La campaña por las alcaldías, los concejos municipales, la Asamblea Departamental y la Gobernación del Valle del Cauca arrancó de manera prematura y lo hizo con dos premisas claras. La primera: el Pacto Histórico se siente ganador por la abrumadora votación obtenida en la región durante las pasadas elecciones al Congreso y en las dos vueltas presidenciales, en las que superó el 60 por ciento de los sufragios. La segunda: la profunda división interna de esa colectividad al momento de definir quiénes serán los ungidos en la disputa por los dos cargos más importantes del departamento (la alcaldía de Cali y la gobernación del Valle).
La división no es un asunto menor. Al menos cinco perfiles cercanos al Pacto Histórico quieren llevar las banderas de esa colectividad en la campaña electoral por la alcaldía de Cali. Su aspiración es convertirse en el candidato oficial del movimiento y capitalizar el copioso caudal de votos que obtuvo el petrismo en las recientes jornadas electorales.

El principal problema es que el Pacto tiene dos facciones claramente definidas en Cali y el Valle del Cauca. Por un lado, el grupo liderado por Wilson Arias, del que forman parte los congresistas Alejandro Ocampo y Alfredo Mondragón, ambos con interés en aspirar a la alcaldía de la capital vallecaucana.
Mondragón tomó ventaja en esa disputa al declarar sin ambigüedades que estaría dispuesto a renunciar al Congreso, para el que fue reelegido en marzo, a fin de convertirse en el candidato único del petrismo en Cali.

“Hay que recuperar la alcaldía de Cali y la gobernación del Valle. Yo he sido el representante a la Cámara más votado del Pacto en todo el país. Saqué una votación inmensa e inédita en una consulta que era una elección fría”, dijo Mondragón.
Con ese antecedente, el congresista sugirió que él sería la mejor opción para reunir a todo el Pacto Histórico en torno a una candidatura única en la capital del Valle. “Es decir, en una elección más amplia pude haber sacado mucha más votación. Así que el pueblo lo está sintiendo y sabe que, si el Pacto Histórico y la Alianza por la Vida se unifican, podemos lograr la gobernación del Valle, las alcaldías del departamento y la alcaldía de Cali. Yo estoy dispuesto a exponerme para lograr arrebatarle a la oligarquía la alcaldía de Cali”, agregó el recién elegido congresista.

Esa salida pública, según conoció SEMANA, no habría caído bien en algunos sectores del petrismo regional. Si bien Mondragón fue el congresista más votado de la colectividad, también es una de las figuras que provoca mayores resistencias entre ciertos sectores de la opinión pública por su papel durante el estallido social y por las controversias políticas que protagonizó durante la administración actual. Para algunos analistas, una eventual candidatura suya tendría la capacidad de movilizar las bases más ideologizadas del petrismo, pero también podría aumentar la polarización en una ciudad que aún intenta superar profundas fracturas políticas y sociales.
Por su parte, Alejandro Ocampo, coequipero de Mondragón, también ha manifestado, aunque de manera más cautelosa, su intención de aspirar a la alcaldía de Cali. En marzo reveló que recibió llamadas “de muchas personas animándome a ser candidato”, dejando abierta la puerta a una eventual postulación.

Del otro lado se encuentra el grupo liderado por el senador y exdirector del Departamento Nacional de Planeación, Alexánder López, acompañado por el también senador Kevin Gómez, la representante electa Ana Erazo y la concejala María del Carmen Londoño.
La división es tan evidente que ambas facciones operan desde espacios políticos diferentes y mantienen agendas propias. Dentro del sector de López, la figura con mayores posibilidades para representar al Pacto Histórico en Cali sería precisamente la concejala Londoño, quien ha ganado protagonismo en los debates locales y mantiene una relación cercana con las bases sociales que respaldan al petrismo.

Así las cosas, es muy posible que el Pacto Histórico llegue a la carrera por la alcaldía de Cali en medio de tensiones internas que dificulten la consolidación de una candidatura única. Hasta ahora, los nombres de Ocampo y Mondragón aparecen como los más visibles; sin embargo, el peso político de Alexánder López dentro de la estructura nacional y regional del movimiento podría inclinar la balanza hacia otro aspirante.
La situación adquiere especial relevancia porque Cali ha sido uno de los principales bastiones electorales del presidente Gustavo Petro. En las últimas elecciones presidenciales, la ciudad respaldó ampliamente su proyecto político, lo que ha llevado a los dirigentes del Pacto Histórico a considerar que existe una oportunidad real de conquistar el Palacio de San Francisco. Sin embargo, también son conscientes de que las elecciones locales tienen dinámicas distintas a las nacionales y que el respaldo a un presidente no necesariamente se traduce en apoyo automático a sus candidatos regionales.

Gobernación, la verdadera pelea
Mientras que en la alcaldía de Cali la elección del candidato único podría resultar traumática, pero eventualmente conducir a un consenso, en la campaña por la gobernación del Valle del Cauca se libraría la verdadera batalla interna del Pacto Histórico.
En diálogo con SEMANA meses atrás, Alexánder López no cerró la puerta a una eventual candidatura suya para convertirse en la máxima autoridad administrativa del departamento. “He sido candidato toda mi vida”, afirmó. Para varios analistas, esa declaración fue una señal inequívoca de sus aspiraciones políticas una vez concluyera su ciclo en el Congreso de la República.
López cuenta con una larga trayectoria sindical y política en el Valle del Cauca, además de una estrecha relación con relevantes sectores de la izquierda colombiana. Su paso por el Senado y posteriormente por el Departamento Nacional de Planeación fortaleció su perfil como dirigente regional con alcance nacional, lo que lo convierte en una de las cartas más sólidas del petrismo para disputar la gobernación.

Sin embargo, Jorge Iván Ospina, actual interventor de la Nueva EPS y exalcalde de Cali, también ha manifestado su interés en aspirar al cargo. En ese escenario, la disputa no solo se centraría en quién tiene más respaldo electoral, sino en quién logra obtener el aval político del principal referente del movimiento: el presidente Gustavo Petro.
López y Ospina mantienen una relación completamente fracturada. Las diferencias entre los dos vienen de años atrás y se profundizaron durante los debates relacionados con la administración de Emcali y otros asuntos de interés regional. Fuentes cercanas al petrismo aseguran que las tensiones son tan profundas que resulta difícil imaginar una fórmula conjunta o un acuerdo político entre ambos dirigentes.

Aunque López formó parte del gabinete nacional y conserva una buena relación con el presidente Petro, Ospina también goza de reconocimiento dentro de los sectores históricos de la izquierda. Su padre, Marino Ospina, militó en el M-19 y es recordado como una figura significativa dentro de ese movimiento político, lo que le ha permitido mantener canales de interlocución con el actual jefe de Estado.
La disputa por la gobernación podría convertirse en una prueba de fuego para el Pacto Histórico en el Valle del Cauca. Lo que está en juego no es únicamente la posibilidad de conquistar uno de los departamentos más importantes del país, sino también definir quién ejercerá el liderazgo regional de la izquierda durante los próximos años. Una fractura sin resolver podría terminar favoreciendo a los sectores tradicionales, mientras que una candidatura unificada aumentaría considerablemente las posibilidades del petrismo de alcanzar por primera vez el control político del departamento.
Por ahora, el panorama sigue abierto. Lo único claro es que la carrera electoral ya comenzó y que la principal batalla del Pacto Histórico no será contra sus adversarios políticos, sino dentro de sus propias filas.
