Política

El regreso del poder a San Carlos: la historia de Abelardo De La Espriella con el nuevo palacio presidencial

De La Espriella reescribirá una historia de más de 100 años que busca devolver el centro del Poder Ejecutivo a los salones del Palacio de San Carlos. Despachará desde donde gobernó Bolívar antes de que una “desobediencia civil” lo expulsara del poder.

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8 de agosto de 2026 a las 3:31 a. m.
El regreso del poder al Palacio de San Carlos marca una de las decisiones más simbólicas del inicio del gobierno de Abelardo De La Espriella.
El regreso del poder al Palacio de San Carlos marca una de las decisiones más simbólicas del inicio del gobierno de Abelardo De La Espriella. Foto: SEMANA

Cuando Abelardo De La Espriella juró como presidente de Colombia el 7 de agosto, el país presenció una posesión que rompió varias de las tradiciones que durante más de un siglo han acompañado la transmisión del mando presidencial.

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No fue en la Plaza de Bolívar. Tampoco culminó con el recorrido ceremonial hacia la Casa de Nariño ni con la imagen del nuevo jefe de Estado cruzando por primera vez el umbral del palacio que desde comienzos del siglo XX se convirtió en el símbolo del Poder Ejecutivo colombiano. La ruptura, sin embargo, no terminó cuando concluyó la ceremonia de posesión. Apenas inició.

Por decisión del nuevo mandatario, la sede oficial de la Presidencia dejará de funcionar en la Casa de Nariño y se trasladará al Palacio de San Carlos, un edificio ubicado a pocas cuadras de la Plaza de Bolívar que conserva buena parte de la memoria política del país.

Desde allí despacharon Simón Bolívar y numerosos presidentes de la república durante el siglo XIX; allí se tomaron algunas de las decisiones más trascendentales de la naciente institucionalidad colombiana; allí, además, ocurrió una de las noches más dramáticas de la historia nacional, cuando Manuelita Sáenz ayudó a salvar la vida del Libertador durante la Conspiración Septembrina de 1828.

El Palacio de San Carlos ha concentrado el poder del país desde el siglo XVI. Fue vivienda de los virreyes, sede de la Presidencia y la Cancillería.
El Palacio de San Carlos ha concentrado el poder del país desde el siglo XVI. Fue vivienda de los virreyes, sede de la Presidencia y la Cancillería. Foto: Juan Carlos Sierra/GUILLERMO TORRES

En donde todo comenzó

El traslado no constituye únicamente un cambio de oficina. También supone un cambio de escenario para el ejercicio del poder. Mientras la Casa de Nariño representa la consolidación del Estado colombiano durante el siglo XX, el Palacio de San Carlos remite a los años en que la república apenas comenzaba a tomar forma, cuando las instituciones buscaban abrirse paso entre guerras civiles, disputas políticas y el enorme desafío de construir un país independiente.

En el discurso con el que ha acompañado su llegada al poder, Abelardo De La Espriella ha insistido en la idea de la Patria Milagro, una apuesta política que presenta como el comienzo de una nueva etapa para Colombia.

En ese contexto, la decisión de instalar la Presidencia en el Palacio de San Carlos adquiere un evidente peso simbólico: regresar el centro del Poder Ejecutivo al edificio donde, durante buena parte del siglo XIX, se consolidó el ejercicio cotidiano de la presidencia de la república. Esa afirmación, sin embargo, merece una precisión histórica.

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Con frecuencia se dice que el Palacio de San Carlos fue la primera sede presidencial de Colombia. La frase, aunque ampliamente repetida, simplifica una historia mucho más compleja. Antes de que el poder se instalara en San Carlos, los primeros gobiernos republicanos utilizaron el antiguo Palacio Virreinal y otras edificaciones adaptadas para las necesidades del naciente Estado.

Fue solo después del terremoto del 16 de noviembre de 1827, que dejó seriamente averiado el Palacio de los Virreyes, cuando el Gobierno decidió trasladar de manera estable el despacho presidencial al Palacio de San Carlos. Fue allí donde comenzó a consolidarse la Presidencia como institución permanente de la república. Pero la historia del edificio había comenzado mucho antes.

