La cita de este martes entre Donald Trump y Gustavo Petro es el culmen de una relación tormentosa de más de un año, que ha puesto en jaque una historia de cordialidad y respeto entre Estados Unidos y Colombia de casi dos siglos. Y en la que se podría decir que el Gobierno colombiano, descertificado en materia de drogas y con un presidente sin visa, se está jugando el todo por el todo. Sin embargo, ante la personalidad de ambos mandatarios, solo hay una cosa clara: todo puede pasar.
Eso fue evidente el pasado miércoles, cuando el primer mandatario colombiano hizo, como dijo el expresidente Andrés Pastrana, todo lo posible para que la cita se cancelara. En su discurso en el hospital San Juan de Dios, el mismo día en que señaló que “Jesús hizo el amor con María Magdalena”, el presidente colombiano lanzó afirmaciones tremendamente insultantes en la era Trump.

Petro comenzó diciendo que la cita que sostendrá con Trump será “clave, fundamental y determinante, no solo de mi vida personal, sino de la vida de la humanidad”. Y luego lanzó el primer dardo. Al hablar sobre Nicolás Maduro, afirmó: “Tienen que devolverlo y que lo juzgue un tribunal venezolano, no estadounidense”. El presidente colombiano no solo atacó el que es el mayor orgullo de Trump en este momento, sino que, además, planteó un escenario imposible: un juicio imparcial en Venezuela, un país en el que el chavismo permeó el sistema judicial.

Pero fue más allá. También aseguró que “es muchísimo mejor vivir en Cuba en medio de la cultura que en Miami en medio de un trancón sin cultura propia, imitando a La Habana”. La isla está en el primer orden de atención de Trump, pero sobre todo es del corazón del secretario de Estado, Marco Rubio, que seguramente estará en la cita.
Además, hizo algunas declaraciones llamativas: “Me quitaron la visa, ahora dicen que me la volvieron a poner. Entonces, ¿para qué me la quitaron? No sé si por un rato o de manera definitiva, no sé. Ya sabremos el 3 de febrero”. Luego soltó una frase que parecía tentar al futuro: “Los gringos no hicieron un esfuerzo, por eso es que yo no tengo indictment (acusación), que llaman, porque no han podido”. Al final bromeó: “Yo le voy a decir a Trump: ‘¿Vino o whisky?’”. Pese a toda esa retahíla, el Gobierno de Estados Unidos no se pronunció.
No obstante, la despachada de Petro sí bajó los ánimos sobre lo que podría pasar el martes. Tras varias semanas de prudencia, al final, el primer mandatario había vuelto a ser el mismo de siempre. Y con este ímpetu el escenario es incierto. Esa incertidumbre se incrementa por el hecho de que es poco lo que se sabe de cómo será la cita.
Fran Mora, subsecretario adjunto de Defensa para el Hemisferio Occidental entre 2009 y 2013, explica que las reuniones entre mandatarios solían tener un guion milimétrico. Pero desde que llegó Trump a la Casa Blanca nada está asegurado. Mora cree que Trump “simplemente va a entrar en la conversación un poco improvisando. Me imagino que con el presidente Petro ocurre lo mismo. Pero yo espero que el secretario Rubio, el embajador de Colombia aquí en Estados Unidos y otros estén hablando a sus presidentes, insistiendo en la importancia de no tener un altercado emocional en la Casa Blanca”.

Por ahora, los datos más esenciales no se conocen. Por ejemplo, si el encuentro va a ser público, frente a las cámaras o a puerta cerrada. El primer escenario es el más riesgoso para el presidente Petro, pues existe un antecedente nefasto para él: Volodímir Zelenski. El mandatario ucraniano fue reprimido y casi que humillado en esa reunión ante los ojos impávidos del mundo.
Asimismo, no hay otros parámetros para saber qué podría pasar con Petro. El presidente colombiano sería el tercer mandatario latinoamericano en lograr un encuentro de Estado en el Despacho Oval. Allí solo han ido Nayib Bukele y Javier Milei. A los dos, cercanos al presidente Trump, les fue muy bien. Pero Petro no tiene nada que ver con ellos.

