A finales del año pasado, Julián Vélez, un bogotano que, como muchos de sus paisanos, tenía dos carros para hacerle frente al pico y placa, había decidido invertir en un vehículo híbrido. Su idea era evitar la restricción y, al mismo tiempo, ahorrar en combustible. Ya estaba cotizando un modelo que se ajustara a su presupuesto cuando se enteró de que Tesla, la famosa marca estadounidense de carros eléctricos, estaba llegando al país.
En su lanzamiento en Colombia, Tesla, propiedad del polémico Elon Musk, hoy el hombre más rico del mundo, no trabajó con concesionarios, sino que abrió una representación directa, con dos puntos de venta en reconocidos centros comerciales de Bogotá y Medellín. Contra todo pronóstico, en este caso las filas no eran de la famosa ‘Familia Miranda’, sino de compradores reales atraídos por la posibilidad de separar el “Tesla de sus sueños” con un millón de pesos.

La estrategia no solo fue exitosa como activación de marca, sino que también se reflejó en las ventas. En apenas cuatro meses, Tesla se convirtió en la sexta marca más vendida del país, mientras que su Modelo Y se ubicó como el carro más comercializado en Colombia, con 4.000 unidades entre enero y abril, 500 más que el segundo lugar: la Renault Duster, una camioneta con muchos más años de presencia en el mercado nacional.
¿Qué explica que los colombianos, tradicionalmente desconfiados y acostumbrados a inclinarse por marcas automotrices con trayectoria, autopartes garantizadas y una amplia red de talleres, se hayan volcado de esa manera hacia Tesla, una marca cuyos vehículos tienen una versión de entrada de 115 millones de pesos (65 salarios mínimos)?

Las explicaciones son varias y una de ellas es que precisamente entraron rompiendo precios. “En el mundo y en otros países de América Latina, cada carro Tesla tiene un valor cercano a los 200 millones de pesos, y aquí arrancaron por debajo”, explica Adriana Camargo, directora de Contenidos del portal Autodigital. Agrega que otro factor que favorece a esta automotriz es que les permite a los compradores armar su carro como lo quieran. “La compra se hace a través de la página web. Se puede elegir el color, si se quiere uno o dos motores, etcétera. La persona va poniendo y quitando elementos como en cualquier carrito de compras de una página de comercio electrónico”, señala.
Esa experiencia también le gustó a Julián. Según cuenta, después de hacer la compra pudo seguir todo el proceso de su carro a través de una aplicación. Sin embargo, reconoce que eso también le causó ansiedad, pues esperaba recibirlo entre febrero y marzo, pero finalmente se lo entregaron en abril.
La más antigua

A José Clopatofsky, director de la Revista Motor, no lo sorprende la rápida acogida de Tesla en Colombia, teniendo en cuenta que es la marca más antigua y reconocida de carros eléctricos. “A diferencia de muchos otros países, acá llegó simultáneamente con la invasión de los eléctricos y, si bien hay muchas marcas, la mayoría de la gente no las conoce y por eso se inclina por la que le genera más confianza”.
En su concepto, la ventaja de Tesla es que tiene un valor de marca que sus competidores apenas están conquistando. La misma idea tiene Pedro Nel Quijano, presidente de Aconauto, el gremio que reúne a los concesionarios de vehículos, quien señala que se trata de una marca muy bien posicionada entre los consumidores colombianos.

El acelerado desempeño comercial de Tesla en Colombia coincide, además, con un fuerte repunte del mercado automotor. En los primeros cuatro meses del año se matricularon 100.446 vehículos, lo que representó un crecimiento del 49,3 por ciento. Esto significa que, entre enero y abril, el país ya alcanzó cerca del 40 por ciento de todo lo vendido en 2025, cuando se comercializaron 254.205 unidades.
Quijano señala que el buen momento de los carros se debe a factores como el abaratamiento del dólar, la mayor competencia entre marcas y la renovación del parque automotor. “Si se tiene en cuenta que entre 2011 y 2015 se vendieron un promedio de 305.000 vehículos por año, en 2026 debiéramos terminar con una cifra parecida, la cual no registramos hace varios años”, insiste. Agrega que, por tamaño poblacional, en Colombia se podrían vender 500.000 vehículos por año.

Karol García, directora de la Cámara Automotriz de la Andi, también atribuye el crecimiento del mercado a la entrada de nuevos competidores y a la mayor demanda por carros tipo SUV, híbridos y eléctricos. Por su parte, Eduardo Visbal, vicepresidente de Exportaciones de Fenalco y miembro del Comité Automotor, indica que el aumento de las escalas mundiales de producción ha facilitado el ingreso de estas tecnologías a Colombia.
Asimismo, el mercado de vehículos ha sido favorecido por la reducción de las tasas de interés, que alcanzaron en 2023 su nivel más alto del presente siglo y desde entonces venían descendiendo. Sin embargo, al inicio de 2026, el panorama cambió: el Banco de la República decretó nuevas alzas para combatir la inflación, lo que volverá a encarecer el crédito.

García no cree que el aumento de tasas de interés vaya a frenar el mercado, pues considera que hoy los consumidores ven los vehículos no solo como un bien de consumo, sino también como una herramienta de eficiencia y productividad. Igualmente, Clopatofsky piensa que para los compradores no es tan determinante si les suben la cuota del crédito 10.000 o 20.000 pesos. Los que sí se afectan son los importadores, pues traer 200 carros desde China o de otro origen es costoso y más si se encarece la financiación. “Eso podría afectar toda la balanza, porque a los comercializadores les tocaría subirles los precios a los compradores finales”, indica.
Pero más allá de las dinámicas propias del mercado automotor, que a su vez ha sido uno de los responsables de los mejores resultados de la industria y el comercio este año, existe otro factor que llama la atención sobre las ventas de Tesla: la insuficiencia de infraestructura de carga de carros eléctricos en el país.

Clopatofsky señala que Colombia va muy colgada en esa materia y que las electrolineras deberían ser responsabilidad del Gobierno y no de las automotrices. García, de la Andi, piensa que es apresurado hablar de insuficiencia, pues ya existen más de 400 estaciones de carga pública en el país, por lo que considera que es más acertado identificar este escenario como un reto, que exige avanzar con mayor rapidez en interoperabilidad, capacidad energética y señales regulatorias estables.
Julián Vélez dice que en su caso la ventaja es que vive en una casa, así que pudo montar su cargador personal sin mayores inconvenientes, como sí los tienen quienes viven en apartamentos. “Sin eso yo no hubiera comprado, por más que sea Tesla”.
