Colombia podría convertirse en uno de los diez países más relevantes del mundo en agroindustria, pero no por inercia. Ese fue el mensaje central que dejó el sexto Congreso Agroindustrial de la ANDI, que reunió en Medellín a más de 60 expertos para discutir el futuro del sector en un contexto global marcado por tensiones comerciales, retos sanitarios y presiones sobre la seguridad alimentaria.
El evento concluyó con una apuesta clara: pasar del diagnóstico sobre el potencial agrícola del país a una estrategia articulada que combine política pública, inversión privada e innovación territorial.

Uno de los resultados concretos fue la construcción colectiva de un documento con prioridades estratégicas para la denominada “Agro+Industria”, que será presentado al próximo Gobierno Nacional. El objetivo es que el sector se consolide como motor de desarrollo territorial y no dependa únicamente de coyunturas políticas.
Camilo Montes, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Alimentos de la ANDI, afirmó que “la agroindustria es el puente entre el territorio y el mercado. Hoy todos los asistentes salimos con una convicción: tener tierra y biodiversidad no es suficiente”.
Entre los pilares planteados se destaca una “revolución regulatoria” que permita agilizar procesos sanitarios y reducir tiempos de trámite mediante el uso de tecnología y modelos basados en riesgo.
El fortalecimiento del INVIMA y el ICA fue señalado como condición indispensable para mejorar la competitividad y facilitar el acceso a mercados internacionales. En paralelo, la diplomacia sanitaria fue presentada como herramienta clave para navegar un comercio global cada vez más exigente.
Otro eje central es el salto tecnológico. El congreso subrayó la necesidad de masificar el uso de bioinsumos y avanzar en bioeconomía forestal como vías para aumentar la productividad sin sacrificar sostenibilidad.

La incorporación de herramientas como trazabilidad, internet de las cosas y biotecnología ya no se plantea como una meta futura, sino como una práctica en marcha en diferentes regiones del país.

Asimismo, se abordaron temas de seguridad jurídica y territorial, incluyendo el impacto del contrabando y el comercio ilícito sobre la competitividad y la sanidad del sector. La conclusión fue que la agroindustria no puede avanzar sin reglas claras y control efectivo en los territorios.
Desde la ANDI se insistió en que la riqueza natural y la biodiversidad no son suficientes por sí solas para alcanzar el objetivo de entrar al top 10 mundial. El desafío radica en convertir esas ventajas comparativas en ventajas competitivas sostenibles.

El reto ahora será transformar esta hoja de ruta en acciones medibles y sostenidas en el tiempo. La meta de posicionar a Colombia como potencia agroindustrial exige coherencia entre industria, territorio e innovación, en un entorno global donde la competencia por alimentos y mercados es cada vez más intensa.
