SEMANA: Usted ocupará uno de los cargos más difíciles en este nuevo Gobierno. Colombia enfrenta una muy mala situación fiscal y hay varias bombas por estallar. ¿Por qué decidió montarse en este potro?
Miguel Gómez Martínez: Es una pregunta que no me esperaba. Yo mismo me la planteo. Desde que asumí esta responsabilidad, estoy como en una montaña rusa. Hay momentos en los que siento que todo es posible y después tengo mucha preocupación por la gravedad de los temas que estoy conociendo. Cuando el presidente me ofreció este ministerio, dudé. No dormía, no comía. Pero soy un hombre de fe y dejé esto en manos de Dios. Cuando acepté el reto, fue porque creí que Dios está de acuerdo con que soy la persona que puede hacer esta tarea tan difícil. Es una tarea que alguien tiene que hacer. Si no, este país se va a una crisis económica absoluta. Creo que tengo la capacidad de hacerlo.

SEMANA: El empalme del Gobierno de Abelardo De La Espriella es inédito y tiene dimensiones muy grandes, con 1.300 personas a bordo. ¿Cómo han sido estos días?
M.G.: Sí, el empalme es muy complejo porque en los otros Gobiernos le pateaban dificultades al que seguía. Pero en esta ocasión lo que evidencian las estadísticas es que puede haber dificultades muchísimo más graves e, incluso, temas de corrupción muy complejos.

SEMANA: El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) puso una fuerte suma para el empalme: 60 millones de dólares. ¿Para qué se necesita esa plata?
M.G.: En primer lugar, quiero aclarar que las personas que van al empalme no reciben ninguna remuneración. Lo segundo es que se necesita mucha gente, y aquí voy a tomar el ejemplo de mi cartera, la de Hacienda. Es una entidad muy grande y, además, tiene 34 entidades adscritas o vinculadas: la Dian, la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales (UGPP), la SAE, el Grupo Bicentenario, que son todos los bancos públicos. Se necesita gente especializada. La plata que el BID ofreció no es reembolsable, no es una deuda. La idea es que en este proceso de empalme aparezcan evidencias de cambios que hay que hacer, de reformas que se deben tramitar. Es un apoyo maravilloso, una señal de confianza del BID en el Gobierno.
SEMANA: ¿Cuáles serían las primeras decisiones que se tomarán para enviar la señal de que ahora sí habrá un manejo eficiente de las finanzas públicas?
M.G.: La primera medida que vamos a tomar el 7 de agosto, a través de un decreto, es la del congelamiento del gasto. El Gobierno saliente expidió un decreto de austeridad, pero están gastando a dos manos. Entre enero y abril, el Estado está gastando 40 billones de pesos al mes, más de un billón de pesos al día. En contraste, está recibiendo alrededor de 28 billones de pesos. La diferencia se cubre con deuda, lo cual nos lleva a la segunda crisis, y es la del crecimiento acelerado del endeudamiento. Comparativamente, implica que un bebé al nacer hoy en Colombia ya debe 20 millones de pesos. Cuando se miran las cifras en conjunto, lo primero que uno piensa es: esto está fuera de control.

SEMANA: El Gobierno saliente siempre argumentó que el 93 por ciento del gasto es inflexible. ¿Es cierto?
M.G.: Ese argumento es válido en la generalidad. En lo específico del presupuesto de la nación, hay una enorme cantidad de partidas. Lo que sí puede hacer el Ministerio de Hacienda es tomar decisiones sobre todo aquello en lo que no haya comenzado la ejecución, de manera que ese gasto se pueda modular o inclusive congelar mientras se ordenan un poco las finanzas. Estamos revisando los presupuestos de cada uno de los grandes sectores del Estado para identificar en dónde estamos a tiempo de hacer recortes. Eso es inevitable.
SEMANA: En la recta final de la campaña, el Gobierno Petro aumentó el gasto en dos frentes: los subsidios a poblaciones vulnerables y los contratos de prestación de servicios. ¿Se van a revertir?
M.G.: En eso sí debo ser claro: los subsidios no se van a tocar. Lo que sí queremos es revisar si hay colados. Sobre las órdenes de prestación de servicios, la Contraloría General dijo que en enero de 2026, antes de la Ley de Garantías, se firmaron 523.000 contratos. Es una cifra impresionante, con un costo de 33 billones de pesos. ¿Cuántos de esos contratos son favores políticos? No sabemos porque hay absoluta opacidad. Cada ministro deberá revisar esas órdenes. Por otro lado, la Ley de Garantías se acabó y siguen contratando, siguen comprometiendo el presupuesto de la nación para pagar favores. Eso no solo es algo mal hecho, sino antiético. Uno no dilapida así el dinero de los colombianos.

