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Restricción al parrillero en Bogotá: una medida ineficiente, estas son las razones

En Bogotá, en solo uno de cada diez delitos está involucrada una moto, una cifra irrisoria para restringir el parrillero. Los estudios demuestran que esa medida no es efectiva contra la delincuencia.


La alcaldesa Claudia López volvió a ocupar el centro de las críticas por su improvisación a la hora de tomar decisiones en la capital. Como si se tratara de un as bajo la manga y la gran solución a los serios problemas de inseguridad, la mandataria restringió el parrillero en moto de jueves a sábado en horas de la noche. La medida desató la molestia de los motociclistas, y los expertos advirtieron, con estudios a la mano, sobre su ineficacia.

La Alcaldía trató infructuosamente de defender la medida. Aseguró que los delitos de alto impacto perpetrados en motocicleta aumentaron al pasar de 8,6 por ciento en 2021 a 9,2 por ciento en lo corrido de 2022. Además, desde el Palacio Liévano se afirmó que, específicamente, el 11 por ciento de los hurtos a personas este año han sido cometidos por el conductor o el pasajero de una motocicleta.

Sin embargo, si estas mismas cifras se observan desde otra óptica, se concluye que en solo uno de cada diez delitos en Bogotá está involucrada una moto. Una evidencia irrisoria para imponerle una restricción al parrillero.

En el caso puntual de los parrilleros, las estadísticas son aún más bajas. De acuerdo con Futuros Urbanos, en 2021 se presentaron 56.199 hurtos a personas en vía pública, de los cuales 5.115 fueron cometidos por el conductor de la motocicleta y 3.541, por el parrillero en moto, es decir, tan solo el 6,3 por ciento. Es más, los robos cometidos en bicicleta están en la línea de los atracos por parrilleros en moto, con 3.254 casos.

Los mayores hurtos en vía pública en Bogotá siempre han ocurrido en mayor porcentaje cuando el agresor se moviliza a pie. En 2021 hubo 42.022 hurtos a personas y el delincuente iba caminando, lo que representa el 74,7 por ciento del total reportado. “La evidencia siempre ha existido y demuestra que la incidencia de los hurtos cometidos por motociclistas es muy baja. Y lo es todavía más cuando se ve con el parrillero, esa tendencia no ha cambiado. Pero, a pesar de esta realidad, se toman decisiones”, aseguró Omar Oróstegui, director de Futuros Urbanos.

En febrero de 2018, el entonces alcalde Enrique Peñalosa ordenó prohibir el parrillero hombre en moto y en junio de ese mismo año levantó la medida. En su momento, la Secretaría de Seguridad destacó que los hurtos en motocicletas bajaron, pero esa restricción al parrillero fracasó, pues a junio de 2018 los hurtos a personas se dispararon 60,3 por ciento y los hurtos de celulares se incrementaron 84,3 por ciento.

El 80 % de las motos en la ciudad son usadas para trabajo o como alternativa de movilidad.
El 80 % de las motos en la ciudad son usadas para trabajo o como alternativa de movilidad. - Foto: guillermo torres

A pesar de esto, la alcaldesa restringió al parrillero en moto e incluso se atrevió a señalar que los delincuentes no roban ni matan en patineta, pero sí en motocicleta. Esta estigmatización llevó a que los motociclistas se volcaran a las calles, causando caos en la movilidad.

“Es una medida absurda, ella es la única que cree que con restricción al parrillero va a mejorar la seguridad. Además, en su afán, no puede salir a generalizar que los motociclistas somos delincuentes. Con su decisión iba a afectar a miles de personas que compraron una moto como solución a los grandes problemas de movilidad que tiene esta ciudad. El 80 por ciento de las motos en la ciudad son para trabajo o alternativa para la movilidad”, aseguró Miguel Forero, director de la fundación Moto Cultura SOS.

