SEMANA: Dejó la Embajada de Colombia en Egipto. ¿Cómo le informó el Gobierno Petro que no iba más?
Ana Milena Muñoz: La dejé hace seis meses. No era parte del régimen, por así decirlo, y llegó un momento en el que me dijeron: “No más, queremos nombrar a alguien de nuestra cuerda”. Trabajé en dos Gobiernos, en el del presidente Iván Duque y en el de Gustavo Petro. Son totalmente distintos, pero trabajé por Colombia, hice mi tarea y estuve de acuerdo. Representaba a Palestina, nos tocó todo el proceso, estaba de acuerdo con las decisiones que tomaron (Gustavo Petro) de apoyar a Palestina, pero no que peleara y cortara las relaciones con Israel.
SEMANA: Cuando eligieron a Gustavo Petro, ¿contempló renunciar?
A.M.: Estaba muy contenta. Era mi primera experiencia como funcionaria pública y en el exterior. Hacía una buena tarea en comercio y en varios frentes. Y dije: “Pues si me dejan, me quedo trabajando”. Hablé con Álvaro Leyva, el entonces canciller, le conté lo que hacía y me informó: “La vamos a dejar”. Seguí representando al país.

SEMANA: ¿Cuál es su balance?
A.M.: Tenía a mi cargo Egipto, era concurrente en Omán, Arabia Saudita, Palestina, Libia, Sudán, entre otros. No era una tarea fácil. Al principio me concentré en Egipto y luego presenté credenciales en Arabia Saudita. Visité solo Arabia Saudita y Omán; hubiera querido ir a otros países, pero a veces no me dejaban. En otras ocasiones, las circunstancias no me lo permitieron. En Sudán, por ejemplo, traté de ir tres veces, pero siempre había un problema: un golpe de Estado, una guerra. En Egipto me dediqué a varias cosas.
SEMANA: ¿Cuáles?
A.M.: Hay un desconocimiento sobre Colombia. Cuando hablaban de nuestro país, el referente era Narcos, de Netflix, y Pablo Escobar, por desgracia. Les decía que ellos también tenían un mal referente: los musulmanes, los extremistas, los que ponen las bombas y, en ambos casos, es una percepción errada. Buscamos que, a través de la cultura y los medios, cambiáramos la opinión de Colombia. Me gasté parte de los gastos de representación en libros sobre Colombia que donamos a las universidades y bibliotecas públicas. Eran textos de Gabriel García Márquez, Héctor Abad, Laura Restrepo, William Ospina, entre otros. También lo hicimos con la música colombiana, que nos ayudó a cambiar la percepción. En temas comerciales, hicimos un acuerdo para que Colombia estuviera certificada permanentemente para enviar carne. A ellos solo les gusta la parte delantera de la res y no la trasera. Crecimos en exportación de ganado en pie. Recibí en 7 millones de dólares las exportaciones y las dejamos en 350 millones de dólares. Trabajamos en un acuerdo de comercio, pero en Bogotá se me demoraban.

SEMANA: ¿Cómo así?
A.M.: Convencía en Egipto, el acuerdo venía a Colombia y luego cambiaban allá. En fin, demoras en los ministerios. Fue un poco difícil. En Arabia Saudita también crecimos las exportaciones en café y carbón. Y no logré convencer a que la gente fuera. No me iba gente del Gobierno. Nunca me fue un ministro. No sé si miedo, pero para ellos la agenda era más importante en Europa, pese a que les decía que ese país estaba creciendo a gran velocidad. En educación me decían que tenían reservadas 30 becas para colombianos y pagaban todo por cinco años, pero necesitábamos firmar el acuerdo y tenían que hacerlo con un ministro. Creo, no sé, que ya lo firmaron.
SEMANA: Usted pedía la presencia de ministros, y no le ponían cuidado.
A.M.: Ah, sí, yo le decía a la canciller: “Está listo el convenio, venga”.
SEMANA: ¿A Laura Sarabia?
A.M.: A todos. Laura Sarabia estuvo poco tiempo y desde el día en que llegó me puso el ojo.