SEMANA: Es claro que se necesitan nuevos recursos. ¿Habrá reforma tributaria?
M.G.: Si hubiera una solución única, sería fácil, pero no la hay. Primero disminuimos el gasto y después miramos el tema de impuestos. Por ahora puedo decir que lo primero será la simplificación del Estatuto Tributario, que es una maraña, una jungla legal. El número de tributos, por ejemplo, que administra la Dian son 15; deberíamos tener tres: renta, IVA interno e IVA externo. El sistema hoy es diabólico y genera toda clase de excepciones que hacen que el recaudo sea muy bajo. Podríamos estar hablando de que las exenciones y deducciones vigentes están en unos 140 billones de pesos al año. Tenemos que mirar cuáles se justifican, cuáles son necesarias desde el punto de vista social y de crecimiento. En términos de evasión, se habla de alrededor del 20 o 30 por ciento. La Dian ha calculado la evasión alrededor del 35 por ciento en IVA y 40 por ciento en renta. Es una tronera de ingresos que se pierde y que, en buena medida, explica el déficit fiscal. La Dian lleva dos años sin cumplir la meta de recaudo, a pesar de que nombraron a una cantidad de gente. Va a ser una reforma muy difícil, pero creo que el país la va a recibir bien. Lo segundo que tendrá que hacerse en términos tributarios es lo que estimule inversión, sin la cual no hay crecimiento. El nivel de inversión del país hoy es el más bajo en décadas, de solo el 17 por ciento del PIB. Hace unos años estábamos en el 24.
SEMANA: ¿Cómo hará para recuperar la inversión?
M.G.: La inversión es la riqueza del mañana. Cuando se compra una máquina adicional en una fábrica, es porque la expectativa es vender más; por lo tanto, va a generar más ingresos y eso producirá más utilidades. Por el contrario, cuando se deja de invertir, es porque se estima que no habrá futuro y acá la inversión extranjera cayó 30 por ciento en los últimos dos años. Los capitales se han ido de Colombia porque no pueden pagar los impuestos que son confiscatorios. Vamos a eliminar el impuesto al patrimonio porque es antitécnico y costoso.

SEMANA: ¿Qué harán con la reforma tributaria que va a presentar el Gobierno Petro el próximo 20 de julio?
M.G.: Eso ya es el colmo del descaro. Hacen gasto, dejan desfinanciado el presupuesto y entonces le dicen a los colombianos: “¡Hola!, págueme la cuenta”. Presentan así una tributaria de 30 billones de pesos. Le vamos a pedir al Congreso que no la tramite.
SEMANA: ¿Qué manejo le darán a la deuda?
M.G.: La deuda pasó de casi 900 billones de pesos en 2022 a unos 1.300 billones de pesos. En los últimos meses se han realizado operaciones de endeudamiento a tasas que la nación no había asumido hace décadas, pagando intereses del 15 por ciento por recursos a un año. Eso incrementa el costo del servicio de la deuda. Entonces, desde el 7 de agosto, lo que hay que hacer es un ejercicio que se llama reperfilar la deuda. No es renegociarla. Son dos conceptos financieros completamente distintos. Reperfilar implica que, mediante operaciones de deuda, se mueven vencimientos que tenemos en el muy corto plazo para tratar de extenderlos en el tiempo y darnos así un margen, un oxígeno de tesorería que estamos necesitando. Eso lo vamos a hacer desde el primer día.

SEMANA: Ya que habla del trabajo del Gobierno ante el Congreso, ¿cómo va a manejar esa relación? El antecedente de Ricardo Bonilla es muy grave.
M.G.: El presidente Abelardo De La Espriella fue muy claro conmigo. Me dijo: “Todas las discusiones con el Congreso se deben hacer por encima de la mesa. No quiero reuniones secretas ni individuales con los parlamentarios”. Cuando lleguemos al Gobierno el 7 de agosto, convocaremos a las bancadas de los partidos políticos para el tema presupuestal. Lo haremos en sesiones públicas con presencia de la prensa. Y los parlamentarios tienen la facultad, eso no es un delito, de pedir proyectos para sus regiones. Creo que, después de la horrible experiencia de la UNGRD y de los otros escándalos que hay, pues no es solo ese, el Congreso ha entendido que no puede actuar igual.
SEMANA: ¿Será un negociador para llegar a acuerdos?
M.G.: Por encima de la mesa, sí. Es como debe ser en una democracia moderna: todo se conoce, todo es público. Eso de reuniones en cuartos oscuros para tomar decisiones se acabó. Yo lo único que tengo es mi moral.
SEMANA: Usted ha mencionado que van a respetar la autonomía del Banco de la República, pero la junta sigue aumentando las tasas de interés, lo que podría ir en contra de las metas de crecimiento. ¿Cómo lo enfrentarán?
M.G.: Respetar la autonomía del Banco de la República no es una opción, es una obligación constitucional. Como ministro de Hacienda, la subida de los 75 puntos básicos de la tasa de interés no es una buena noticia. Pero también entiendo que la inflación agrava todos los problemas. La inflación es como una fiebre. Si usted se intoxica y no le da fiebre, no es grave. En cambio, todos los males que usted tiene se reflejan en la fiebre. Yo creo que la inflación seguirá subiendo. Subimos el salario mínimo cuatro veces lo que subió la inflación. La gente tenía mucha plata y gastó más. Todo eso presiona los precios al alza. La inflación es un impuesto que paga el ciudadano y, en buena medida, es generado por el Estado. Entonces, sí entendemos que el banco tiene que tomar estas medidas. Confiamos en que el Banco de la República es una entidad seria. Es uno de los bancos centrales más prestigiosos del mundo.

