En un momento donde la ayuda internacional enfrenta recortes y múltiples organismos advierten sobre el debilitamiento de la cooperación global, la Fundación Rockefeller busca posicionar un modelo de filantropía menos enfocado en asistencialismo y más orientado a fortalecer capacidades locales, infraestructura, innovación y resiliencia comunitaria.

La organización presentó su Informe de Impacto 2025, en el que reportó inversiones superiores a US$350 millones distribuidas en 235 subvenciones e iniciativas que alcanzaron a 731 millones de personas en distintas regiones del mundo.
Más allá de la financiación directa, la fundación destacó que logró movilizar cerca de US$32.000 millones en capital público y privado para proyectos relacionados con energía, salud, alimentación y cambio climático.
Uno de los enfoques más relevantes está relacionado con acompañamiento técnico y construcción de modelos sostenibles.
La fundación insiste en que muchas de sus apuestas no se limitan a entregar recursos económicos, sino a desarrollar alianzas con gobiernos, organizaciones comunitarias, sistemas de salud y empresas tecnológicas para crear soluciones de largo plazo.

Ese modelo aparece reflejado en proyectos desarrollados en América Latina, África y Asia, donde las inversiones se concentran en herramientas de inteligencia artificial, energía limpia, agricultura regenerativa y sistemas de alerta temprana frente a crisis sanitarias o climáticas.

Lyana Latorre, vicepresidenta y directora de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Fundación Rockefeller, resaltó proyectos importantes que se están realizando en Colombia.
Uno de los casos destacados fue el fortalecimiento de la plataforma Dengue.IA, utilizada en Cali para anticipar brotes de dengue mediante modelamiento de datos e inteligencia artificial.
El sistema alcanzó un nivel de precisión cercano al 93 % y permitió proteger a aproximadamente 2,2 millones de personas mediante alertas tempranas y decisiones preventivas de salud pública.
También mencionó una iniciativa desarrollada en Urabá junto a 100 pequeños productores de banano que trabajan bajo esquemas de agricultura regenerativa. El programa busca mejorar la calidad nutricional de los cultivos, reducir el uso de químicos y recuperar el suelo mediante rotación y diversidad agrícola.
La directora regional enfatizó proyectos enfocados en alimentación escolar y educación nutricional en Colombia. Uno de ellos se desarrolla junto con la Fundación Pies Descalzos mediante huertas escolares en zonas como Catatumbo, La Guajira y Chocó, mientras otro trabaja con escuelas rurales para fortalecer procesos de nutrición infantil y enseñanza sobre producción sostenible de alimentos.

Además, explicó que muchas veces distintas entidades trabajan sobre los mismos problemas de manera aislada, por lo que la estrategia consiste en promover alianzas y articulaciones que permitan ampliar impacto, atraer más recursos y hacer más eficientes las inversiones sociales.
“¿Por qué no se juntan?”, comentó al referirse a organizaciones que desarrollan iniciativas similares en sectores como agricultura y desarrollo rural.
La fundación también resaltó que su oficina regional para América Latina y el Caribe, ubicada en Bogotá, concentró inversiones por cerca de US$59 millones enfocadas en resiliencia climática, salud y fortalecimiento de comunidades locales.
Otro de los pilares estratégicos es el acceso energético. A través de la Global Energy Alliance for People and Planet, la organización impulsó proyectos solares y de almacenamiento energético que permitieron que más de 91 millones de personas accedieran a energía nueva o mejorada, mientras se evitaron aproximadamente 296 millones de toneladas de emisiones de carbono asociadas a sistemas tradicionales de generación.
Los proyectos también muestran una apuesta fuerte por el uso de tecnología aplicada. FarmerChat, una plataforma agrícola impulsada por inteligencia artificial, superó 1,6 millones de descargas y procesó más de 10 millones de consultas de agricultores en países como Brasil, India y Kenia.
Además, el 83 % de las mujeres usuarias reportó mayor confianza para invertir en sus cultivos gracias a la herramienta.

La organización también reportó impactos ambientales importantes: reducción o captura de 84 millones de toneladas de CO₂e y protección o restauración de más de 23 millones de hectáreas de tierra.
El enfoque refleja cómo parte de la filantropía global está migrando desde modelos basados únicamente en ayudas puntuales hacia esquemas que buscan fortalecer mercados, infraestructura, tecnología y capacidades locales para enfrentar crisis económicas, climáticas y sanitarias de manera más sostenible.
