Vaya uno a saber qué le entró al clima de Bogotá, que en marzo vivía días de gris total pero en estas dos jornadas iniciales del FEP XV ha dejado condiciones perfectas para el festival (chamán o no, ¡todos muy agradecidos!). Hoy, domingo, cuando todo cierra con una enorme jornada que incluye a Skrillex, Sabrina Carpenter, Travis, Interpol y a los poderosos Deftones, puede pasar lo que sea. Puede configurarse el FEP más seco de la historia, o puede llover lo que quiera llover. La gente está lista después del gozo de las dos iniciales. El tercer día también ve asomar algo de la nostalgia... y la oportunidad de dejarlo todo porque no hay un mañana (y es lunes festivo). El sonido, la música, los amigos y los presentes acompañarán.


Primero lo primero, hablar de lo que dejó el sábado 21 de marzo de 2026 en el Parque Simón Bolívar, en un segundo día del FEP XV que dejó más postales inolvidables y reunió a 46.000 espectadores (mil más que el viernes).

En esta jornada disfrutamos del más atípico show del festival, y quizás el más especial (recordando la naturaleza subjetiva de tal afirmación): lo dejó 31 Minutos de Chile, este colectivo que desde 2003 ha sido ventana de ingenio y comentario humorístico, pero también de ternura, inocencia, tontería, picardía, graciosa prepotencia, y más. Afortunadamente para quienes los pueden ver, porque realmente es un gran gozo, han trascendido la pantalla y llevado su creación a los teatros y festivales del continente.
Desde 2003, con su noticiero parodia televisado, estos artistas, músicos y marionetistas amasaron seguidores en su país y luego a lo largo de todo e mundo hispanoparlante. Y para hacerlo no han necesitado amoldar o apagar su español chileno. Entre una que otra lección, ¡por ellos sabemos en las Américas que ‘pololos’ significa ‘novios’! Y ese rasgo genuino los hace irresistibles. Y claro, más allá del chileno, tienen sus propios códigos, y un mundo de personajes que tienen fanaticada propia.

En este show, Radio Guaripolo II (que presentan este 23 de marzo, en el Movistar Arena, en versión extendida), salen a relucir chistes que van de lo básico y lo sesudo, pero sobre todo, sus maneras, su maestría de décadas hilvanando guiones (brillantes que le hablan al adulto y al niño) con sus marionetas, artes y música.
En vivo, 31 Minutos derrama talento y humor, enormes interpretaciones de voz y un trabajo coordinado que merece enorme respeto. Para un viejo que apreció siempre lo que armaron Les Luthiers y lo que dejó en la cultura un genio como Jim Henson, este show pegó en la vena.

Pasamos un instante por lo que ofreció The Whitest Boy Alive, pero damos la voz a otros sobre lo que fue su masterclass de indie. Un versado colega declaró el show lo mejor del día (“increíble”); un fotógrafo cercano destacó la virtuosa ejecución de sus instrumentos (un solo de Daniel Nentwig en los teclados lo impresionó particularmente), así como su sonido ultrapulido. Por su parte, una colega explicó que fue rindiéndose ante la cohesión de sus capas, sus instrumentos y la voz de Erlend Øye, ante canciones que la devolvieron a momentos específicos de su vida (entre ellas “Burning” y “1517″).


A las 6 de la tarde estábamos listos para lo que entregaría Tom Morello en su primera aparición en el FEP. Habíamos tenido la oportunidad de verlo en su primer show en el país, en el Jorge Eliécer Gaitán, el jueves, por gloriosos 75 minutos, pero algo tenemos claro tras haber experimentado varios Picnic: el sonido de este festival ofrece ese otro nivel, tan alto, potente, balanceado y claro como un artista sonoro como Morello lleva al límite. En esas condiciones no sorprendió que su guitarra y su banda tronaran increíblemente, en los matices más rockeros y en los más místicos y sentidos.