SEMANA: ¿Está de acuerdo con que siga el Ministerio de Hacienda en la junta del banco?
M.G.: Yo creo que es bueno que el ministro esté, porque tiene una perspectiva económica más relacionada con el presupuesto. El banco está más concentrado en temas monetarios. Ese balance es bueno.
SEMANA: Uno de los grandes dolores que deja este Gobierno es la destrucción del sistema de salud. ¿Qué harán para recuperarlo?
M.G.: Nuestro sistema no era perfecto, tenía problemas muy serios, pero destruirlo no era el camino correcto. La idea de que la salud debe ser pública lleva adicionalmente al concepto de que, además, debe ser gratuita porque es un derecho universal. Nada sale más caro en la vida que lo que el Gobierno ofrece gratuitamente.

SEMANA: La Contraloría ha dicho que las EPS intervenidas deben más de 30 billones de pesos. ¿Piensan pagar esas deudas?
M.G.: El presidente De La Espriella nos ha pedido buscar recursos para tres cosas: un refuerzo de la capacidad operativa de las Fuerzas Militares en el corto plazo para recuperar la iniciativa en el control del territorio. Segundo, para pagar las deudas con los generadores, pues haremos todo lo posible para que no haya apagón eléctrico. Y el tercer tema es aliviar la deuda de la salud para que el sistema, primero, no colapse del todo y, segundo, para que la gente no siga pagando los platos rotos de los errores cometidos por el Gobierno actual.
SEMANA: ¿Han calculado cuánto costaría ese paquete?
M.G.: Podríamos estar hablando inicialmente, para las medidas de emergencia, de alrededor de 15 a 20 billones de pesos.
SEMANA: Pasemos a Ecopetrol. ¿Cómo van a reactivarla?
M.G.: Ecopetrol es un caso de destrucción de valor que se debería estudiar en universidades como Harvard. En 2022, cuando llegó este Gobierno, Ecopetrol vendía 160 billones de pesos. El año pasado vendió 120 billones de pesos. En 2022 produjo 32 billones de pesos de utilidad. El año pasado, solo 9 billones. A eso súmele todos los escándalos y el muy poco respeto del gobierno corporativo. Ecopetrol no es solo una empresa que produce petróleo, es la primera empresa del país. Entonces, cuando se destruye la primera empresa del país, es gravísimo. Recuperar Ecopetrol es importantísimo por muchas razones. Primero, por las reservas, pues tenemos más o menos para 7,2 años. Y las reservas de gas se contrajeron el año pasado en 17 por ciento. Segundo, para que el fenómeno de El Niño no nos coja sin inversión en el sector minero-energético y sin reservas. Estamos importando casi el 30 por ciento del gas que necesitamos para el país. Tercero, el Gobierno va a autorizar el fracking responsable, porque necesitamos aumentar nuestra capacidad de producir petróleo y gas.

SEMANA: ¿Cómo recuperarán el gobierno corporativo?
M.G.: Las primeras medidas son convocar a una asamblea y devolverle a Ecopetrol no solo su funcionalidad, sino su capacidad de operar.
SEMANA: El tema son los tiempos. Todo parece urgente.
M.G.: Todo parece urgente. Es una muy buena definición. Todo está en la uci. Y sí, es cierto, el tiempo parece muy corto. Pero, cuando la gente ve que nos estamos moviendo en la dirección correcta, acepta dar un tiempo prudencial.
SEMANA: ¿Qué posición adoptarán con el salario mínimo?
M.G.: Si subir los salarios solucionara el problema de la pobreza, hace años que no habría pobres en el mundo. El salario es la remuneración del trabajo y de su productividad. Si la productividad es alta, se puede subir mucho. Pero la productividad en Colombia está estancada. En consecuencia, cuando se suben los salarios, lo único que se hace es aumentar el costo, que, a su vez, se traslada a la economía. La decisión de este año fue una medida populista, irresponsable, que no ha generado sino problemas mayores a la economía. Tenemos que volver a tener una discusión sensata sobre la remuneración del trabajo.

