El Estadio Nemesio Camacho El Campín, además de ser un escenario para grandes eventos, ahora se ha convertido en el epicentro de una disputa entre dos grandes actores del entretenimiento bogotano: los partidos del Fútbol Profesional Colombiano (FPC) y los conciertos. Ambos mueven millones, ambos tienen miles de aficionados, pero se disputan un único lugar.

El problema se acrecentó luego de que Sencia se quedara con el contrato de la asociación público-privada (APP) para operar el Complejo Cultural y Deportivo El Campín, el cual fue adjudicado el 29 de diciembre de 2023, durante la administración de Claudia López, dos días antes de que dejara el cargo.

Las condiciones de esa concesión han sido ampliamente criticadas, pues además de adjudicar la operación por cerca de 29 años, el retorno que recibe Bogotá por la operación del complejo es nulo, de menos del 1 por ciento. Es decir, durante este tiempo, Sencia explotará económicamente el escenario y le dará a la ciudad un porcentaje menor de las ganancias.

Es por ello que durante los últimos días se ha abierto una polémica que cada vez se ha alimentado de más hechos. Todo empezó con el concierto de BTS, un popular grupo coreano que llegó a Bogotá con dos fechas. Para este concierto, Sencia decidió retirar en su totalidad la grama de El Campín. La empresa aseguró que la razón era evitar su deterioro y hacer un mantenimiento profundo tras el concierto, para entregar el estadio al FPC a tiempo y en las mejores condiciones. Sin embargo, eso no pasó y por ello se tuvo que cancelar el encuentro entre Millonarios y Once Caldas el pasado 13 de octubre.

Aunque muchos le botan la pelota de la culpa a Sencia por la problemática operación del estadio con conciertos y partidos de fútbol, lo cierto es que la adjudicación la hizo la exalcaldesa Claudia López.

Para muchos, la contratación fue redonda para la empresa privada, pues el negocio, de 2,4 billones de pesos, terminó dejando en desventaja al Distrito. La senadora Jennifer Pedraza aseguró que durante los últimos días se presentó una acción popular para entender las razones de este acuerdo en el que Bogotá pierde dinero.

“El negocio es un embudo en donde lo ancho se lo queda el concesionario y lo angosto el Distrito. El problema no son los conciertos, es que el concesionario no está cumpliendo con los requisitos que se le establecieron. Estamos pidiendo que se equiparen las cargas. Mientras el Distrito pone el predio, por ejemplo, y asume una parte del riesgo líquido del proyecto, el privado se queda con más del 90 por ciento de los ingresos brutos”, precisó Pedraza.

Tras la asignación al privado, muchos aseguran que, al comparar los ingresos por parte de espectáculos como conciertos frente a la entrada que genera un partido de fútbol, hay un mayor interés por las ganancias del primero. Esto porque en los conciertos, por ejemplo, se puede comercializar licor y porque la boletería de estos es mucho más cara. En los eventos deportivos no pueden vender alcohol y el recaudo por boletería es mucho menor.

Pese a ello, los defensores del fútbol aseguran que el escenario está hecho para el deporte, por encima de los eventos musicales. La documentación es sustento de ello. En el contrato suscrito entre el IDRD y el Concesionario Sencia, se precisa una cláusula, exactamente en la parte de las Declaraciones y Garantías de las partes, más exactamente en la página 52 del apartado (xii), denominada ‘Destinación y utilización del estadio’, en la que se dice lo siguiente:
“El concesionario declara y garantiza que el estadio tendrá una destinación principal y prevalentemente deportiva. En caso de presentarse controversia entre la realización de un evento deportivo respecto de uno recreativo y/o cultural en el interior del estadio, prevalecerá la realización del evento deportivo”.

