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La valerosa historia del sargento que perfora pozos y suministra agua a poblaciones vulnerables

Más de cinco mil personas se beneficiarán de la obra que lidera este suboficial en el departamento de Santander.


Mientras cientos de familias colombianas celebran este domingo el Día del Padre, el sargento viceprimero Robinson Roncancio Quiñones pasará la festividad alejado de su familia, pero trabajando en beneficio de las comunidades de Santander, labor que lo llena de orgullo.

Roncancio Quiñones nació hace 39 años en el municipio de Briceño, departamento de Boyacá; es hijo de una humilde y trabajadora familia que le inculcó los valores del respeto, la solidaridad, pero sobre todo siempre estar dispuesto a ayudar al prójimo. Precisamente esto se ha convertido en su lema de vida.

Fue así como desde muy joven se proyectó a ayudar a los demás y por ello ingresó al Ejército, institución en la que hoy completa 22 años como suboficial, 16 de estos los ha dedicado en la realización de obras y proyectos como extracción de agua, construcción de vías y puentes.

A lo largo de su carrera, ha perforado y construido más de 30 pozos profundos para extraer agua. Cientos de personas han calmado su sed gracias a ese trabajo que requiere paciencia, que es silencioso y muy poco conocido. Pero para él basta con que, por medio de una videollamada, su familia a la distancia le aplauda y lo admire por esa humanitaria labor.

“Este es un trabajo que hacemos con todo el amor para darle vida a nuestra población civil. El agua es vida, un finca o casa sin agua no es nada, podemos tener los mejores lujos del mundo, pero sino tenemos agua no tenemos nada”, dice el sargento Roncancio.

Desde hace 13 años está casado con Kelly Johana Herrera Pereira, es papá de Robinson, de 10 años, y Emmanuel, de 6. Este sargento viceprimero se ha convertido en uno de los suboficiales más experimentados y reconocidos, a tal punto que ha tenido que viajar a países como Ecuador y Costa Rica, donde ha sido instructor para los miembros de la Fuerza Pública de esas dos naciones, en temas de obras de consolidación y apoyo a la población civil.

Aunque reconoce que no todo ha sido perfecto, pues no faltan los errores, sus sentidos se han agudizado para saber en dónde, con ayuda de un sistema de cables y baterías, hay agua para extraerla y brindarla a quienes más la necesitan.

“El proceso de perforación desde que inicia es con el sudor de la frente del grupo de trabajo, son jóvenes capacitados que con el tiempo han adquirido experiencia. En este proceso se encuentran falencias, pero mi experiencia me permite solucionarlos rápidamente y así poder sacar el agua que beneficia a miles de personas”, agregó el suboficial.

Y es que planear, estudiar y perforar un pozo profundo no es nada fácil. En el mejor de los casos puede tardar hasta 3 meses una obra de estas. Eso sin contar con factores externos como el clima, el estado de las vías de acceso, daños a la maquinaria o dificultades del terreno que pueden, en un segundo, dañar un trabajo de semanas enteras. Iniciar de cero, con la misma pasión y paciencia, es su secreto cada que ocurre una contingencia de estas.

Con su trabajo ha logrado extraer agua para beneficiar a soldados y poblaciones de la Guajira, Putumayo, Vichada, Quindío, Antioquia, Chocó y Santander. Ha realizado diferentes cursos y capacitaciones en manejo de maquinaria pesada, planeación de obras civiles y otros conocimientos que lo han hecho un experto en su trabajo, lo que le ha valido varios reconocimientos por parte de los altos mandos del Ejército Nacional.

Actualmente, se encuentra culminando las obras de un pozo profundo para extraer agua en la vereda la Cantimplora, zona rural del municipio de Cimitarra (Santander). Allí espera poder suministrarles el líquido vital a más de cinco mil personas, la mayoría niños.

“Cuando uno entrega un pozo de agua a los niños es una sensación inexplicable. En una ocasión en La Guajira, que es un desierto, no había agua; tan pronto entregamos el pozo, los niños salieron de las casas a jugar, a bañarse. Para mí es un orgullo ver como ellos disfrutan de la vida que les estamos entregando”.

Pese a que su pecho se llena de orgullo al ver en el rostro de los más necesitados una sonrisa, el Sargento Robinson Roncancio lleva tres meses viendo la sonrisa de sus hijos y esposa por fotos y videollamadas, cuando la señal de internet lo permite.

Por ahora, junto a un equipo de trabajo destinado por el Batallón de Ingenieros de Operaciones Especiales N.º 90 del Ejército Nacional, espera terminar en los próximos días este trabajo, retornar a su hogar, descansar, tomar fuerzas y comenzar un nuevo viaje hacia algún rincón de la patria en donde necesiten que el agua les pueda llegar de manera óptima.