SEMANA: Algunos dicen que, en términos económicos, Abelardo De La Espriella puede ser como Javier Milei o como Donald Trump. ¿Lo ve así?
M.G.: El caso de Argentina es muy distinto del nuestro. Ellos han sido toda la vida una sociedad con un fuerte legado populista que viene desde Perón. Trump tampoco me parece comparable. Conozco poco a Abelardo De La Espriella, pero, por lo que le he visto, es un estilo muy propio. Parte de lo que ha sorprendido es que no han logrado descifrarlo. Es un hombre profundamente orgulloso de ser caribe, con una sobresaliente eficacia y capacidad de tomar decisiones.
SEMANA: ¿Cómo conoció al presidente electo?
M.G.: Lo había seguido en los medios. Un día fuimos con mi hermano (Enrique Gómez) a ofrecerle el apoyo. Yo fui muchos años profesor y él dice que fue alumno mío. Yo no llamaba a lista en las clases, así que no tengo el recuerdo. No lo conocía mucho, no soy del círculo cercano. Me ha impresionado su velocidad y la seguridad que transmite.
SEMANA: Todo lo que plantean debe trabajarse con Iván Cepeda llamando a la desobediencia civil. En términos económicos, ¿qué cree que va a significar eso?
M.G.: Yo no veo a los colombianos en ese ánimo de desobediencia civil. El jefe de la oposición se equivoca. Veo a los colombianos con ganas de tener esperanza. Creo, además, que la desobediencia civil es un mensaje equivocado, porque aquí lo que necesitamos es disciplina civil, no desobediencia civil. Me parece que ahí falta grandeza, falta patriotismo. Critiquen lo que quieran, pero dejen gobernar.

SEMANA: Juan Esteban Constaín mencionó a Laureano Gómez, su abuelo, como un caso de desobediencia civil en la historia de Colombia. ¿Es un antecedente para hoy?
M.G.: Eran otros tiempos, otras circunstancias. Es comparar lo que no es comparable. No estamos en ese momento ni en ese entorno.
SEMANA: ¿Cuál es el simbolismo que entraña para usted asumir el legado de su familia, especialmente el de su tío Álvaro Gómez Hurtado, quien ahora es evocado constantemente?
M.G.: Me siento con mucha ilusión y compromiso. Las ideas que planteó Álvaro Gómez son mencionadas y el interrogante que surge alrededor de ellas es: ¿y eso por qué no lo hicimos? Nunca le dieron la oportunidad de hacerlo. Yo estuve mucho tiempo cerca de él. Viajamos, estuvimos en China juntos. Y un día yo le dije: “Tío, ¿por qué no has sido ministro?”. Y me dijo: “Porque no me nombran. Ningún presidente quiere tenerme en el gabinete, porque sabe que yo sí voy a hacer los cambios”. Alberto Lleras, al inicio del Frente Nacional, le ofreció la cartera de Agricultura, pero luego lo llamó a excusarse porque tenía quejas de miembros del Partido Liberal. Nunca fue ministro un tipo que dijo que había que cuidar el agua, que había que ponerse de acuerdo en los valores fundamentales de la sociedad, que sin justicia una sociedad era inviable y que no había que negociar con los violentos. Es decir, todo lo que hoy en día está en la agenda lo dijo él hace 40 o 50 años. Así que yo me siento feliz de que esas ideas vuelvan a ser relevantes. Me siento muy contento de tener la oportunidad de hacer cosas que mi tío no pudo hacer. Es un compromiso enorme. Me siento muy orgulloso de mi familia, pero también es un peso en la espalda grande.

SEMANA: ¿Estaría dispuesto a decirle no al presidente?
M.G.: Eso fue clarísimo el día que él me ofreció el cargo. Le dije: “Voy a hacer como en la película de James Bond El doctor No”. Porque primero tenemos que poner la casa en orden. Aquí lo que pasó es que hubo una parranda de cuatro años. Ahora viene el periodo del guayabo. A mí me tocó, lamentablemente, la fase del guayabo. Esto es similar a llegar a una casa después de una gran fiesta. Hay que recoger, ordenar los muebles, limpiar, lavar los platos.
SEMANA: En términos personales, frente al reto, la dimensión y la dificultad que está enfrentando, ¿a qué se está agarrando?
M.G.: Esto es como un momento de verdad. Mi esposa, cuando vino esta posibilidad, me dijo: “Tienes que hacerlo. Si no lo haces, te vas a arrepentir toda tu vida”. Todos mis hijos, que son muy mayores, me dijeron: “Tienes que hacerlo”. Yo rezo todo el tiempo porque creo en Dios, que me ha protegido mucho, y sé que no me va a desamparar.
SEMANA: ¿Aspira a quedarse en el cargo todo el periodo de gobierno?
M.G.: Eso lo decide el presidente de la república. La idea es hasta que sea útil.
