En la mañana del viernes 16 de enero, Denisse Alfaro Flores despertó sin su esposo al lado. Neill Felipe Cubides no había regresado a casa. Mientras ella lo buscaba por cielo y tierra, a esa misma hora las autoridades atendían una conflagración en una zona rural de Usme, en el sur de Bogotá. Allí, horas después, fue hallado el cuerpo del profesor de comunicación social: asfixiado, torturado e incinerado.
La violencia fue tal que su identidad no pudo establecerse de inmediato. El fuego había borrado el rostro y las huellas. Solo un procedimiento forense permitió ponerles nombre a los restos, gracias a las placas dentales que su familia entregó a Medicina Legal. Así terminó la espera y comenzó otra más larga, marcada por preguntas sin respuesta y por un expediente que apenas empieza a abrirse.

Lo que hoy se conoce del caso agrava el horror. Los dictámenes preliminares indican que Cubides fue retenido, sometido y asesinado antes de que su cuerpo fuera quemado, en un intento deliberado por desaparecer cualquier rastro.
A más de una semana del crimen, mientras se analizan videos, movimientos bancarios y testimonios clave, la investigación sigue sin responsables claros y su familia insiste en lo mismo desde el primer día: que Neill Felipe no se convierta en una cifra más de la dolorosa inseguridad que atravesó desde lo más profundo a Bogotá.
La zona donde encontraron el cuerpo está apartada. Es una vía destapada que conecta la vieja vía al Llano con la nueva, en la vereda Los Soches. Sobre la calle de arena empedrada, cerca de escombros, dejaron tirado el cuerpo de Neill Felipe.

Aunque apareció casi cuatro días después de que salió por última vez de la Clínica del Country, tras dejar a su esposa y a su hijo de 10 años la noche del jueves 15 de enero, lo cierto es que no pasaron muchas horas desde ese momento hasta el de su asesinato.
El cuerpo de Neill estaba tirado en la calle. La ropa que vestía estaba rota, pigmentada por el tizne que dejó el intento de incineración al que fue sometido. Su piel estaba enrojecida y, a simple vista, se podían observar las marcas que dejó su cruel agresión. “Una tortura”, así lo describen fuentes adjuntas al caso que hoy es liderado por el CTI de la Fiscalía y por la Policía Metropolitana de Bogotá.

El paseo de la muerte
El carro que transportó por última vez al profesor de la Universidad Externado de Colombia salió de las inmediaciones de la prestigiosa clínica a eso de las 10:07 p. m. del pasado jueves. Luego, se perdió su rastro.
La primera pista sobre este caso apareció en una transacción bancaria que se hizo desde las cuentas del profesor a la 1:25 a. m. del 16 de enero. Es decir, aproximadamente tres horas y 25 minutos después de que Cubides tomara el taxi en el sector de la calle 85.
Luego, apareció un movimiento más, a la 1:26 a. m. y, finalmente, una compra menor a la 1:51 a. m. En total, Cubides, amedrentado, por quien sea que lo haya retenido, hizo movimientos financieros por más de 6 millones de pesos.
Según las pesquisas de las autoridades, Cubides fue arrastrado hasta el sector de Venecia, en la localidad de Tunjuelito. Luego de eso, se presume, fue llevado hasta Usme, donde abandonaron su cuerpo. Sin embargo, la ventana de muerte establecida por los peritos forenses ha arrojado incongruencias entre la hora de las transacciones y la hora en que el cuerpo fue reportado. Cerca de las 2:30 a. m. De acuerdo con esos análisis forenses primarios, es muy probable que Cubides haya sido asesinado dentro del carro y mucho antes de ser abandonado en Usme. También hay líneas rotas entre las horas de las transacciones y la posible hora de la muerte. Al parecer, todo ocurrió en menos de una hora. La salida del Country, el paseo hasta Venecia y la llegada a Los Soches, en Usme. Puede que la precisión de la geolocalización de las transacciones no fuera la mejor.

Inexperiencia y crueldad
Las especulaciones sobre el caso no tardaron. SEMANA tuvo acceso a información de la investigación que muestra detalles y pistas que podrían marcar el desenlace de esta historia. Esta publicación conoció que, pese a que se creía que Neill Felipe había sido retenido en un carro particular de color azul, lo cierto es que fue movido por la ciudad en un taxi pedido por aplicación.
En los videos de las cámaras de video que reposan en los archivos de los investigadores, se ve claro cómo el taxi queda escondido por un bus azul del SITP. En ese fue que desaparecieron al profesor de comunicación.
Aunque todavía es muy prematuro para establecer las responsabilidades, fuentes allegadas al caso le confirmaron a este medio que se trata de una banda delincuencial de ciudadanos venezolanos que tiene azotada la Zona T del norte de Bogotá.

Aunque los investigadores ya tienen confirmado que no están dedicados exclusivamente a la modalidad de paseo millonario y que la califican como “indeterminada”, sí saben que es un grupo de sujetos dedicados al multicrimen que se mueven por ese sector de la capital del país.
Uno de los elementos clave que conduce las pesquisas de los cuerpos de investigación fue la aparición de una interceptación de una comunicación entre los presuntos atacantes en la que ellos mismos reconocen que “se les fue la mano” con el profesor. Ante esta prueba, es posible que el intento por quemar el cuerpo de Cubides haya sido impulsado por la inexperiencia de los criminales.

Las autoridades se han empeñado en decir que los buenos resultados en cifras de seguridad en la ciudad respaldan el relato de que Bogotá camina segura. Y eso es parcialmente verdadero. Pero lo cierto es que casos como el Neill Felipe demuestran que, aunque los casos de asesinatos cada vez son menos, hay una realidad ineludible y es que todos los días son más violentos.
Analistas del cuerpo de investigación criminal de las autoridades de la capital han analizado este fenómeno y los resultados de esas observaciones dan como resultado que la criminalidad ejercida por ciudadanos venezolanos ha desatado unos picos de violencia y crueldad mucho más altos que cuando es cometida por criminales colombianos. La forma del crimen se transformó.
“Al criminal colombiano le gusta vivir en las sombras, trabaja para no dejar rastro, para que no lo vean. Ese es su modus operandi. En cambio, el criminal venezolano siempre ha sido mucho más autor. Le gusta demostrar poder, ejercer violencia ejemplarizante y llevar al límite la situación. Eso ya lo habíamos visto con los famosos embolsados en Bogotá”, le señaló un investigador a esta revista.
Ahora bien, respecto a las cifras de paseo millonario en la capital, la Policía Metropolitana de Bogotá da cuenta de cero casos en lo que va de este 2026. Neill sería el primero. En 2025, el dato ascendió a 22 casos que dejaron 19 víctimas. Casualmente, los registros que se tienen ubican el foco de este delito en la Zona T y la Zona G de la ciudad. La misma de donde salió el profesor la noche de su desaparición.
Aunque las cifras de esta modalidad delictiva sean bajas, una muerte en esas condiciones debería generar un rechazo generalizado. Preocupa que hoy en Bogotá haya bandas criminales dispuestas a torturar e incinerar personas para robarles el dinero.
La investigación seguirá su curso mientras la familia de Neill Felipe Cubides clama justicia para su esposo, padre, amigo y profesor, y para todos los bogotanos que han sido víctimas de la inseguridad insufrible que habita en la ciudad.










