Cuando se anunció el aumento del salario mínimo a finales de diciembre, a muchos se les iluminó la cara; el porcentaje fue alto y, en el papel, la cifra prometía alivio. Sin embargo, apenas arrancó el año y llegaron las primeras cuentas, la ilusión empezó a desinflarse.
Para miles de jóvenes, el aumento no se tradujo en tranquilidad, sino en una pregunta incómoda: ¿por qué la plata no rinde como antes?
Nathaly Taborda tiene 19 años, vive en Bucaramanga y se sostiene sola con un salario mínimo. No recibe ayuda de sus padres y cada peso que entra se va en gastos básicos.

“Cuando dijeron que el mínimo había subido tanto, yo me alegré un montón. Uno piensa: ‘Ahora sí me va a alcanzar’, pero apenas empecé a pagar todo, me di cuenta de que así como subió el salario, subió todo”, afirmó.
El punto de partida
El salario mínimo para 2026 tuvo un incremento del 23 % respecto al año anterior; el nuevo salario pasó de $1.423.500 en 2025 a $1.750.905 en 2026, y con el auxilio de transporte de $249.095, el ingreso total mensual de quienes ganan el mínimo ronda los $2 millones.
Otro de los factores que explica esta paradoja es la inflación, que mide cómo aumentan los precios de bienes y servicios con el tiempo.
En Colombia, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerró 2025 con una variación del 5,1 % en comparación con diciembre de 2024, lo que significa que el costo de vivir sigue subiendo más rápido que lo que muchos esperaban.

Arriendo: el primer gran peso del mes
Para Nathaly, el gasto más alto del mes es el arriendo. Vive en una habitación alquilada dentro de una casa donde se arriendan cuartos, una alternativa a la que recurrió para ajustarse a sus ingresos. Hasta finales de 2025 pagaba $500.000, pero al comenzar 2026 el canon subió a $700.000, con servicios incluidos.

“Solo ahí ya se me va casi la mitad del sueldo”, dice Nathaly, lo cual deja claro cuánto impacto tiene la vivienda en el bolsillo de quienes ganan el mínimo.
Ese aumento del arriendo ocurre en un momento en el que sectores de vivienda y servicios han mostrado presión al alza por la inflación y por los ajustes en los costos de servicios públicos.
Comida: lo básico también subió
La comida también se ha encarecido. Para Nathaly, un corrientazo que antes costaba $12.000 ahora está en $14.000. Además, el mercado mensual básico puede sumar alrededor de $300.000, sin contar productos no alimentarios.
Este encarecimiento también se explica por el aumento en los costos de producción y distribución de alimentos. Gremios del comercio han advertido que factores como el transporte, los insumos agrícolas y la intermediación han presionado los precios finales que pagan los consumidores.
La Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) ha señalado que los hogares sienten con mayor fuerza estos incrementos en productos básicos, especialmente en comidas preparadas y mercados de bajo presupuesto, que son los más sensibles a cualquier ajuste de costos.

Cuando transportarse pesa en el bolsillo
Moverse por la ciudad también representa un gasto elevado para quien vive con el mínimo. Nathaly utiliza con frecuencia aplicaciones de transporte como InDriver, y calcula que su gasto mensual en transporte está entre $300.000 y $350.000.
Este aumento no responde solo a una percepción individual. En los últimos meses, los costos asociados al transporte urbano, como el precio de los combustibles, el mantenimiento de vehículos y las tarifas dinámicas en aplicaciones, han presionado el gasto diario de quienes dependen de estos servicios para movilizarse.
De acuerdo con el Ministerio de Minas y Energía, los ajustes en los precios de la gasolina y el diésel impactan directamente el costo de operación del transporte, un efecto que termina trasladándose al usuario final, especialmente en trayectos cotidianos.

Gastos personales: desde datos hasta gimnasio
Aparte de lo básico, hay gastos que muchas veces pasan desapercibidos, pero que suman. Nathaly paga aproximadamente $50.000 al mes por datos móviles, un servicio indispensable para trabajar y estudiar. El gimnasio, que antes era un gasto menor, pasó de $80.000 a $100.000.

“Además, como mujer, hay cosas que uno necesita, no es lujo: productos de aseo, ocasiones de retoque de uñas o un corte de cabello, son parte del día a día”, explica.
Este tipo de gastos no es excepcional. De acuerdo con la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), el acceso a servicios móviles y de datos se ha vuelto esencial para la vida laboral y educativa, lo que obliga a los usuarios a mantener planes activos incluso cuando el presupuesto es ajustado.
A esto se suma que el cuidado personal hace parte del consumo cotidiano de los hogares y está influido por el aumento en costos de insumos, servicios y operación en el sector comercio, un impacto que termina asumiendo el consumidor final.
Ocio con presupuesto limitado
Salir de fiesta ya no es una rutina semanal para Nathaly. Se permite una sola salida al mes, que puede costarle entre $200.000 y $300.000. “Con eso ya se me va casi un millón del sueldo entre arriendo y una salida”, afirma.
Este encarecimiento del ocio nocturno responde a una cadena de costos que va más allá del consumo individual. Gremios del sector han señalado que bares y restaurantes enfrentan mayores gastos en arriendos comerciales, nómina, insumos y permisos, lo que se traslada al precio final para el cliente.
Asobares Colombia ha advertido que, aunque la gente sigue saliendo, el consumo se ha vuelto más medido y el ticket promedio ha subido por los costos operativos que hoy asume el sector del entretenimiento nocturno.

Haciendo cuentas
Sumando los gastos esenciales y un ocio razonable, el presupuesto mensual de Nathaly se ve así:
• Arriendo: $700.000
• Mercado: $300.000
• Transporte: $350.000
• Datos móviles: $50.000
• Gimnasio: $100.000
• Cuidado personal: $80.000
• Salida mensual (una vez): $300.000
Total estimado: $1.880.000
Incluso sin exagerar los números, el gasto mensual supera los $1.750.905 que representa el salario mínimo base, y eso antes de otros gastos imprevistos como salud, ropa o educación.
¿Por qué el salario ya no rinde como antes?
En términos técnicos, aunque el salario mínimo aumentó más que la inflación de 2025 (23,7 % vs. 5,1 %), eso no significa que el poder adquisitivo de todos los rubros aumente proporcionalmente.
El aumento del mínimo fue elevado en busca de proteger el ingreso real de los trabajadores, pero en la práctica se enfrenta a variaciones de precios en bienes y servicios que afectan directamente el consumo cotidiano.
La inflación acumulada no se detiene en un solo rubro. En mercados, transporte, ocio y servicios, los precios reflejan presiones que terminan por “comerse” el beneficio del aumento salarial.

La historia de muchos jóvenes
La experiencia de Nathaly no es un caso aislado. Para miles de jóvenes que viven de manera independiente, trabajan con contrato o sin él, y sostienen su vida con el salario mínimo, las cuentas no siempre cuadran al final del mes.

El salario sube, sí, pero también lo hacen los gastos, y a veces más rápido. Eso explica por qué, para muchos, la plata nunca parece suficiente.