SEMANA: ¿Quién le notificó que ya no iba más en el Gobierno Petro?
A.M.: Laura Sarabia. Primero me llamó el jefe de gabinete para informarme. Yo le dije: “Que me llame Laura, es que tampoco”. Y ahí se dio el proceso. Entiendo que los cargos no son para toda la vida, nada es eterno en el mundo, como decía Darío Gómez. Al final, Laura me llamó, la saludé, le expliqué lo que estaba haciendo en Sudán y procedió a informarme.
SEMANA: ¿Salió de la embajada porque Gustavo Petro se molestó con César Gaviria?
A.M.: Yo creo. Cuando entré al cargo, dije: “Si puedo hacer una labor y creen en mí, nómbrenme; pero si es una cuota política, no, porque César Gaviria no se someterá”. Él cambiará de opinión y en lo que no esté de acuerdo lo dirá. Por mantenerme en el puesto, olvídese de que eso será así. Si creen que mi trabajo es bueno, lo hacemos. Lo manifesté en ambos Gobiernos. Pero, cuando llegó Laura Sarabia, inmediatamente me fichó por política. César se había salido del Gobierno.
SEMANA: ¿Cómo le parece la postura crítica de su esposo, César Gaviria, contra Petro?
A.M.: No creo que sea una postura en contra, sino frente a políticas y leyes con las que no está de acuerdo. César, generalmente, siempre dice lo que piensa. La reforma a la salud tenía que ser diferente; en el tema de pensiones, igual; hay unas reformas en las que no estaba de acuerdo. Es independiente. Estoy de acuerdo con que él haya fijado esa posición.
SEMANA: Verónica Alcocer viajó a Egipto cuando fue embajadora y estuvo casi un mes. ¿Cómo le fue con ella?
A.M.: Fueron 15 días en los que estuvo en Egipto. La visita de Verónica ayudó. A pesar de que yo tenía contactos con los ministros, cuando hay una visita oficial, es importante. Le hicimos una visita privada, la llevamos a un desierto y luego una oficial. Como no iba nadie del Gobierno, con ella logré hacer agenda.
SEMANA: ¿Verónica Alcocer incidió para que le pidieran la renuncia?
A.M.: Todo lo contrario. Ella me decía: “La van a dejar en el cargo”. Yo la llamé después y le pregunté si saldría o no de la embajada, pero nunca me respondió claramente. Y dije: “Bueno, si quiere ayudar, me ayuda o no”. Creo que, en esa época, la primera dama ya no tenía tanta influencia en el Gobierno.
SEMANA: ¿Cómo le fue con ella? ¿Alguna vez le pidió sugerencias como ex primera dama?
A.M.: Lo hice desde el principio del Gobierno. Ella dijo que una de las primeras damas que admiraba era yo. La llamé y le di las gracias. Le afirmé que si podía ayudarla, con mucho gusto. Hablamos. A ella le encanta la música. A mí también. Eso ayudó a tener cercanía. Le tengo cariño.

SEMANA: ¿Cómo ve su papel?
A.M.: Quería trabajar en los temas de reconciliación. Si bien hizo un trabajo con las comunidades, por la mujer, no logró acabarlo por las circunstancias que ha vivido. No logró terminar su papel.
SEMANA: ¿Le afectó la separación con Petro?
A.M.: Sí, son las circunstancias de las que hablo. Eso afectó. Verónica siguió trabajando, pero no tenía el mismo apoyo y soporte. Yo le dije a ella que necesitaba legitimidad de su trabajo por parte del presidente. Y que ojalá en el discurso de posesión lo tuviera, como lo tuve con César (Gaviria). César anunció que Ana Milena iba a trabajar y crearía la Secretaría de la Juventud, la Mujer y la Familia. Pero la separación entre ella y Petro no le permitió cerrar como se esperaba.
SEMANA: ¿Debe desaparecer la figura de la primera dama?
A.M.: No. Así legalmente la tumben, seguirá siendo la esposa del presidente, y la gente la verá como una persona con posibilidad de resolver sus problemas.
SEMANA: ¿Cómo ve el manejo que Petro les ha dado a las relaciones internacionales?