Si todo sucede como es tradicional, lo que pasa es lo siguiente: el presidente invitado se queda en la Blair House, la residencia oficial, al lado de la Casa Blanca, donde se hospedan los mandatarios y sus delegaciones.
Una vez llegado el momento del encuentro, el presidente Trump los recibe en el ala oeste. La recepción se da por parte del mandatario estadounidense, quien se encuentra solo en la puerta de entrada. Alrededor hay miembros del cuerpo de seguridad del palacio presidencial con banderas alusivas a los países. El invitado llega en una lujosa camioneta de color negro, que, a su vez, porta las banderas de ambas naciones. Tan pronto como se baja el mandatario invitado, Trump lo saluda y le da la señal de mirar hacia la prensa, ubicada a unos metros de la entrada para captar el momento. Se anticipa que durante el encuentro cada uno hablará en su idioma, con intérpretes, dado que Petro no habla bien inglés. Lo que pase adentro aún está bajo expectativa.

Por parte del Gobierno colombiano, se espera que Petro esté acompañado de la canciller, Yolanda Villavicencio, del embajador colombiano en Washington, Daniel García-Peña, y del ministro de Defensa, Pedro Sánchez. Aún no se sabe si estarán el ministro del Interior, Armando Benedetti, quien venía tramitando el permiso, y la ministra de Comercio, Diana Morales, por un tema de salud.
Por ahora no se conoce una agenda de temas para tratar, aunque se da por descontado que el principal será la lucha contra las drogas, en la que Petro, a ojos de Estados Unidos, tiene poco que mostrar. Pero seguramente intentará repetir su defensa de que es víctima del lobby de la extrema derecha colombiana en Estados Unidos. La Casa Blanca, que descertificó al país por su mal desempeño en la lucha contra las drogas, no le comprará esa historia.

“Para Estados Unidos es evidente que en amplias zonas del territorio colombiano existe una influencia determinante del narcotráfico y de organizaciones delincuenciales. Bajo proyectos como la llamada ‘paz total’, esas estructuras se han visto beneficiadas, y desde la perspectiva estadounidense eso ha contado con el respaldo y la promoción del propio presidente Petro”, asegura Jaime Flórez, director de Comunicaciones Hispanas del Comité Nacional Republicano.

Sobre el punto que seguro más le interesa a Petro, que lo saquen de la Lista Clinton, será un tema difícil de poner sobre la mesa. “Petro va a tratar de poner el tema de Maduro, pero no estoy segura de que se atreva a poner el tema personal de él, de la visa y la Lista Clinton”, explica la excanciller Marta Lucía Ramírez. No obstante, James Story, exembajador de Estados Unidos en Venezuela y exjefe antinarcóticos de Colombia, opina que no se puede descartar que este sea un logro de la cita, pues, además, también es llamativa la inclusión del mandatario colombiano. “Todo es posible con el presidente Trump porque, como usted acaba de mencionar, es un negociador. Para mí fue sorprendente la inclusión del presidente Petro en esa Lista Clinton”.
Para el mandatario colombiano, hay un elemento adicional. Petro se ha intentado consolidar como un líder global antiyanqui. Sus intervenciones sobre Gaza y el cambio climático han sido provocadoras y, en este contexto, la Casa Blanca puede ser su tribuna soñada. Y nada descarta que quiera aprovecharla. Pero del lado de Trump tampoco es impensable que quiera dejar un mensaje de que él es el que manda en el barrio y no permitirá que ningún huésped del llamado patio trasero lo trate mal en su casa.

“Esperamos que el presidente Petro entienda que en la diplomacia cada palabra y cada gesto cuentan. La tarea debe hacerse bien y en el momento oportuno, con preparación, estrategia y resultados. Lo otro es simplemente demagogia y populismo internacional”, asegura Andrés Rugeles, vicepresidente del Consejo de Relaciones Internacionales (Cori).
En todo caso, algunos tampoco desechan la posibilidad de que terminen como íntimos. El ensayista Carlos Granés lo dijo así: “Uno quiere liberar; el otro, engrandecer. Ambos son nacionalistas y quieren regir el sur global o el hemisferio occidental. Se van a caer muy bien en la Casa Blanca”.
