Abelardo De La Espriella asumió como presidente de Colombia el 7 de agosto en medio de una avanzada de gobiernos de derecha en la región, que se ha registrado en los últimos años y que hace prever el mantenimiento de unas relaciones exteriores favorables para el nuevo jefe de Estado.
Sin embargo, la cercanía ideológica no será unánime y De La Espriella deberá construir su política internacional sobre una relación tensa con algunos influyentes países que no comparten el giro que atraviesa el continente.

La región ha tenido nuevos protagonistas de derecha desde hace unos años con los sonados triunfos de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú y ahora De La Espriella en Colombia. Ellos se suman a otros como Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador, entre otros. Esta situación ha llevado a analistas a hablar de una nueva alineación hemisférica bajo el liderazgo de Washington con el Gobierno de Donald Trump, consolidado como el gran aliado de dichos gobiernos.
Desde 2023, en la región se han celebrado 15 elecciones presidenciales; 12 fueron ganadas por distintos movimientos de derecha. La izquierda solo ha logrado triunfar en tres países: Guatemala, con Bernardo Arévalo en 2023; Uruguay, con Yamandú Orsi en 2024, y México, con Claudia Sheinbaum en 2024, mandatarios que han mantenido una fuerte popularidad dentro de sus poblaciones.

En diálogo con SEMANA, el jurista argentino Daniel Zovatto asegura que “el triunfo de De La Espriella encaja plenamente con el péndulo que hoy se desplaza mayoritariamente hacia la derecha, facilitando la cooperación futura con gobiernos afines ideológicamente”, señalando que los anteriores gobiernos de izquierda en el continente “no estuvieron a la altura de sus promesas ni de las expectativas que los llevaron al poder”.
Ese reacomodo ideológico contrasta con la política exterior que impulsó Gustavo Petro durante su mandato, marcada por el distanciamiento y frecuentes enfrentamientos con Estados Unidos, y la cercanía con mandatarios progresistas como Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y, en su momento, Gabriel Boric en Chile. El reto para el nuevo mandatario colombiano será administrar esa transición sin perder los canales de cooperación construidos con los países que no comparten su orientación política.

El giro a la derecha en la región le da a De La Espriella un bloque de gobiernos afines, aunque no todos con el mismo peso estratégico. El más cercano geográfica y funcionalmente es Ecuador, con Daniel Noboa: ambas naciones comparten frontera y un corredor de narcotráfico activo; además, el país vecino ya integra el Escudo de las Américas desde su fundación en marzo, lo que facilita una coordinación operativa inmediata en seguridad, circunstancia que contrasta con el constante enfrentamiento que tuvo el Gobierno Petro con la administración de Noboa.

A esa lista se suma Perú. Keiko Fujimori asumió la presidencia el pasado 28 de julio tras una ajustada victoria sobre Roberto Sánchez. Colombia y Perú comparten cerca de 1.500 kilómetros de frontera y ambos integran la Comunidad Andina junto con Ecuador y Bolivia, lo que abre la puerta a una coordinación más estrecha en seguridad fronteriza y control migratorio, temas que han sido prioritarios tanto para Fujimori como para De La Espriella en sus respectivas campañas.
Con Argentina, El Salvador y Chile, la cercanía es más ideológica que geográfica. Milei, Bukele y Kast comparten con De La Espriella un discurso de mano dura contra el crimen organizado y afinidad con la agenda de Washington, pero la distancia y la limitada relación comercial bilateral hacen que el vínculo pese más en el plano simbólico y diplomático que en el operativo.
A ese bloque se suman Bolivia y Paraguay, cuyo peso es más comercial que geopolítico. Bolivia comparte con Colombia la Comunidad Andina, el bloque de libre comercio que también integran Ecuador y Perú, mientras que Paraguay ha buscado en los últimos meses ampliar sus vínculos de inversión con empresarios colombianos. Panamá, por su parte, combina cercanía geográfica con un acuerdo comercial vigente desde 1994 y su condición de paso obligado para buena parte del comercio exterior colombiano hacia Centroamérica.

El vínculo más determinante, sin embargo, será con Estados Unidos. El respaldo de Trump durante la campaña, la invitación al Escudo de las Américas cursada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el interés expresado por el secretario de Estado, Marco Rubio, en cooperación de seguridad e inmigración anticipan que Washington definirá el margen de maniobra real de la política exterior de De La Espriella.
“Una cosa es alinearse con Estados Unidos y otra diferente es una política de sumisión como la que lleva a cabo el presidente Milei en Argentina. De ahí la importancia de observar cuáles serán los espacios y temas que De La Espriella decida reservarle a la política exterior colombiana para garantizar una necesaria autonomía estratégica”, dice Zovatto en diálogo con SEMANA.

A diferencia del bloque de aliados, la relación de De La Espriella con los gobiernos de izquierda de mayor peso en la región no parte de la hostilidad abierta, pero sí de una distancia que ya se hizo visible incluso antes de su posesión. Tanto Lula da Silva como Claudia Sheinbaum, los mandatarios más cercanos a Gustavo Petro durante su gobierno, no estuvieron en la ceremonia del 7 de agosto en Cali.

El peso de ambos países no es menor, ya que, como reseña Zovatto, “aunque la región se desplaza electoralmente hacia la derecha, la izquierda gobernaba cerca del 70 por ciento del PIB latinoamericano y más del 60 por ciento de su población. Ello obedece al peso específico de tres países: Brasil, México y Colombia”.
Con Brasil, la tensión es más protocolar e ideológica. Lula fue uno de los primeros líderes de la región en reconocer el triunfo de De La Espriella y destacó que la relación entre ambos países “trasciende ideologías” por su peso en la preservación de la Amazonía y la lucha contra el crimen organizado. El presidente colombiano respondió en el mismo tono, prometiendo un vínculo basado en el “trabajo conjunto, respetuoso y soberano”. Pero la cercanía que Lula construyó con Petro durante años, siendo aliados más que cercanos, pone en evidencia posibles futuras tensiones.
Brasil tendrá elecciones el 4 de octubre y Lula buscará su cuarto mandato. Las encuestas lo mantienen como favorito frente al senador derechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente preso Jair Bolsonaro, por lo que es probable que, durante todo el mandato de De La Espriella, Brasil siga siendo un gobierno distante de la administración colombiana.

Con México, ya se tradujo en un primer roce. Sheinbaum felicitó a De La Espriella por carta y le propuso fortalecer el comercio bilateral, pero semanas después le respondió públicamente después de que el nuevo presidente advirtiera sobre la influencia de los carteles mexicanos en Colombia. “Que cada quien se encargue de su parte”, dijo la mandataria mexicana, y recordó que la cooperación militar entre ambos países existe desde antes del Gobierno de Petro.
La distancia con Sheinbaum no comenzó con el reclamo sobre los carteles. Tras la primera vuelta, la mandataria mexicana respaldó las denuncias de fraude que hizo Petro, al señalar que era “importante que se llegue hasta lo último” y reconoció una “afinidad” ideológica con el entonces candidato Iván Cepeda.

El Gobierno de De La Espriella arranca con un bloque amplio de aliados regionales, pero con dos de sus vecinos más influyentes, Brasil y México, manteniendo distancia y con la posibilidad de ser una minoría ruidosa para la nueva administración.