A.M.: No hay una política de Estado clara sobre las posiciones en las que se tiene que actuar frente al mundo árabe, Estados Unidos o Europa. No hay un hilo conductor. Las relaciones en este Gobierno se producen según el momento: hoy hablo mal de Donald Trump, luego lo visito.
SEMANA: Petro quitó el requisito del idioma inglés para los diplomáticos.
A.M.: Se le tiene que dar oportunidad a la gente, pero las relaciones internacionales a través de un intérprete nunca son buenas.

SEMANA: ¿Cómo ve hoy al Gobierno Petro?
A.M.: No veo mucho logro. Los sectores se vienen resquebrajando. El día que Petro se posesionó pronunció un buen discurso de lo que quería hacer, pero no hay muchos resultados. La inversión extranjera disminuye y hay salida de capitales.
SEMANA: César Gaviria vivió una de las presidencias más complejas de la historia reciente. ¿Cuál fue el momento más difícil?
A.M.: Uno, el escape de Pablo Escobar de La Catedral. Fue muy injusto. La gente decía que César lo había dejado salir. Fue un poco difícil y complejo. El otro, la muerte de la periodista Diana Turbay. Uno entendía el dolor. Así como se salvó Pacho Santos, que también estuvo secuestrado, a ella la mataron. Es una cosa muy compleja.
SEMANA: ¿Vio llorar a Gaviria?
A.M.: Nunca lo he visto llorar, quizás cuando se murió su mamá (Mélida Trujillo), pero uno sí le veía el rostro de angustia. Hubo muchos momentos difíciles. Por ejemplo, cuando hubo una bomba en la 93, en el norte de Bogotá, y me tocó ir a dar el pésame y no sabía por dónde consolar a las familias de las víctimas, porque es muy duro. Y toda la culpa, según ellos, la tiene el presidente. Fue complejo manejar esas situaciones.
SEMANA: ¿Qué tan liberal es?
A.M.: Vengo de una familia conservadora. Mi papá era conservador, tenía una foto del expresidente Laureano Gómez.
SEMANA: ¿Y cómo aceptó a su esposo, César Gaviria, un gran liberal?
A.M.: Un hermano me contó una historia recientemente con mi padre. Mi papá se llama Jorge y mi hermano, Jorge Hernán. Y un día mi padre le dijo: “Jorge Hernán, necesito un whisky. Toda la vida he sido laureanista, el hijo de Laureano (Álvaro Gómez) es candidato y me ha tocado votar por mi yerno, César Gaviria, quien es liberal”. ¡Imagínese! Soy liberal, pero me he vuelto un poco más conservadora ante la impunidad. Cuando veo en El Cairo que las penas son tan grandes, hay temor. A veces creo que en Colombia hace falta una mano más dura.
SEMANA: ¿Cómo analiza la candidatura de Iván Cepeda?
A.M.: No creo que Petro haya sido totalmente de izquierda, pero Iván Cepeda sí lo es. Es mucho más de izquierda, nacionalizaría. Ahí sí me da cierto temor.
SEMANA: ¿Y la de Abelardo de la Espriella?
A.M.: En el otro extremo. Dije que se necesitaba mano dura, sí, pero yo estoy esperando algo más de centro.

SEMANA: ¿Hacia dónde ve más inclinado a César Gaviria?
A.M.: Creo que César está en la misma posición. Le gustaría más alguien más en el centro.
SEMANA: ¿Le sigue dando consejos a César Gaviria?
A.M.: Actualmente, no tanto; en su momento, sí. Le decía que cogiera a cierta gente que le había ayudado. A veces, cuando decidía sobre los ministros, le pedía que nombrara a una mujer. Por ejemplo, le hablé del viaducto de Pereira que hoy se llama César Gaviria. Le dije en su momento: “César, tienes que hacer ese viaducto para Pereira. Mira a Belisario Betancur, hizo el metro en Medellín”. El viaducto fue un anhelo. Yo le argumenté que no sería presidente para toda la vida. Hoy sigo hablando con él, pero estamos más dedicados a la campaña de María Paz al Senado.