A la alcaldesa no le quedó más remedio que retractarse y establecer que la restricción al parrillero será exclusivamente para los hombres. “No tenía argumentos fuertes para poder sustentar el decreto. Esto no va a cambiar el comportamiento delincuencial que registra Bogotá”, indicó Oróstegui.

Las ciudades dan la razón

Bogotá no es la única que ha restringido el parrillero en moto para mitigar los índices de inseguridad. Cerca de 25 ciudades colombianas han establecido este impedimento. Sin embargo, de acuerdo con un estudio de la Universidad de los Andes, no hay evidencia que demuestre la efectividad de la medida en la reducción del crimen ni efectos duraderos sobre el delito.

En Barranquilla, desde el primero de febrero de 2017, se impuso la restricción al parrillero hombre en ciertas zonas y, aunque la decisión inicialmente redujo los delitos, generó que el crimen se desplazara. La Alcaldía prorrogó la medida hasta octubre de 2022, pero a marzo de este año el hurto a personas se disparó 33 por ciento y los homicidios, 5 por ciento.

En Neiva, en donde la restricción al parrillero aplicó para cualquier género, no hubo ningún impacto. En 2021, los homicidios se incrementaron 47 por ciento y el hurto a personas, un 40 por ciento. En Cartagena, la disposición se ha establecido en algunos barrios y corredores viales de la ciudad. Los Andes concluyó que el efecto es relativamente pequeño y no se observan cambios significativos en los delitos totales.

En Soledad, Atlántico, en donde esta restricción se aplica en toda la ciudad, pero únicamente en horario nocturno, tampoco hubo evidencia de una reducción en los crímenes.

Por su parte, Cali, que no fue analizada dentro del estudio de los Andes, aplica la restricción al parrillero hombre desde los 14 años, y, aunque la Alcaldía asegura que los hurtos y homicidios cometidos en moto bajaron, la percepción de inseguridad sigue siendo alta, y no es para menos: en febrero de 2022, los hurtos se incrementaron en 20 por ciento y los homicidios, 4 por ciento.

“Los estudios confirman que no hay asociación entre las restricciones al parrillero y una disminución de los delitos. Hay una percepción de que muchos crímenes se cometen en motocicletas especialmente con parrilleros, pero los datos evidencian que no hay una efectividad en la medida”, aseguró Darío Hidalgo, experto en movilidad.

“Lo que se envió fue un mensaje de desarticulación e improvisación en los temas de seguridad en la ciudad, en donde es evidente que no hay una política pública de seguridad y convivencia”, dijo Oróstegui.

El asunto de las placas

La decisión de exigirles a los motociclistas marcar en su chaleco o casco el número de la placa para lograr una mejor visualización por parte de las autoridades tiene opiniones divididas.

Para el líder de los motociclistas Miguel Forero, es “absurda”, pues es obvio que los ladrones a la hora de delinquir utilizarán un chaleco y un casco con placas falsas para perjudicar a otro motero en la ciudad.

Con Forero coincide el concejal de Bogotá Óscar Ramírez Vahos, quien aseguró que la medida tendrá mayor impacto. Y así como a diario se falsifican placas en Bogotá para evadir el pico y placa, no será imposible falsificarlas en los chalecos y cascos.

“Lo que sí debe ser importante es el registro del parrillero, que los motociclistas registren los parrilleros con quienes se van a movilizar, eso sí sería un control efectivo en la ciudad”, dijo Ramírez Vahos.

Según Hidalgo, aunque no hay estudios pertinentes sobre el tema, la medida sí puede contribuir a lograr una mejor tipificación e identificación de los delincuentes y la decisión puede traer un efecto colateral en seguridad vial.

Un tema con el que coincide Oróstegui, para quien los chalecos reflectivos ayudarán a reducir la siniestralidad vial, pues las principales víctimas son los motociclistas.

En conclusión, la alcaldesa Claudia López se equivocó con su decisión de restringir al parrillero. De esa forma no se va a combatir eficazmente la creciente inseguridad que azota a Bogotá.