A principios de diciembre pasado, cuando el mercado y los analistas hacían sus cálculos sobre la inflación para 2026, los estimados la ubicaban en 4,54%. Incluso en un escenario de aumento del salario mínimo del 12%, para 2026, en el que inicialmente coincidían muchos analistas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicaría para este año por debajo de 5%, aunque a una menor velocidad para llegar al rango meta del Banco de la República de entre 2% y 4%.
Sin embargo, el Gobierno fue más allá e incrementó el salario mínimo cerca del 23%, cifra que no tenía en el radar ningún agente del mercado y ni siquiera los sindicatos, que en la mesa de concertación pidieron 16%. Con ello, la presión en materia de inflación se aumentó. Con una inflación anual al cierre de 2025 de 5,1%, el ajuste real del salario mínimo superó el 17%, siendo el incremento más abultado en la historia, como lo describe un informe del área de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá (IE).
Ante este panorama, los cálculos de inflación para este año se han empezado a ajustar. De acuerdo con la encuesta del Banco de la República entre analistas y jugadores del mercado, del 4,54% proyectado, ahora, conociendo el aumento del salario mínimo y las presiones que ejerce sobre los precios, en promedio, entre 38 analistas entre bancos, comisionistas y fondos de pensiones, entre otros, el cálculo iría al alza para el cierre de este año.

De acuerdo con un análisis de Corficolombiana, la encuesta de expectativas de los analistas económicos del Banco de la República de enero evidenció un deterioro marcado de las expectativas de inflación a uno y dos años tras el aumento del salario mínimo.
“Las expectativas a un año pasaron de 4,54% en diciembre a 5,94%, registrando el mayor incremento mensual desde que se tiene registro (140 puntos básicos). De forma similar, las expectativas a dos años aumentaron de 3,86% a 4,60%, el mayor incremento histórico (72 puntos básicos), ubicándose nuevamente por fuera del rango meta, situación que no se observaba desde octubre de 2023. Este comportamiento sugiere que los agentes perciben el choque como persistente, elevando el riesgo de indexación y de efectos de segunda vuelta, además muestra que no existe confianza en que el Banco de la República pueda alcanzar su rango objetivo en los próximos años”, advierte Corficolombiana. No hay que olvidar que la inflación completó seis años sin ubicarse siquiera en el rango meta del banco central colombiano.
Para el IE, las expectativas de inflación se disparan a inicio de año, alcanzando máximos desde 2023, como consecuencia del sorpresivo e imponente incremento del salario mínimo. “Si bien la caída en el precio de la gasolina daría soporte, podría no ser suficiente”, anticipa el área del Banco de Bogotá. Así las cosas, esta entidad proyecta una inflación de 6,2% para cierre de 2026. Sin embargo, no descarta que pueda llegar a 7%.
“El escenario está sujeto a cambios dada la elevada incertidumbre en cuanto al resultado de las elecciones locales; la materialización e intensidad de un probable fenómeno de El Niño en el segundo semestre; la definición de la reforma pensional, del Sistema General de Participaciones (SGP) y de los decretos de emergencia económica y repatriación de recursos de los fondos de pensiones, y el ruido geopolítico internacional, entre otros. Por el momento, los sesgos son alcistas”, advierte un informe del IE.

A su juicio, y el de muchos otros analistas, los elevados incrementos del salario mínimo se han traducido en presiones inflacionarias principalmente en el componente de servicios, al excluir arriendos.
“El aumento en los costos laborales llevó a que la inflación de los servicios intensivos en mano de obra —por ejemplo, comida fuera del hogar, peluquerías, guarderías, recreación, cultura, servicio doméstico, administración de copropiedades, entre otros— tomara una nueva tendencia alcista desde el segundo semestre de 2025, situación que se acentuaría aún más en 2026”, dice esta área en su informe.
Explica que, en particular, la inflación de servicios sin arriendo pasaría de 6,1% a 6,4% entre junio y diciembre de 2025. Para 2026, a raíz del alto ajuste del salario mínimo, la inflación de este rubro podría cerrar el año en 11,1%. “El resultado podría ser mayor si los empresarios deciden trasladar una proporción más alta del aumento del mínimo al consumidor final”.
Incluso, su estudio va más allá y advierte que el aumento del salario mínimo fue tan elevado que, si bien los arrendadores por ley solo pueden incrementar el canon según la inflación del año anterior, “en 2026 la disparidad entre una inflación de cierre de 5,2% y un aumento del mínimo de 23,7% podría llevar a algunos agentes a buscar mecanismos para aumentar el canon más allá de lo permitido”.
IE prevé que la inflación de arriendos pasaría de 5,1% en 2025 a 5,5% en 2026, con mayor relevancia del mercado formal regulado. “No obstante, el resultado podría ser mayor si un número significativo de arrendadores decide exceder el límite legal”, anticipa.

Por su parte, el componente de regulados también se vería afectado. En particular, las tarifas de transporte, parqueaderos, gastos de copropiedad y cuotas moderadoras de las EPS, entre otros, serían presionadas al alza por el incremento del salario mínimo. Pese a ello, la definición de tarifas de educación basada en la inflación observada contendría parte del impacto. Asimismo, la inflación contenida de electricidad, gas y combustibles, favorecida por una baja tasa de cambio, también serviría de soporte. IE prevé que la inflación de regulados pasaría de 6% a 5,4% entre el cierre de 2025 y 2026.
Además, bajo un escenario de tasa de cambio baja (alrededor de 4.000 pesos) como resultado de altas tasas de interés en Colombia y un resultado electoral favorable para los mercados, la inflación de bienes y alimentos también se mantendría controlada. La inflación de bienes cerraría 2026 en 3,3%, por encima del 2,8% de 2025. A su vez, ante un posible fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026, la inflación de alimentos pasaría de 6,3% en 2025 a 4,3% en 2026, apoyada en la baja tasa de cambio y una afectación climática marginal. Con todo, IE prevé que la inflación de 2026 se ubicaría cerca de 6,2%, por encima del 4,4% proyectado antes del anuncio del salario mínimo.
“Sin embargo, el resultado podría ser peor si la depreciación del peso es mayor o si la indexación del salario mínimo es más amplia de lo esperado. IE incluso considera plausible una inflación de 7% al cierre de 2026”, puntualiza.

Por su parte, Corficolombiana asegura que cuando los agentes anticipan de manera persistente una inflación superior a la meta, se ajustan precios, salarios y contratos de forma preventiva, incrementando la inercia inflacionaria y elevando el costo real de la desinflación.
“Adicionalmente, el aumento de las expectativas reduce la tasa de interés real ex ante, relajando de manera pasiva la postura monetaria en un contexto de presiones inflacionarias crecientes. Este escenario hace necesaria una respuesta de política monetaria contundente para evitar un mayor deterioro de las expectativas. La magnitud y rapidez del repunte observado elevan el costo de una reacción tardía y refuerzan la necesidad de mantener —e incluso profundizar— una postura monetaria contractiva, orientada a ajustar las señales de política y reafirmar el compromiso del Banco de la República con la convergencia de la inflación hacia la meta”, afirma Corficolombiana.