SEMANA: Es la esposa de uno de los políticos más poderosos de Colombia. ¿Hay algo que el país no sepa de él?
A.M.: Es muy callado en la vida social, pero en la vida pública conversa mucho. César puede venir acá y puede quedarse callado. Si hay una reunión, uno tiene que conversar porque él, de por sí, no habla mucho. Usted tiene que empezar a hablarle para que él lo haga. Es un hombre muy inteligente, gran estratega político, culto, leído, viajado; le gusta la música y era deportista.
SEMANA: ¿Hay César Gaviria para rato o le ha dicho que es hora de descansar?
A.M.: A veces le decimos, pero, pues, respeto su posición.
SEMANA: ¿A usted le gusta la política?
A.M.: Muchas veces me preguntaban por qué no me lanzaba al Congreso, y, realmente, no me gusta. Crear leyes, sí, lo que no me parece es lo que sucede allí: el alegato. No estoy para eso. Por ahora, hay que darles espacio a los hijos. A mí me gusta el Ejecutivo. La verdad, en algún momento, saliendo del Gobierno, pensé en la alcaldía de Bogotá.
SEMANA: ¿Ve a Simón Gaviria como presidente?
A.M.: Le cambiaría la pregunta: ¿cree que Simón Gaviria estaría capacitado para ser un buen presidente? Sí, mentalmente es bastante estructurado, con un gran conocimiento de política, economía, el país, las relaciones, ha madurado mucho. Está capacitado. Sería un buen presidente.
SEMANA: Entre Simón Gaviria y María Paz Gaviria, ¿cuál se parece más a usted?
A.M.: Soy más social, hablo con la gente, converso. María Paz es un poco más así. Un escolta me dijo en estos días: “Simón se parece más al papá, y María Paz, a la mamá”.

SEMANA: ¿Quién fue más estricto con los hijos?
A.M.: Yo fui más estricta. A César le dio por la idea de darles libertad a los hijos y hacían lo que querían. Yo, al contrario, ponía más trabas. Cuando estábamos en la Casa de Nariño, pedía que no le dieran comida a deshoras a Simón, pero su cuarto quedaba al lado de la cocina y decían que qué pesar con el niño. Le daban gusto. César es muy consentidor. Y con María Paz ni se diga. Es su niña, ella lo manda, le dice papá esto, papá lo otro.
SEMANA: ¿Con cuál de los expresidentes tiene mejor relación?
A.M.: Cuando me encuentro con ellos, soy la que más les converso, sonrío, les hago chistes. Lo mismo con las primeras damas. Quise mucho a Belisario Betancur, a Alfonso López, un gran estadista, a Virgilio Barco, un gran liberal. No sé si César pelea o no, pero converso con todo el mundo. Las señoras, las ex primeras damas, éramos muy amigas. Con Lina Moreno, ella me invitaba; también Tutina de Santos.
SEMANA: ¿Es cierto que es DJ?
A.M.: Me encanta la música. Parte de mi éxito en El Cairo es porque pongo música, invito a la gente, hay comida, todo muy elegante, y después les pongo música y se baila. Tengo mi listado de canciones, canto, pero no he llegado a ser DJ, aunque me gusta.
SEMANA: Pero a Iván Duque lo critican porque es DJ.
A.M.: No, eso está bien. Depende, hay cosas que uno debe hacer en público y otras en privado. Pero no olviden que César (Gaviria) tocaba la caja y bailaba. María Paz baila.
SEMANA: ¿A qué se dedica?
A.M.: Ayudo en la campaña de María Paz Gaviria, mi hija, al Senado. Estoy en la consecución de recursos, de votos, de redes. La experiencia es diferente a la que viví en el pasado, cuando César Gaviria fue presidente. Cuando estábamos en Pereira, hacía rifas; no le tenía que pedir recursos a nadie, vendía boletas y con eso hacíamos la campaña. Rifaba un millón de pesos, boletas a 100.000 pesos y con eso funcionamos. Hoy es distinto. Las redes, las pancartas por fuera de la ciudad. Los costos son más elevados.
