Conflicto

¿Por qué un cierre del estrecho de Ormuz pondría en jaque el petróleo y gas mundial?

La guerra en Oriente Medio paraliza parcialmente el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el petróleo y el gas mundial. Estas podrían ser las consecuencias si Donald Trump no logra su funcionamiento.

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28 de marzo de 2026 a las 2:33 a. m.
El estrecho de Ormuz es uno de los temas principales de la agenda de Donald Trump.
El estrecho de Ormuz es uno de los temas principales de la agenda de Donald Trump. Foto: AP / GETTY IMAGES

El tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte de los hidrocarburos del planeta, se encuentra prácticamente paralizado desde que Estados Unidos e Israel iniciaron bombardeos sobre Irán el pasado 28 de febrero, desencadenando una crisis energética de alcance global. El corredor, ubicado entre las costas de Irán y Omán, es la principal vía de exportación de petróleo y gas natural del Oriente Medio.

Con una extensión mínima de aproximadamente 40 kilómetros, este paso marítimo es la principal ruta exportadora para varios de los mayores productores de petróleo del mundo: Irak, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudita, que dependen de ella para enviar su producción hacia los mercados asiáticos y europeos.

Es uno de los puntos más trascendentes, donde pasa más del 40 por ciento del total del petróleo que sale para Europa desde el golfo Pérsico, incluso el que se mueve en otras direcciones, también en la zona del Índico y con destino a China. Por tanto, es un eje geopolítico del mundo actual”, señaló Enrique Serrano, profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

El impacto de cualquier restricción en este corredor alcanza también al mercado del gas natural. Países como Catar, el sexto mayor productor de gas del mundo, utilizan el estrecho para transportar buques cargados de gas natural licuado hacia distintos destinos, por lo que cualquier interrupción en el tránsito marítimo puede afectar el suministro energético global.

Gran parte del control del estrecho de Ormuz está en manos de Irán, y eso afecta los grandes flujos energéticos que vienen de esta zona del mundo”, explicó Manuel Camilo González, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana.

Vista satelital del Estrecho de Ormuz.
Vista satelital del Estrecho de Ormuz. Foto: Gallo Images via Getty Images

Los efectos del conflicto ya se reflejan en el tráfico marítimo. El estrecho suele registrar más de un centenar de travesías diarias, según el portal de inteligencia de la industria naviera Lloyd’s List. Sin embargo, entre el primero y el 25 de marzo, los buques de carga de materias primas realizaron solo 142 cruces en total, un promedio de menos de seis por día, lo que representa una caída de aproximadamente el 95 por ciento frente al volumen habitual.

En tiempos de paz, por esta ruta transita una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Sin embargo, la drástica reducción del tráfico alteró su composición. Según analistas de JP Morgan, el 98 por ciento de los buques petroleros que aún cruzan el estrecho transportan crudo iraní, lo que indica que los demás países productores del golfo han suspendido prácticamente todas sus exportaciones por esta vía.

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En respuesta a los bombardeos, la Guardia Revolucionaria iraní amenazó con minar completamente el estrecho. Desde el primero de marzo, al menos 25 buques comerciales, incluidos 11 petroleros, han sido atacados o reportaron incidentes en el golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz o el golfo de Omán, según la agencia británica de seguridad marítima UKMTO.

Desde el comienzo de la guerra, al menos ocho marinos y un trabajador portuario han muerto en incidentes en la región, de acuerdo con la Organización Marítima Internacional (OMI), mientras que otros cuatro marineros permanecen desaparecidos.

Una parte significativa de la flota mundial de buques cisterna permanece detenida en la región.
Una parte significativa de la flota mundial de buques cisterna permanece detenida en la región. Foto: AP

Estos incidentes se relacionan directamente con la importancia energética de la zona. Oriente Medio es la segunda mayor región exportadora de petróleo del planeta: según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), produce el 29,1 por ciento del petróleo mundial, equivalente a cerca de 31 millones de barriles diarios, superada únicamente por Estados Unidos, que concentra el 29,9 por ciento de la producción global.

Mientras tanto, una parte significativa de la flota mundial de buques cisterna permanece detenida en la región. La consultora marítima Clarksons señaló en marzo que había 300 petroleros en el golfo, lo que representa el 6 por ciento del tonelaje mundial de buques cisterna de crudo. “Las consecuencias globales ya se están dando: hay subida de precios del crudo y del gas, y eso genera un fenómeno de inflación global”, advirtió González.

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El impacto sobre los mercados energéticos ha trasladado la presión al terreno diplomático. Donald Trump ha insistido ante sus aliados de la Otan para que participen en el conflicto, argumentando la necesidad de mantener el paso seguro de los buques y evitar que el precio del petróleo se dispare. Los socios europeos, sin embargo, se mostraron contrarios a comprometerse en una hipotética misión en el marco de la alianza, aunque Reino Unido y Francia explorarán con una treintena de países una posible operación de seguridad en la zona.

El mandatario ha lanzado diversas críticas a los miembros de la Otan. “Los países de la Otan no han hecho absolutamente nada para ayudar con la nación lunática, ahora militarmente diezmada, de Irán”, escribió en su red social Truth.

President Donald Trump
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: The White House

Pese a la tensión, la situación del estrecho muestra algunas señales de cambio. Trump afirmó en una rueda de prensa que Irán permitió el paso de ocho “grandes barcos de petróleo” por la vía marítima a principios de semana, seguidos de otros dos posteriormente. Serrano sostiene, no obstante, que el corredor “no se ha cerrado completamente” y que “la capacidad iraní para cerrarlo y clausurarlo para no permitir el tránsito de nadie es cada vez menor”.

Añadió que “en ningún momento, Irán ha tenido la capacidad para cerrarlo plenamente”. La disputa en torno al estrecho de Ormuz ilustra hasta qué punto la geografía energética sigue condicionando la política exterior: mientras el conflicto continúe sin resolución, la incertidumbre sobre el suministro global de crudo persistirá como aspecto determinante en los mercados internacionales.

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Lo que ocurra en las próximas semanas dependerá de variables que ningún Gobierno controla del todo: la disposición de Irán a negociar, la cohesión de los aliados occidentales y la tolerancia de los mercados ante precios del crudo en niveles de crisis.

El estrecho de Ormuz, como siempre, no es solo una ruta marítima, sino que es el termómetro de una región que lleva décadas al borde del conflicto, que terminó estallando este año por cuenta de la guerra de Estados Unidos e Israel contra el régimen de Teherán.