Hubo diferencias entre shows, algunas incómodas para quienes la charla de resistencia, revolución y antifascismo parece “divisoria”, “mamerta” o anacrónica. El concierto dio inicio con la pista de “Dónde cayó Camilo”, del uruguayo Daniel Viglietti, sobre el cura guerrillero Camilo Torres (se cumplieron 60 años de su muerte, y cuyos restos viene de ser reconocidos). Y luego, el espacio se libró a esa impresionante guitarra y laboratorio...


No sin antes una dosis de angustia... Porque el show demoró 20 minutos en arrancar por cuenta de un tema técnico. Al algunos nos atracó la duda de si daría su hora completa, y sí que lo hizo. Ante una figura tal, la flexibilidad ganó.
Morello ofreció sus sonidos presentes y los alternó con espectaculares mosaicos de canciones de Rage Against the Machine. Nadie trata de reemplazar a Zack de la Rocha porque no hay cómo hacerlo. Por eso se basa en lo que él controla, sus riffs sísmicos y quiebres épicos, sus solos extraordinarios de cuerda, cable y diente. Así, el músico amalgama un tejido sonoro de RATM ante el que, como público, es difícil no librarse al movimiento indetenible.

Lanzó entonces una épica versión de “The Ghost of Tom Joad”, de Bruce Springsteen (con un solo muy, muy poderoso), seguida de la tanda final y catártica: luego de otro mosaico fantástico de Rage (fueron dos), llenó la plaza del Simón Bolívar con su homenaje a Chris Cornell.
Con la imagen del músico, fallecido en 2017, llenando la pantalla, Morello tocó “Like a Stone” (liderada en canto por su guitarrista y colega de banda). A diferencia del jueves, en este punto, visualmente también integró la imagen de Taylor Hawkins, en un momento que evocó la memoria más dura que se vivió en el FEP (la pérdida de Hawkins a horas de actuar en el festival) y a la vez, la que demostró que la música lo sana todo, es magia y es comunidad y medicina que evade a la razón. Al final, mostró una foto de Cornell y Hawkins juntos, y no se conmovieron los que tienen corazón de piedra.


Por último, la canción, LA CANCIÓN: “Killing in the Name”, que miles habían aguardado por escuchar a así de claro y fuerte, por gritar, para lanzarle una vez más al sistema “Fuck You, I Won’t Do What You Tell Me”, mientras esa estratosférica guitarra se proyecta hasta siempre. El público fue el único que reemplazó a Zack, en una memoria increíble del FEP XV.

Les quedamos debiendo comentario más profundo sobre el concierto de The Killers, que, según el comunicado oficial, “salvó una vez mas nuestras vidas con un show apoteósico”. Sabemos que los de Las Vegas saben dar un show de rock, lo vivimos en el FEP en días del Parque 222, y nuestros informantes anoche aseguran cumplieron con lo esperado y lo inesperado (como la cantada de Win Butler de Arcade Fire y Fran Healy de Travis). Tienen demasiada cancha y demasiados himnos, lo necesario para llenar esa gigante plaza de vibración y emoción...
Eso merecían las decenas de miles de personas congregadas. Eso merecerán siempre.
Notas de Festival
*La gente de 46 años, pesada, como yo, tiene que asumir el festival con estrategia de conservación, siguiendo el evangelio conciertero según el cual “la pierna que ahorras hoy la podrás usar mañana”... un cierre épico no exige menos.


*Sin Échele Cabeza: el escándalo de acosos en torno a la cabeza visible de la asociación ATS, que ejecutaba un importante programa de reducción de riesgos en consumo de sustancias, ha dejado a los consumidores desprotegidos en ese sentido. El festival, que nada tiene que ver en todo esto, cumple por su parte ofreciendo el espacio Oasis de recuperación. El llamado es, más que nunca, a cuidarse y cuidar a otros.

*La salida del público hacia la calle 53 solo abre hasta altas horas del festival, y, si se sale temprano, se hace necesario salir por la entrada de general, en la 63. ¿Es necesario? No lo parece...