FOTOS: SUMINISTRADA A SEMANA
Después de más de un siglo, la Presidencia dejará la Casa de Nariño y volverá al edificio donde se consolidó el ejercicio de la república en el siglo XIX. Foto: FOTOS: SUMINISTRADA A SEMANA

Hacia finales del siglo XVI, cuando Santafé era todavía la capital del Nuevo Reino de Granada y Colombia ni siquiera existía como idea política, comenzó a levantarse una amplia casona de dos plantas sobre una de las manzanas más importantes de la ciudad. Sus primeros propietarios pertenecían a la élite colonial y, con el paso de las décadas, el inmueble fue cambiando de manos hasta convertirse en una de las residencias más distinguidas de la capital.

Durante el siglo XVII y buena parte del XVIII, por sus salones desfilaron oidores de la Real Audiencia, altos funcionarios de la Corona y miembros de la aristocracia criolla. Más tarde, el edificio pasó a ser administrado por la Compañía de Jesús, que lo integró al Colegio Mayor de San Bartolomé, uno de los centros de formación más importantes del virreinato.

La expulsión de los jesuitas, ordenada en 1767 por el rey Carlos III, volvió a cambiar el destino del inmueble. Diez años después abrió allí sus puertas la Real Biblioteca Pública, considerada el antecedente de la actual Biblioteca Nacional. Bajo la dirección de Manuel del Socorro Rodríguez, uno de los grandes impulsores del periodismo en el Nuevo Reino de Granada, miles de libros confiscados a la orden religiosa comenzaron a llenar los anaqueles del edificio.

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De La Espriella se reescribe

Por los corredores del palacio caminaron virreyes como Manuel Antonio Flórez, José de Ezpeleta y Pedro Mendinueta; ilustrados, religiosos, militares y funcionarios que administraban en nombre de la Corona española un territorio que apenas unas décadas después iniciaría el camino hacia la independencia.

Cuando estalló el movimiento del 20 de julio de 1810, la ciudad comenzó a transformarse. La autoridad del virrey Antonio José Amar y Borbón llegaba a su fin y la historia del edificio también estaba a punto de cambiar.

Todo cambió el 16 de noviembre de 1827. El terremoto que sacudió Santafé dejó gravemente afectado el antiguo Palacio Virreinal, utilizado por el Gobierno republicano. Simón Bolívar necesitaba una nueva sede para la Presidencia y la encontró a pocas cuadras de allí. El Estado readquirió el Palacio de San Carlos y el Libertador trasladó hasta ese edificio el centro del Poder Ejecutivo.

Lo que parecía una solución de emergencia terminó convirtiéndose en una decisión que marcaría casi 80 años de historia. Desde entonces, el Palacio de San Carlos dejó de ser únicamente una casona colonial para convertirse en el lugar desde donde se gobernaría la república.

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El Palacio de San Carlos no solo fue sede presidencial: también fue escenario de algunos de los momentos más decisivos de la historia política colombiana. Foto: FOTOS: SUMINISTRADA A SEMANA

En la noche del 25 de septiembre de 1828, un grupo de conspiradores, encabezados por el coronel Pedro Carujo, irrumpió en el Palacio con el propósito de asesinar al Libertador. Mientras los atacantes avanzaban por los corredores, Manuela Sáenz comprendió que solo tenía unos minutos para salvarle la vida. Lo convenció de escapar por una de las ventanas que daban hacia el río San Agustín y enfrentó a los conspiradores, dando el tiempo suficiente para que Bolívar lograra ponerse a salvo.

Todavía hoy, quienes recorren el Palacio de San Carlos pueden observar el lugar por donde escapó Bolívar durante aquella madrugada que puso en vilo el futuro de la Gran Colombia.

Cuando Abelardo De La Espriella cruce esas mismas puertas para instalar allí su despacho presidencial, lo hará en el mismo edificio donde el Libertador enfrentó el mayor intento por arrebatarle el poder. Algo muy similar a lo que podría pasar si Gustavo Petro cumple su promesa de sublevar en desobediencia civil al pueblo y ejecutar su advertencia de que De La Espriella no logre llegar a los cuatro años de gobierno.

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En 1904, Rafael Reyes consideró que la república necesitaba una sede más amplia, moderna y acorde con la institucionalidad que pretendía consolidar. La decisión recayó sobre la casa donde había nacido Antonio Nariño, el 9 de abril de 1765.

El Gobierno adquirió la propiedad ubicada sobre la carrera Séptima y emprendió una profunda reconstrucción bajo la dirección del arquitecto francés Gastón Lelarge y del arquitecto colombiano Julián Lombana. El antiguo inmueble fue prácticamente demolido para levantar un palacio de estilo neoclásico que incorporó algunos elementos de la vivienda original de Nariño.

