Colombia habló y votó en las urnas para elegir a Abelardo De La Espriella como el presidente número 47 de la República; eso, a falta del escrutinio final en el que los jueces confirmarán su victoria o le darían la vuelta total al balotaje, dejando la Casa de Nariño en manos de Iván Cepeda. Algo poco probable. Aunque la contienda está casi definida, todavía hace falta un paso crucial que dirimirá el 1,1 por ciento de diferencia entre ambos contendores.

Sin embargo, en este apretado panorama aparece un actor que ha sido clave para decidir el rumbo de la contienda: el presidente Gustavo Petro, quien puso en tela de juicio todas las veces que pudo el proceso electoral y las instituciones rectoras de las elecciones.
La noche del domingo, mientras Colombia esperaba conocer al nuevo inquilino de la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años, Petro volvió a encender una polémica que lo ha acompañado durante buena parte de su carrera política: la desconfianza frente a los resultados electorales.

“Con los mismos datos de la Registraduría, el resultado del preconteo en este momento es 49,3 por ciento por De La Espriella y 49 por Cepeda. No se puede proclamar a ningún presidente. Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. ‘Obedezco a los jueces’”, escribió en su cuenta de X el jefe de Estado cuando el preconteo superó el 90 por ciento.
Con esa información, el mandatario reiteró que únicamente reconocerá los resultados que surjan del escrutinio oficial, que es hecho por jueces de la República, los mismos a los que varias veces él ha señalado. Petro ya ha cuestionado antes las cifras preliminares, los mecanismos de conteo y la actuación de las autoridades electorales. De hecho, existe una larga secuencia de episodios en los que el hoy presidente ha puesto en duda distintos aspectos del sistema electoral, incluso cuando posteriormente ha terminado aceptando los resultados oficiales.

Es una estrategia. Los antecedentes más visibles se remontan a la campaña presidencial de 2018. En aquel entonces Petro era el principal candidato de la izquierda colombiana y enfrentaba a una maquinaria política tradicional que respaldaba a Iván Duque. Durante la campaña lanzó múltiples advertencias sobre posibles irregularidades, habló de la necesidad de vigilar las mesas de votación y expresó desconfianza frente a la Registraduría. Tras la primera vuelta presidencial, su campaña presentó reclamaciones relacionadas con cientos de mesas de votación en distintas regiones del país.

Los recursos fueron revisados por las autoridades electorales, que encontraron algunas inconsistencias menores y llevaron a cabo ajustes limitados en la contabilización de votos. Sin embargo, las modificaciones no alteraron el resultado general de la elección ni el paso de Petro a la segunda vuelta presidencial. En las irregularidades había desfases entre el formulario de la mesa y el dato de la Registraduría con intermediación del software, que era irregular en la mitad de las mesas, es decir, casi 50.000 mesas electorales. “Una magnitud así ya no se llama marginal, una magnitud así ya es un fraude masivo”, dijo Petro en esa época. Finalmente, el entonces candidato aceptó los resultados que dieron como ganador a Iván Duque.

Sin embargo, quedó instalada una narrativa política que acompañaría a Petro en los años posteriores: la idea de que el sistema electoral colombiano requiere vigilancia permanente porque podría ser vulnerable a manipulaciones. Esa insistencia se hizo más fuerte con su llegada a la presidencia en 2022. En marzo de ese año, el Pacto Histórico denunció inconsistencias en los resultados preliminares del Senado. Posteriormente, durante el escrutinio, aparecieron más de 500.000 votos adicionales para esa coalición política, lo que provocó una intensa controversia nacional y terminó reforzando las críticas de Petro contra el sistema de preconteo. No obstante, las elecciones al Congreso y las presidenciales son totalmente diferentes y no se pueden comparar.
La tesis volvió a cobrar fuerza durante la campaña presidencial de ese mismo año. En varias oportunidades, Petro y sectores cercanos a su movimiento advirtieron sobre posibles riesgos para la transparencia electoral, cuestionaron aspectos técnicos de los procesos de auditoría y pidieron mayores garantías sobre el software utilizado en las elecciones. Paradójicamente, aquellas elecciones terminaron convirtiéndolo en el primer presidente de izquierda en la historia reciente de Colombia.

Pero la llegada al poder no modificó su postura frente al sistema electoral. La controversia alcanzó un nuevo nivel en 2026. Tras conocerse los resultados del preconteo de la primera vuelta presidencial, Petro sorprendió al país al afirmar que, como presidente de la república, no aceptaba los resultados preliminares divulgados por la Registraduría. Según explicó, únicamente reconocería los datos provenientes del escrutinio oficial. Días después fue más lejos. Sus declaraciones provocaron una tormenta política. Desde distintos sectores se le acusó de sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso electoral. Otros defendieron sus planteamientos y señalaron que exigir transparencia no equivale necesariamente a desconocer la democracia.
La tensión aumentó conforme avanzó la campaña de segunda vuelta. Y este domingo, una vez más, el presidente volvió a poner el foco sobre el preconteo electoral. Mientras miles de colombianos seguían los resultados por televisión y redes sociales, Petro insistió en que nadie podía proclamarse ganador antes de concluir los escrutinios. El argumento central fue el mismo que ha repetido desde hace varios años: el preconteo es únicamente un mecanismo informativo sin efectos jurídicos, mientras que el resultado oficial surge del escrutinio realizado por jueces de la República.

Lo cierto es que, durante años, los resultados del preconteo han coincidido de manera casi absoluta con los escrutinios definitivos. Las variaciones suelen ser marginales y rara vez modifican el resultado de una elección. Por ejemplo, en los resultados de primera vuelta, donde el margen de diferencia entre el preconteo y el escrutinio fue de apenas el 0,03 por ciento.
Petro insiste: “Advertí que el software de los hermanos Bautista era vulnerable según la sentencia del Consejo de Estado del 2018 y que debía cambiarse por un software público. Solicité a tiempo una auditoría experta del software de los hermanos Bautista, y el registrador no lo permitió. Bien, hoy tenemos evidencia de un cambio de direcciones IP de varios servidores de la Registraduría Nacional”, aseguró Petro ante los resultados del preconteo.

Lo ocurrido este domingo no constituye un hecho aislado, sino la continuación de una relación compleja entre Gustavo Petro y el sistema electoral colombiano. Una relación marcada por cuestionamientos, denuncias, advertencias y sospechas que se han repetido, tanto cuando ha sido candidato como ahora que ocupa la presidencia.

Una vez más, el presidente decidió mirar con recelo los resultados preliminares de unas elecciones que definirán el rumbo político del país. Y, una vez más, Colombia vuelve a debatir si se trata de una legítima exigencia de garantías o de una nueva expresión de la histórica desconfianza de Gustavo Petro frente a las urnas que busca imponer a como dé lugar un proyecto político que, al parecer, ahora es rechazado por el 50 por ciento del país.

