en estas discusiones de tipo político, como apuntó el analista Enrique Herrera, el centro debió dedicarse a encontrar un relato emotivo que, con bases programáticas, conecte al elector con el candidato.

Es necesario fijar posiciones claras ante los inmensos desafíos que tiene el país en diferentes campos: economía, seguridad, desempleo, educación, salud, pobreza, desigualdad, inseguridad, grupos armados ilegales y cultivos ilícitos.

Divisiones

A pesar de que fue la primera coalición que se integró, la Centro Esperanza se volvió el ‘centro’ de las divisiones.

Los primeros destellos de fracturas los mostró Juan Manuel Galán, quien pujó por tener una lista al Senado y a la Cámara separada de las elaboradas por la convergencia de fuerzas políticas. Esto generó fuertes enfrentamientos.

Luego vino el duro rifirrafe entre el exministro Alejandro Gaviria e Ingrid Betancourt, que terminó con la salida de la candidata de Verde Oxígeno de esta convergencia.

Posteriormente fue el enfrentamiento entre Gaviria y Sergio Fajardo. Y pocos días después de esta situación, se dio la pelea entre Juan Manuel Galán y Carlos Amaya, por acusaciones en contra del exgobernador de Boyacá por una supuesta red de clientelismo entre el departamento y la actual administración en Bogotá.

Y entre acusaciones, indefiniciones, imposibilidad de lograr consensos y discusiones más políticas que programáticas, la esperanza se fue desinflando en el centro.