Barranquilla se convirtió en mucho más que una plaza electoral para Abelardo De La Espriella. Durante la campaña presidencial de 2026, el abogado instaló en la capital del Atlántico uno de los principales centros de operaciones de su proyecto político. No es casualidad. Aunque nació en Bogotá y se crio en Montería, desde hace décadas construyó fuertes lazos empresariales en la Arenosa y buena parte de su discurso sobre desarrollo territorial ha tenido como escenario el Caribe colombiano.
Ahora que Colombia decidió y le dio la victoria presidencial a De La Espriella, Barranquilla aparece como uno de los territorios más significativos para el abogado. El próximo viernes 7 de agosto de 2026, cuando se posesione el Tigre, este encontrará una ciudad con indicadores de desarrollo superiores a los de muchas regiones del país, pero también una ciudadanía que reclama respuestas frente a problemas que se han agravado durante los últimos años.
La situación del Atlántico
La fotografía que describen distintos sectores de Barranquilla y el Atlántico es la de una región que ha logrado avances importantes, pero que aún enfrenta retos estructurales. Para Abraham Scholl, representante de los egresados ante el Consejo Superior de la Universidad del Atlántico, la ciudad llega a este momento con una percepción positiva sobre su transformación urbana y social. “Eso sería histórico. Eso querría decir que Barranquilla está despertando, porque no podemos esconder el desarrollo que ha tenido Barranquilla, una ciudad que ha avanzado”.
Scholl considera que el hecho de que De La Espriella viva en Barranquilla podría traducirse en una mayor cercanía entre el Gobierno nacional y la región Caribe. Según su visión, el principal valor de esa relación estaría en reducir las distancias históricas entre Bogotá y los territorios.

Desde el sector empresarial, la lectura es similar, aunque enfocada en los desafíos de competitividad. Efraín Cepeda Tarud, presidente ejecutivo del Comité Intergremial del Atlántico, sostiene que el próximo Gobierno tendrá que enfrentar asuntos que llevan años esperando soluciones estructurales. El primero de ellos es la crisis energética del Caribe. Los gremios de la región han trabajado junto con gobernadores en una propuesta que esperan presentar al nuevo mandatario para reformar el modelo de prestación del servicio eléctrico.
A ello se suman proyectos estratégicos para el desarrollo regional, como la navegabilidad del río Magdalena, la conexión vial entre Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, así como la modernización del aeropuerto Ernesto Cortissoz y su terminal de carga.

“En la medida en que sigamos repitiendo lo mismo que hemos venido haciendo, los resultados van a ser los mismos: fracaso. Por eso pondremos a disposición del próximo presidente este trabajo conjunto que se ha hecho entre los gremios y los gobernadores de la región Caribe”, explica Cepeda Tarud.
Con la llegada de De La Espriella a la presidencia, la apuesta de los empresarios es convertir al Atlántico en una plataforma logística más competitiva para atraer inversión, fortalecer el turismo y consolidar su papel como uno de los motores económicos del país.

Seguridad, el talón de Aquiles
Si existe un tema que une a todos los sectores consultados por SEMANA es la preocupación por la seguridad. Juan David Chamorro, representante estudiantil de la Universidad del Atlántico y consejero de juventudes, asegura que la principal inquietud de muchos barranquilleros está relacionada con el crecimiento de la violencia urbana, particularmente entre los jóvenes. “Abelardo recibe una ciudad que, a mi parecer, es ejemplo de turismo en el país, pero que tiene ese problema o ese rezago relacionado con la inseguridad, con la extorsión, con los crímenes y las violencias urbanas, inclusive entre los jóvenes”.
La preocupación también es compartida por el sector empresarial. Cepeda Tarud advierte que la extorsión se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la actividad económica. “Vemos cómo la extorsión es un flagelo que ha golpeado mucho a empresarios de todos los tamaños. En la medida en que no tengamos seguridad, va a ser muy complicado seguir atrayendo empresas y turismo”.
Pero la radiografía más profunda la aporta Arturo García, expersonero de Barranquilla y analista de seguridad, quien describe una realidad mucho más compleja que la simple presencia de bandas criminales.

Según sus análisis, en el Atlántico operan actualmente alrededor de 14 organizaciones criminales, muchas de ellas surgidas de antiguos procesos de instrumentalización de jóvenes a través de redes sociales y estructuras pandilleras que evolucionaron hacia organizaciones criminales. “El reto fundamental del futuro presidente es entender de dónde surgió esta situación. Si no se parte de ese diagnóstico, se seguirán cometiendo errores estratégicos y tácticos”.
García sostiene que las fórmulas tradicionales basadas únicamente en el aumento del pie de fuerza han demostrado limitaciones. El experto recuerda que el departamento registró 116 muertes violentas en mayo de 2026, la cifra más alta de su historia reciente, y asegura que fenómenos como la extorsión, los pasquines intimidatorios y las disputas territoriales continúan expandiéndose en distintos municipios del Atlántico. “Hoy existen jefes delincuenciales invisibilizados que mantienen controles territoriales en áreas específicas. No sobresalen, pero controlan la vida, la muerte, la extorsión y muchas otras actividades. No son conocidos por el sistema judicial, ni siquiera tienen anotaciones y hoy están delinquiendo en todos nuestros territorios”, afirma.
Por eso su conclusión es contundente: el nuevo presidente deberá mirar más allá de Barranquilla y diseñar una estrategia integral para todo el departamento.

Informalidad y juventud
A la par de la seguridad, la informalidad aparece como otro de los grandes desafíos que encontrará el Gobierno de Abelardo De La Espriella. Para Juan David Chamorro, el problema golpea especialmente a los jóvenes, quienes muchas veces quedan excluidos de las garantías laborales formales. “La informalidad es una de las principales cosas que nos afectan a nosotros, los jóvenes. Hay mucha informalidad y muchos emprendimientos que, aunque son valiosos, no están cimentados sobre bases que permitan acceder formalmente al crédito, a una mejor atención en salud o a una pensión”.
La preocupación coincide con la visión de los empresarios. Efraín Cepeda Tarud sostiene que el Atlántico y la región Caribe mantienen algunos de los niveles más altos de informalidad del país, situación que limita el crecimiento económico y la generación de empleo de calidad.
Para Chamorro, el desafío también está ligado a la educación y a la necesidad de formar jóvenes en nuevas tecnologías. Considera que programas de formación corta y herramientas relacionadas con inteligencia artificial podrían convertirse en una oportunidad para cerrar brechas laborales.

En la visión de Abraham Scholl, la ecuación es clara: seguridad, inversión y empleo deben avanzar de manera conjunta. “Necesitamos el apoyo de los inversores y de los empresarios. Yo creería que la seguridad va a generar confianza para la inversión y eso también va a generar desarrollo, empleo, convivencia y muchas cosas más que se derivan a partir de ahí”.
Esa es, en buena medida, la Barranquilla que recibiría Abelardo De La Espriella como próximo presidente de Colombia. Una ciudad que exhibe avances visibles en infraestructura, educación y desarrollo urbano, pero que, al mismo tiempo, exige respuestas frente a problemas que afectan la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

La capital del Atlántico aparece hoy como una síntesis de los desafíos nacionales: crecimiento económico acompañado de profundas tensiones sociales, oportunidades de desarrollo junto con fenómenos persistentes de violencia e informalidad. Resolver esas contradicciones será una de las primeras pruebas para el Tigre.