En 1908, Rafael Reyes trasladó oficialmente la sede de la presidencia al entonces denominado Palacio de la Carrera. Con esa decisión terminó una etapa de casi ocho décadas durante las cuales el Palacio de San Carlos había sido el principal escenario del Poder Ejecutivo colombiano.

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Desde sus salones despachó Simón Bolívar y allí se tomaron decisiones fundamentales para la naciente institucionalidad colombiana. Foto: FOTOS: SUMINISTRADA A SEMANA

Mientras tanto, San Carlos inició una nueva vida institucional. Allí funcionaron distintas dependencias oficiales y, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Desde sus salones comenzaron a recibirse jefes de Estado, cancilleres, embajadores y delegaciones diplomáticas de todo el mundo. Si durante el siglo XIX el edificio había sido el corazón de las decisiones políticas internas, durante buena parte del siglo XX pasó a ser uno de los principales escenarios de la política exterior colombiana.

La historia, sin embargo, todavía tenía reservado un nuevo giro para aquel viejo edificio colonial. Porque más de un siglo después de que Rafael Reyes decidiera trasladar el poder al Palacio de la Carrera. Más de un siglo después, la historia volverá a cruzarse con ese edificio.

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Abelardo De La Espriella asumió la presidencia de la república y no solo rompió el protocolo de una posesión. También revirtió una decisión que parecía inamovible desde los tiempos de Rafael Reyes: devolver el despacho presidencial al Palacio de San Carlos. No se trata únicamente de trasladar una oficina.

Por primera vez desde comienzos del siglo XX, el centro del Poder Ejecutivo dejará el Palacio de Nariño para regresar al edificio donde Bolívar gobernó la Gran Colombia, donde Francisco de Paula Santander reorganizó la república, donde José Ignacio de Márquez, Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López y Rafael Núñez ejercieron la presidencia y donde se tomaron decisiones que marcaron el rumbo político de un país que apenas aprendía a llamarse república.

Luego de 100 años, Abelardo De La Espriella volverá a gobernar desde donde mandó Simón Bolívar.
La decisión de De La Espriella busca darle un nuevo significado al ejercicio del poder y conectar su gobierno con los orígenes de la república. Foto: FOTOS: SUMINISTRADA A SEMANA

Durante 118 años, la historia presidencial de Colombia se escribió en la Casa de Nariño. Allí despacharon, entre muchos otros, Rafael Reyes, Carlos Eugenio Restrepo, Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Mariano Ospina Pérez, Gustavo Rojas Pinilla, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Julio César Turbay, Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos, Iván Duque Márquez y Gustavo Petro. Generaciones enteras crecieron asociando el poder presidencial con ese palacio levantado sobre la casa natal de Antonio Nariño.

Por eso, la decisión de Abelardo De La Espriella trasciende el ámbito administrativo. Después de más de un siglo, el presidente volverá a instalar su despacho en el lugar donde todo en la república comenzó.

La decisión también refuerza el discurso político con el que De La Espriella ha acompañado su llegada al poder. Desde la campaña habló de la Patria Milagro como una invitación a que Colombia emprendiera un nuevo comienzo. En esa narrativa, regresar al Palacio de San Carlos no significa volver al pasado, sino llevar el presente al lugar donde el Estado colombiano comenzó a construir su identidad institucional.

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Porque cuando Abelardo De La Espriella empuje por primera vez la pesada puerta de madera de su despacho en el Palacio de San Carlos, no estará entrando únicamente a una nueva sede de gobierno. Estará reabriendo una oficina que dejó de ser el centro del poder hace más de un siglo.

Volverán a encenderse los salones donde despachó Simón Bolívar, donde Manuelita Sáenz cambió el curso de la historia al salvar la vida del Libertador, donde se discutieron las primeras constituciones de la república y donde generaciones de presidentes intentaron darle estabilidad a una nación que apenas nacía.

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El traslado de la Presidencia se presenta como parte del discurso de la “Patria Milagro”, con el que el nuevo mandatario ha acompañado su llegada al poder. Foto: FOTOS: SUMINISTRADA A SEMANA

Los colombianos han visto durante más de 100 años que el poder comienza y termina en la Casa de Nariño. A partir de ahora, esa imagen cambió. Y con ella, por primera vez en varias generaciones, el país podrá ver el regreso del poder a uno de los escenarios donde comenzó a escribirse la historia política de Colombia.