En medio de la discusión sobre el futuro de varias EPS en Colombia, una preocupación empieza a ganar peso entre los usuarios: ¿qué ocurre con la información médica cuando una entidad cierra, es intervenida o los afiliados son trasladados a otro asegurador? Más allá del cambio administrativo, el mayor riesgo está en la continuidad del cuidado.
Cuando una EPS deja de operar, la Superintendencia Nacional de Salud reasigna a los usuarios a otra entidad. En teoría, ese traslado también debe garantizar el acceso a la historia clínica y a los antecedentes del paciente.
Sin embargo, en la práctica, la transferencia de información no siempre fluye con la misma velocidad ni con el mismo nivel de integridad que exige la atención en salud.
El problema no es menor. Historias clínicas incompletas, pérdida de antecedentes, repetición de exámenes, retrasos en diagnósticos y fallas en el seguimiento de tratamientos pueden convertirse en consecuencias directas de un sistema donde la información todavía permanece fragmentada entre instituciones, prestadores y aseguradores.
La discusión ya no pasa solo por quién administra la atención, sino por cómo se protege y se mueve la información del paciente dentro del sistema.
La interoperabilidad, es decir, la capacidad de distintos sistemas para compartir datos de manera segura y en tiempo real, empieza a perfilarse como una de las respuestas más urgentes a ese vacío.
Andrés Felipe Torres, Sales Executive de InterSystems Colombia, sostiene que el reto de fondo está en evitar que cada cambio de EPS obligue al paciente a empezar desde cero.
“El objetivo es garantizar que el paciente recorra un camino seguro dentro del sistema, con la información adecuada en el momento adecuado. La interoperabilidad permite que cada decisión médica esté respaldada por datos completos y confiables”, explica.

La ventaja de un entorno interoperable es que la historia clínica deja de quedar atrapada en una sola entidad. En la práctica, eso permitiría que un paciente cambie de asegurador o sea atendido en distintas instituciones sin perder trazabilidad sobre alergias, tratamientos previos, enfermedades crónicas o factores de riesgo.

También ayudaría a reducir trámites repetitivos y a acelerar la atención, especialmente en servicios de urgencias o en procesos de larga duración.
Además, un sistema con mejor circulación de datos no solo beneficia al usuario. También facilita a clínicas, hospitales, aseguradores y autoridades tomar decisiones con más precisión, coordinar mejor la atención y anticipar riesgos en salud pública.
“El verdadero valor de la interoperabilidad es que el paciente no empieza de cero cada vez que cambia de institución. Su información lo acompaña a lo largo de todo el proceso de atención, lo que permite decisiones médicas más seguras y oportunas”, añade Torres.

En un escenario donde el país sigue discutiendo la estabilidad de su sistema de salud, la información clínica aparece como un activo tan sensible como la atención misma. Porque si el paciente pierde el hilo de su historia médica, no solo cambia de EPS, también corre el riesgo de retroceder en su tratamiento.
