El pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel bombardearon instalaciones nucleares, militares y ciudades iraníes, los cultivadores de maíz del Meta, que es el mayor productor nacional del cereal, no se imaginaron que terminarían afectados por un conflicto que ocurre a 13.000 kilómetros de distancia.
Bien se dice que la guerra no la padecen solo quienes la declaran, y hoy la agricultura mundial es una de las víctimas colaterales de este conflicto, que ya deja miles de muertos, tiene bloqueado el estrecho de Ormuz y ha disparado el precio del petróleo por encima de los 90 dólares por barril. Estos dos últimos factores son los que están afectando a los cultivadores de maíz, café, palma, aguacate y, en general, de casi todos los cultivos que requieren fertilizantes, los cuales son los alimentos de los alimentos.

Oriente Medio es un proveedor clave de fertilizantes, pues es rico tanto en reservas minerales (urea, fósforo y potasio) como en el gas necesario para mezclar esos productos y fabricar los nutrientes. Colombia importa fertilizantes de Rusia, China, Trinidad y Tobago y algo de Omán, lo que daría para pensar que no tendría por qué afectarse con la guerra en Irán, pero el país no está ileso.
Con el bloqueo del estrecho de Ormuz y los constantes bombardeos, se han detenido los envíos de fertilizantes y, como consecuencia, en las tres primeras semanas de este conflicto, el precio internacional de la urea se encareció en más del 50 por ciento, lo que tiene encendidas las alarmas en casi todo el mundo.

Un informe de Bloomberg señala que los principales exportadores de urea, China y Rusia, están restringiendo algunas ventas, mientras la administración de Trump levantó las sanciones a los fertilizantes venezolanos para “aliviar el impacto en los agricultores estadounidenses”. India, el mayor comprador global de urea, busca asegurar suministros y evalúa lanzar una licitación. Grecia y Francia han ampliado el apoyo financiero a los agricultores y Ghana implementó un programa de fertilizantes gratuitos.
En el caso de Colombia, las alertas no solo vienen de los productores, sino también del mismo presidente Gustavo Petro, quien en su acostumbrada tribuna de X planteó la creación de un sistema intensivo de fertilizantes subsidiados, en el que Ecopetrol tendría un papel central.

Según explicó, la financiación de este esquema implicaría que la nación renuncie a una parte de las utilidades de la petrolera estatal con el fin de impulsar la producción de fertilizantes de origen nacional y reducir la dependencia de importaciones.
Al año, Colombia trae del exterior 2,4 millones de toneladas de fertilizantes, que en 2025 equivalieron a 1.107 millones de dólares y sirvieron para atender más del 75 por ciento de la demanda interna.
El cierre de una ‘carretera’ clave
María Helena Latorre, directora de la Cámara de Procultivos de la Andi, la cual representa a la industria de protección y nutrición de cultivos, señala que hoy el mundo está tensionado por el encarecimiento de la materia prima y el efecto es el mismo de cuando se cierra una carretera clave y todo lo que llega al mercado sube de precio.

Asegura, sin embargo, que Colombia nunca ha tenido desabastecimiento, pues acá hay varias plantas que procesan esa materia prima.
Según el ranking de las 5.000 empresas más grandes del país de la revista Dinero, Yara, Syngenta, Monómeros, Precisagro y Corteva Agriscience son las mayores productoras de fertilizantes en Colombia y todas son multinacionales.

Latorre señala que, ante el riesgo de encarecimiento, los subsidios podrían ser útiles, pero si se enfocan bien. “Subsidiar mal es como regalar mercados sin saber a quién y puede terminar en un desperdicio de esfuerzos”.
Arnulfo Trujillo, presidente de Fenalce, gremio que reúne, entre otros, a los cultivadores de maíz, sorgo, fríjol, soya, cebada, trigo y avena, comparte la idea de los subsidios, pero señala que estos no pueden venir solos, sino acompañados de políticas como el seguro agropecuario y otras que obliguen a los agricultores a hacer rotación de cultivos, dado que cuando se quedan en uno solo deben usar más fertilizantes y hacer más control de enfermedades.

En el Ministerio de Agricultura, que dirige Martha Carvajalino, están estructurando los subsidios anunciados por el presidente Petro; mientras tanto, ejecutan los recursos del Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (Faia). En lo que va del actual Gobierno, han invertido más de 252.500 millones de pesos, que han beneficiado a 179.420 pequeños y medianos productores de cereales, cultivos tropicales, hortalizas, frutas, leguminosas, oleaginosas, fibras vegetales, tubérculos y cadenas pecuarias.
El presidente de Fenalce señala que del Faia no se han podido beneficiar muchos porque es solo para una hectárea. “Eso no soluciona el problema que tiene el país. No sabemos cuánto se van a demorar diseñando un programa; mientras tanto, ya no hay nada que hacer con los campesinos que sufrieron en enero y febrero. Aún no hay ni un censo, ni una política definida y apenas están empezando a subir los fertilizantes”, lamenta.

Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC, añade que para que un programa de subsidios tenga efecto, se debe pensar en apoyar los fertilizantes de todo un año; de lo contrario, el plan sería insuficiente. “Hay que definir los sectores a los que se les va a dar subsidio y cómo se les va a dar”, precisa. Esto teniendo en cuenta que los fertilizantes no solo se están encareciendo, sino que cada vez son más demandados por el impacto del cambio climático en la actividad agrícola.
“Y si el nutriente es más costoso, es factible que el agricultor use menos, impactando su productividad por hectárea y reduciendo la oferta de alimentos. Ahí es donde se podría sentir un impacto de mayor magnitud, dado que se afectaría la inflación”, subrayó Bedoya.

Frente a la propuesta del presidente Petro de comprar Monómeros, para así poder ofrecer fertilizantes más económicos en el país, Trujillo, de Fenalce, dice que sería positivo, pero cree que es más un anuncio electoral que real. “El sector agropecuario vive de promesa en promesa y nunca le cumplen”, afirma.
Un experto en temas empresariales añade que, así se superen los obstáculos legales que hay para comprar Monómeros, por las sanciones que aún pesan sobre Venezuela, no sería una transacción rápida y tampoco está claro cómo abarataría los costos de los fertilizantes, pues esa compañía ya produce y vende en Colombia. “Lo único sería que comercialice a pérdida, lo que sería un detrimento patrimonial y algo que no le gustaría a la Contraloría”, precisa.
Mientras dure la guerra en Irán, las cosechas y la inflación están amenazadas.
